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El monumento zaragozano más esperado y discutido

Mariano García 24/03/2010 a las 01:56
croquis



 

La historia de hoy no es mía. Se la debo a Javier, un lector que sigue el blog desde sus primeros días. Y la traigo aquí no por el texto en sí, porque en mis búsquedas no he encontrado nada de particular, sino por la historia que tiene detrás y que, desgraciadamente, si es cierta, no dejó ningún rastro en el periódico.
El caso es que el monumento a Goya que hay en la plaza del Pilar, y que hoy lo consideramos 'integrado' en su emplazamiento, fue objeto a finales de 1959 y principios de 1960 de una encencida polémica. El Banco Zaragozano quiso conmemorar su aniversario número 50 regalando algo a la ciudad, y decidió hacer un monumento que perpetuara el recuerdo de Goya en la capital aragonesa. La idea fue acogida con entusiasmo unánime porque, al fin y al cabo, el monumento era una de las más antiguas reivindicaciones de la ciudad. Pero pronto surgieron los problemas. Primero protestaron los escultores, que se sintieron ninguneados en las bases del concurso convocado por el banco; luego intelectuales, escritores y periodistas, que consideraban de poco relieve que el monumento se ubicara frente a la Lonja y proponían ubicaciones alternativas, como el eje de lo que debería ser la prolongación del paseo de la Independencia, prolongación que no llegó. Así las cosas, a finales de octubre de 1959 vino a Zaragoza Federico Marés, el artista que había ganado el concurso de ideas, y entregó el proyecto definitivo: 

El ilustre escultor catalán Federico Marés (nació en Port Bou en 1893) llegó el domingo a Zaragoza para hacer entrega al Banco Zaragozano y a la Comisión correspondiente el proyecto definitivo del
monumento a Goya que se entregará a la ciudad durante las fiestas del Pilar del año próximo.
El presidente del Consejo del Banco Zaragozano, don Gumersindo Claramunt, que hace tan importante donación a la ciudad con motivo del primer cincuentenario de su fundación, convocó ayer en el
Gran Hotel a las representaciones del Ayuntamiento, Prensa y Radio, para darles cuenta de las características principales del proyecto.
El señor Marés, que además de ilustre escultor -su obra es bien conocida en todo el mundo-, es un notable orador, expuso la base de esta iniciativa y principales motivos que le han impulsado a aceptar
el encargo. Lleva el señor Marés entre manos el gran proyecto del monumento a Carlos Emperador, que le encomendó el Ayuntamiento de Barcelona; pero la misma Corporación le autorizó para demorar esta obra y dar preferencia al monumento a Goya en Zaragoza, reclamado no sólo por España, sino por las principales naciones extranjeras, en las cuales Goya significa tanto como uno de los primeros artistas del mundo moderno. Atendiendo a estas consideraciones es por lo que Federico Marés aceptó el encargo, y después de estudiar detenidamente el lugar de emplazamiento, acometió el proyecto correspondiente, que ayer mostró a nuestra curiosidad.
La enorme longitud de la plaza, verdadero desierto en plena ciudad, ofrecía no pocas complejidades, que el señor Marés ha vencido. Ayer mismo estuvo el artista estudiando el terreno, después de orar a los pies de la Virgen para que le ilumine en la empresa. Considera el señor Marés como elemento clave del monumento la figura de Goya, y todo lo demás ha de estar supeditado a la evocación de su obra genial. Así, la figura de Goya, ya barro a la mitad de su tamaño, tendrá en sus proporciones definitivas, una vez realizada en bronce, fundido a la cera perdida, tres metros de altura. El pedestal en que va colocada, de piedra caliza, procedente de las canteras de Montserrat, tendrá siete metros. Esta figura, de espaldas a la plaza de La Seo, está respaldada por un grupo de árboles que encierran el monumento y lo convierten en una placita recoleta y evocadora, porque a los pies de la estatua, en una pradera de los tonos brillantes que empleaba Goya, aparecen algunas de sus figuras representativas, majas y chisperos, de acuerdo con las que pintó Goya y que en el monumento tendrán dos metros, aproximadamente, de altura. Así, el visitante, después de remontar el fondo de árboles, se encontrará en pleno ambiente goyesco. Dentro de la urbanización de la plaza, el proyecto tiene un sentido de monumentalidad sobria y evocadora. Se compensa la masa verde del extremo opuesto y gana en perspectiva y belleza toda la plaza.

Hasta aquí, todo más o menos previsible. Pero lo que no es normal es lo que me reveló Javier. Y es que, al parecer,  los atributos 'personales' de la estatua de Goya estaban retratado con 'excesivo' realismo y despertaron numerosos comentarios y chanzas en la ciudad. Hasta el punto de que alguien, según esta versión, ordenó que se bajara la estatua y se llevara a un taller especializado para que se le 'limaran'.  ¿Cierto... o falso? ¿Ustedes qué opinan? ¿Habían oído esta historia?
Para los que quieran saber más del asunto, el propio Javier lo cuenta todo con detalle en su fantástico blog, del que les recomiendo que visiten de cuando en cuando. 

Y mañana...
El pintor que coleccionaba conchas y no compraba ninguna




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