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Leon Salvador, el mejor charlatán de España

Mariano García 19/01/2010 a las 02:40
leonsalvador

Hoy vamos con un texto que no sé muy bien cómo definir. Formalmente es una entrevista en formato pregunta/respuesta, aunque en realidad es un jugoso reportaje sobre León Salvador, el 'Rey de los charlatanes', el hombre capaz de vender casi todo, y a todo el mundo, y que durante más de cincuenta años fue un fijo en las fiestas del Pilar. El texto apareció publicado el 12 de octubre de 1969, y era una entrevista que le realizó J.J. Benítez a Enrique Perna, 'El Perna', un banderillero aragonés que fue durante muchos años ayudante de León Salvador: 
-Cuando 'don' León desapareció, la fiesta se quedó coja. Se lo digo yo, que he visto mucho mundo. Porque 'don' León Salvador era el único 'charlatán' que tenía el 'don'. Y para tener el 'don' en esa profesión -dígame usted que sí-  hay que valer más que un duro. A 'don' León Salvador, se lo vuelvo a decir yo, venían a oírle hasta los abogados. No le digo los ministros porque sería mucho, pero pudo ser. Las fiesticas del Pilar ya no son lo que fueron. Sí que lo siento...

Enrique Perna, alias 'El Perna', el decano de los banderilleros de Zaragoza, bebe la cerveza a pequeños sorbos. Tiene ya sesenta y nueve arrugas en el rostro y habla con pasión de 'don' León Salvador. Lo conoció mejor que muchos y sudó a su lado el pedazo de pan de cada día. Allá por 1937 tropezó con él. 'El Perna' tenía sus conocimientos y sus aficiones. Pero sobre todas ellas estaba la de vender desde un tenderete. Así que 'El Perna' se armó
de valor y se fue para 'don' León.
-En el Tubo fue, fíjese si me acuerdo. Se estaba tomando el hombre su chupito y le pedí un puesto de ayudante. Me miró como quien ve a un amigo y me soltó: "Vente. Si tú has trabajado con 'El Quino' sabrás manejártelas también conmigo". Después, todo fue rodado. Trabajé con él quince 'Pilares'. 'El Perna' se queda mudo y se dedica a la cerveza. 'El Perna', pues, es ya el último hombre de Zaragoza que trabajó con León Salvador.  'Don' León -muchos de nosotros no le conocimos- constituyó durante más de cincuenta años uno de los espectáculos más sabrosos de la fiesta. Los hombres del llano, de la torre y de la ciudad dejaban todo a un lado y se venían a la plaza de Salamero para escucharle. 'Don' León Salvador, el charlatán más convincente, sin lugar a dudas, puso durante medio siglo una nota de gracejo, picardía y humanidad en las calles y plazas de la Zaragoza festiva. 'El Perna' y
los hombres que lo conocieron han dado fe de ello.

-Cuando yo le conocí, 'don' León contaba ya una buena cantidad de años. No era un chaval, se lo digo yo. Pero tenía un extraño aire de tío joven. Feo era, eso sí. Más feo que un pecado. Yo no sé cómo no se moría al mirarse al espejo. Jamás se quitaba el sombrero y su piel tenía el color del barro. Pero, para qué le voy a contar. Todo el mundo lo conocía. Sólo al final de su vida adelgazó. Me hacía gracia su barriga. Y sus ojillos. El muy tunante -y perdone por las frases- sólo los abría para engañar. Pero engañaba con salero, con aire de marqués. 'Don' León Salvador era único. Su trabajo era eso: vender, vender y vender. Se liaba la manta a la cabeza allá por marzo y
empezaba la 'carrera' en las Fallas. 'Don' León preparaba los bultos, las tablas y la garganta y a correr por las ferias de España. Aquí, en el Pilar, terminaba la faena. Después recogía el tenderete y se volvía a su Valladolid de las entretelas. Porque él había nacido en aquellos lindes. Ya cuando nació -el muy vivo- traía relojes bajo el brazo. De esto no me haga usted ni caso. Pero puede darse cuenta de la afición de este hombre por la venta ambulante.
'El Perna', encargado del reparto de los artículos cuando trabajaba con 'don' León, tiene en su boca un torrente de recuerdos, de frases. 'El Perna' habla de León Salvador y se olvida del mundo.
-Usted, 'Perna', conoció los últimos años de 'don' León. ¿Qué fue de él?
-Las cosas de la vida son cosas que sólo la vida entiende. Perdone mi filosofar, pero ya verá cómo se aclara. 'Don' León murió arruinado. Una tarde de agosto, hará lo menos diez años, se quedó como un pajarito en uno de los butacones de un hotel bilbaíno. Nadie estaba con él. Y me refiero a sus íntimos. Mientras trabajaba se sintió mal. Se le estranguló la hernia y no pudieron hacer nada por salvarle. Me han contado que no llevaba ni dos reales en el bolsillo. Como es de ley entre los hombres que viven del trabajo de cada día, se hizo una colecta y le costearon una cruz y un entierro. Su fortuna había desaparecido entre unos y otros. Por eso le decía lo de las cosas de la vida. Hay que tener la suerte contra la pared para que a uno le pase esto. Tenía ochenta años. Los tenía, pero no los aparentaba. Yo no lo he entendido nunca. Jamás he comprendido cómo un tío tan agitado, tan incansable,
podía sacarle tanto partido a la vida a los ochenta años. Aquí, en Zaragoza, estuvo por última vez allá por 1950. Instalábamos los cuatro palos y las maletas y empezaba el baile. Una vez, en la plaza del Carbón, otras en la de Santa Engracia, muchas en la entrada de la Gran Vía. Allí se podía leer desde una legua el famoso cartel del rey de los charlatanes: "Aquí está León Salvador con sus Pieles Rojas".
'El Perna' vuelve al silencio, se quita el sudor y sonríe. Le vienen nuevos recuerdos.
-Trabajábamos como las personas inteligentes. 'Don' León sabía cuándo se podía tener al público en el puño. Por eso aprovechaba la hora del vino y la de los soldados. La del vino, de diez a dos de la mañana. La del soldado, por la tarde, de seis a ocho.
-Dicen que 'don' León se hizo millonario con las hojas de afeitar.
-Pues de todo hubo. Vendíamos de cincuenta a sesenta mil hojas. La Piel Roja, así se llamaba la marca, era fabricada expresamente para él. Pero no todos los duros le vinieron a 'don' León por las hojas de afeitar. También habría mucho que hablar de los relojes. Aquí -¡qué cosa es el saber!- llegó a colocarlos en el mercado a toneladas. Los vendía como rosquillas, a kilos. Pero es que no podía ser menos. Cuando subía al tenderete era como si sacara algo mágico de su cabeza. Parece que le estoy escuchando.
-'Don' León vino durante más de cincuenta años a las fiestas del Pilar. ¿Qué opinaba de Zaragoza?
-Junto con Pamplona y Bilbao era su sitio preferido. Aquí se dejó muchos cuartos. Aquí conoció a grandes amigos. Aquí veía -según sus propias palabras- las corridas más espeluznantes. Era un chalado por los toros.
El banderillero de 70 años, en sus tiempos peón de albañil y ayudante de charlatán, templa con la mano un natural en el aire espeso del bar. Suspira. Su vida ahora, en las calles llenas de prisa del barrio de San José, transcurre tranquila. Los recuerdos le dan aliento, y 'don' León ocupa quizá uno de los pilares de esos pensamientos.
-'Don' León, amigo periodista, sabía lo que nadie. No estudió en Salamanca, pero aprendió en el libro del mundo. Por eso, y porque Dios le dio el don de las gentes, supo destacar entre los charlatanes.
-¿Cuáles eran las aficiones de 'don' León?
-Vender. A secas y a resecas. En tono menor, los toros. El se aparejaba a su sombrero y ¡tira!, a la feria de Sevilla. Pero en plan señorito. Sin calamidades ni apresuramientos. A ver los toritos y a por la manzanilla. Porque el bebercio también le tiraba lo suyo. Los treinta chatillos caían a diario. Aquí, en Zaragoza, el Tubo era su gran escape. Si usted le quería encontrar en sus horas libres, al Tubo, al Pájaro Azul, a la antigua Nicanora, y a donde soplasen un buen vinillo.
'El Perna' se ríe y termina su cerveza. Deslía el mal liado cigarrillo de picadura y pasa una y otra vez la lengua por el papel. Me habla despacio de 'don' León. Me comenta su habilidad para enganchar al público. Sus juegos de manos, sus chistes y carantoñas hicieron decir a las gentes que acudían a las fiestas del Pilar: "¡Hala!, vamos a ver los toros y a León Salvador". Porque su presencia en el pequeño toldillo, su algarabía, sus plumas estilográficas,
calcetines, hojas de afeitar y zarandajas le dieron sabor a la feria. "Esto ya huele a fiesta; ha llegado 'don' León". "Y 'don' León -me dice 'El Perna'- sabía corresponder con el gracejo. Engañaba un poco y no se cansaba de repetir aquello del agua bendita. "Pero cómo voy a mentirles yo a ustedes; esto es agua bendita". Y todos tan contentos.
-¿Por qué se arruinó 'don' León?
-Tenía sus penas. Las cosas no debían ir demasiado bien en su familia, y así lo perdió todo. El también derrochó lo suyo, porque todo hay que decirlo.
'El Perna', desde que dejó a su maestro 'don' León, ha probado la suerte de los toros. Aún es capaz de banderillear, a pesar de sus setenta años, y aún es capaz de proclamar con su voz ronca que 'don' León Salvador -el único 'don' callejero- dignificó y revalorizó una profesión tan difícil y abandonada como eran los charlatanes. Hoy, las fiestas del Pilar vuelven llenas de fuerza. Sin embargo, en el aire de los viejos recuerdos, los hombres que conocieron a 'don' León echan de menos sus regateos, sus hojas Piel Roja, sus disparates y su voz gruesa. Su medio siglo ininterrumpido de visitas a la fiesta del Pilar dejó clavada en los corazones aragoneses la nota simpática del hombre despierto, alegre e ingenioso. Las plazas de Zaragoza, sin su presencia, quedaron vacías de ese airecillo popular, tan perdido ya entre las manos de la técnica y el progreso.
Como han pasado casi 60 años desde  la última 'actuación' de León Salvador en Zaragoza, veo complicado que algún lector tenga recuerdos nítidos de él. Pero a nadie se le ha podido olvidar eso que hemos estado oyendo hasta hace nada de "... Y no lo vendo ni por veinte, ni por diez, ni por cinco...". Así que vamos, anímense y envíen sus recuerdos /experiencias con los charlatanes y vendedores callejeros.
Y quienes quieran saber más acerca de León Salvador pueden acudir con toda tranquilidad a Internet, donde encontrarán interesante información sobre él. Yo les recomiendo esta página, que incluye fotografías, y donde se sorprenderán por el comentario tan contundente de El Pernas sobre las características físicas del personaje.  De joven, León Salvador no era feo; más bien apuesto, como se decía entonces.

Y mañana...
El perro que acudía solo a la consulta del veterinario




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