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Un liquidámbar para terrenos grandes y soleados

Colorido. Los orgullosos propietarios de un liquidámbar saben de las alegrías que da este árbol en otoño, cuando sus hojas se tornan de un intenso color rojizo antes de caer definitivamente. Se trata de un árbol que soporta las temperaturas más extremas pero que en Aragón conviene atender para suplir las carencias que encuentre en los suelos. El liquidámbar requiere terrenos ácidos, muy diferentes a los calizos que suelen abundar en muchas partes del territorio aragonés. Incluso el riego continuado con agua dura puede terminar afectándole. Lo mejor es aportarle cada año compost y materia orgánica, para equilibrar el suelo y añadir quelatos de hierro cuando se detecten carencias en el árbol.

Gusta mucho de la humedad, por lo que no hay que escatimar con el riego, sobre todo en verano. Y, sobre todo, hay que protegerlo del viento, capaz de arrugar sus hojas, especialmente cuando sopla de bochorno en los meses más cálidos. El liquidámbar acostumbra a brotar desde muy abajo del tronco y habrá que podar sus ramas si se le quiere dar un porte más clásico. Muchos jardineros se lamentan de que su liquidámbar nunca adquiere las hojas rojizas y eso puede deberse a la variedad elegida. El styraciflua sí se enciende en otoño, otras variedades no pasan de los colores ocres y amarillos.

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