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Un granado para disfrutar de las flores y los frutos

Resistente. Durante siglos, la granada era la única fruta que los nómadas del desierto podían comer durante sus viajes. Su piel, muy dura, la protegía de golpes y la hacía perfecta para transportar en grandes sacos. Pero el granado no solo es un árbol para obtener frutos, también es singular por la belleza de su porte y sus enormes flores rojas, de forma acampanada y perfectas para que las polinicen mariposas y colibríes. De hecho, la hermosura del árbol hizo que fuera uno de los que integraban los famosos jardines colgantes de Babilonia.

Estética aparte, el granado es también un árbol atractivo para un jardín aragonés, sobre todo por su gran resistencia a la sequía. Su mejor ubicación sería un rincón muy soleado y protegido del viento. Si se cuida convenientemente durante su primer año de vida, apenas será necesario regarlo, excepto algunas veces en verano o en temporadas muy secas. Lo mejor es plantarlo y regarlo una sola vez, pero de manera muy abundante. Al mes siguiente repetir con la misma cantidad de agua. De esta forma, el árbol desarrolla sus raíces de manera que crezcan hacia abajo, en busca de la humedad del subsuelo. Si cometemos el error de regarlo asiduamente, las raíces se desarrollarán horizontalmente y dependerá siempre de nuestros cuidados.

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