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Más Leonard Cohen: belleza musical sin cura

Si ni diez segundos de una canción de Leonard Cohen llegan a tocar mínimamente la fibra de cualquier ser humano es que este no es su reino. La jungla o el cementerio.

Excusas por afirmación tan tajante y obviamente irónica, propia de un ferviente seguidor de la obra discográfica del canadiense. Aunque, sí, me resisto a pensar que alguna de las estrofas de Leonard Cohen no traspasen sensibilidades universales.

Su discografía, con algún que otro trompicón, por supuesto, es un almacén de belleza musical; sin cura posible, como él canta para el amor. Su primer álbum, 'Songs Of Leonard Cohen' (1968) escenificaba la tristeza de unas canciones entre biográficas e imaginariamente vividas, marcadas por el amor, el erotismo y la depresión. Lo grabó él solo con su guitarra acústica y luego el productor John Simon se encargó de envolver todo en ligeras capas de teclados, bajo, violín, voces femeninas... todo muy básico e intimista, y con el vals como liviano ritmo. La pauta para sus siguientes discos y para que se ganara el conocido apelativo de 'maestro de la desesperación'.

En los cuatro primeros, entre 1968 y 1974, es decir en el mentado 'Songs Of Leonard Cohen' y en 'Songs From A Room' (1969), 'Songs Of Love & Hate' (1971) y 'New Skin For The Old Ceremony' (1974) está el Cohen intimista y básico, el de monumentos sonoros como 'Suzanne' (la vecina casada con la que convivió durante un tiempo), 'Sisters Of Mercy' (aquellas dos chicas, hermanas de la caridad, que le dieron refugio una noche de frío y agotamiento), 'So Long Marianne' (la ruptura con la madre de su hijo Axel, a la que conoció en la isla griega de Hydra), 'Bird On The Wire' (la canción epitafio para Kris Kristofferson), 'The Partisan' (recreación de una vieja melodía que cantaban los soldados franceses de la resistencia refugiados en Inglaterra), 'Chelsea Hotel' (la famosa felación de Janis Joplin en el famoso hotel neoyorkino), 'Lover, Lover, Lover' (canto de conciliación entre árabes y judíos, escrito en el mismo desierto del Sinaí), 'Who By Fire' (sobre el suicidio de varios amigos y el probable de él mismo)... Un corpus de poesía y música intocable.

Con el controvertido 'Death Of A Ladies' Man' (1977) se dejó succionar por el gran mago Spector y la cosa no salió como se esperaba, pero allí anidaban maravillas como 'True Love', 'Memories' (perfecto ejemplo del Wall Of Sound spectoriano oliendo a sonido high school de los 50), el fogoso e irónico country de 'Fingerprints'..., todas formando parte de la obra global de un Cohen de 44 años,  nostálgico de sus poderes amatorios de juventud.

'Recent Songs' (1979) volvió a los orígenes acústicos de nuevo con gran brillo aunque sin dejar canciones míticas. En época nuevaolera y de convulsos cambios en el panorama musical, su nombre se oscurece aunque no su inspiración. 'Various Positions' (1984) fue la reaparición, cinco años después, de un Leonard Cohen pleno de fervor místico y devoción amorosa. Allí estaba el suculento vals 'Dance Me To The End Of Love' o todo un himno glorificado por las nuevas generaciones como 'Hallelujah'. Y a continuación, la gran última obra maestra hasta ahora, 'I'm Your Man' (1988), a la que le sigue otro buen disco como 'The Future' (1992). 'Ten New Songs' (2001) baja el pistón, quizá su peor disco, pero con 'Dear Heather' (2004) vuelve el Cohen pletórico, con 70 años, burlándose de su pasado amoroso o poniendo en tela de juicio los efectos del 11-S. Es su último disco en estudio hasta ahora. Una producción reducida, de solo once álbumes, a tenor de los muchos años que lleva en activo, pero explicable porque, aunque no lo parezca, el canadiense es un artista al que le cuesta sudor y sangre componer nuevas canciones.

Su vida ha sido un largo peregrinar peleando contra la depresión, lo que le ha llevado a refugiarse en la poesía, la literatura, la música, el alcohol, los discos, el budismo y toda una inagotable farmacopea, empezando por el Prozac, como humoradamente comenta en su DVD 'Live In London'. Ha salido del monasterio zen donde vive desde l993, meditando y laborando en cosas tan prosaicas como la cocina, y hoy está hoy en Zaragoza, por segunda vez, con una banda y con un concepto de directo absolutamente sugestivo y democrático. No, no es el Gran Jefe que acapara permanentemente los focos, sino al contrario: reparte continuamente juego, dejando explayarse a sus excelentes instrumentistas, y los presenta y agasaja una y otra vez. E incluso, ante el zaragozano Javier Mas se arrodilla.

Mas, con su laúd y su bandurria, ha sido la gran aportación a esta banda. El domingo le contaba a Carbonell en el diario El Periódico una anécdota curiosa. Los sindicatos de músicos americanos no permiten que en los USA toquen músicos extranjeros como acompañantes, salvo en el caso de que no haya nadie que pueda tocar un determinado instrumento. Hicieron un rastreo y, en efecto, nadie estaba cualificado para tocara la bandurria. Luz verde para el aragonés. Y luz verde para el gran concierto del año en Zaragoza. ¿Irás? Espero tus comentarios pre y post.

Más información en http://www.heraldo.es/noticias/cultura/aa4f3_mapa_sonidos_leonard_cohen.html

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