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Blog - La voz de mi amo

por Matias Uribe

El año de la luna

La llegada del hombre a la luna no fue un cuento chino. Lo que faltaba, los chinos entre  rusos y americanos: explosión nuclear segura. Lo que sí fue un episodio de la Guerra Fría. El mismo Armstrong, desaparecido prácticamente desde que pisó el satélite terrestre, lo sentenció ayer: "Fue el golpe definitivo a la URSS". Descodificado: les ganamos la batalla espacial a los rusos y, por tanto, la terrestre, si se hubieran atrevido a lanzar sus misiles desde Cuba o a meter al mundo en una nueva guerra. De hecho, una vez conseguida la hazaña lunar y, sabido el efecto, los americanos pararon en su conquista. No les interesaba el avance científico sino exhibir su supremacía política de súper potencia.

Ayer hicieron 40 años de la aventura espacial. Y Megg preguntaba qué hacíamos los que vivíamos en aquella época, cómo lo sentimos y sobre todo qué música escuchábamos. No sé cuantos lectores de este blog tenían uso de razón en aquel momento y si ni tan siquiera habían nacido. Pero ya que esta excelente bloguera mallorquina nos invita a hacer un "Cuéntame" de la época..., pasemos a la acción.

Yo tenía 18 años. Y, a decir verdad, no me produjo el más mínimo impacto. Lo  recuerdo perfectamente: lo vi en un bar a primeras horas de la madrugada, sobre la una o las dos. La parroquia tomaba café o vino, jugaba al dominó y miraba a la pantalla, en aquella larga sesión televisiva, con cierto interés, pero sin gran entusiasmo ni expectación. No hubo uuuuhs, aaaahs de asombro. Impacto más bien discreto.  Cosas de los americanos, pensamos. Ellos alunizaron, pero nosotros no alucinamos. Y a otra cosa mariposa.

O sea, a la música. Pregunta Megg qué música escuchábamos... Ay, Dios, como si pudiéramos elegir. Es decir, escuchábamos, la que nos venía encima a través de la tele, la radio, las sinfonolas, la piscina, los guateques... ¿O es que crees que todo el mundo tenía tocadiscos? Aquello era artículo de lujo, privilegio de unos pocos..., yo, por supuesto, no tenía. Y no digamos un magnetofón. El casete no había nacido y el CD y los mp3, evidentemente, eran ciencia ficción. Así que había que estirar el oído y ver lo que caía de aquí y de allá. ¡Qué gozo cuando llegaba algo que complacía al oído!

Lo mejor, desde luego, eran los guateques. Siempre había un grueso álbum de plástico relleno de singles seleccionados al lado del "picú". Las 'lentas' causaban furor, y entre ellas las de Aphrodite's Child. ¡Ay, aquel "Mary Jolie", el "No puedo quitar mis ojos de ti", de Matt Monro... y, claro, el famoso "Je t'aime moi non plus"! La gente joven de hoy no sé si podrá valorarlo, pero bailar apretado una de aquellas canciones en penumbra, bajo una luz roja, e incluso casi a oscuras, en un recinto medio clandestino -parcelas, casas desocupadas...- y en una época donde el sexo era tabú y los únicos bailes permitidos eran los públicos, a toda luz y para mayores de 18 años, se convertía en una de las sensaciones más excitantes que podía vivir un joven de la época. Se pegaban las pieles y se pegaban, cómo no, aquellas canciones al cerebro para siempre.

El barco de la dictadura franquista navegaba firme, pero, pese a lo que pueda pensarse, tenía muchas fugas de liberación. Al menos, a la hora de divertirse la gente joven. Eso sí, el mundo pop sufría una de sus 'grandes eclosiones', que diría el impagable Jordi Sierra i Fabra, la eclosión hippy y toda la música de la Costa Oeste, y aquí ni nos enteramos. Ni Jefferson, ni Grateful Dead, ni Moby Grape, ni Country Joe & The Fish, ni Quicksilver... y hasta ni Woodstock, que aquí llegó como un eco lejano y como una pestilente postal de gentes peludas y depravadas.

Así que lo que sonaba masivamente en aquella España del escándalo Matesa, en pleno estado de excepción y con Don Juan Carlos designado por Franco como futuro rey de España,  eran Los Payos, Karina, Fórmula V, Los Beatles, Elvis, Barry Ryan... lo cual, por otra parte, comparado con las listas actuales, no está mal. Ya me gustaría que al menos una decena de canciones 'masivas' de ahora se me quedaran en la memoria como tantas se me quedaron de aquel año: "In The Ghetto" y "Suspicious Mind" (Elvis), "Eloise" (Barry Ryan), "In The Year 2525" (Zager & Evans), "Get Back",  "Don't Let Me Down", "The Ballad Of John & Yoko", "Hey Jude", "Come Together" y "Something" (Beatles), "Those Were The Days" (Mary Hopkin), "Sinner Man" (Nuestro Pequeño Mundo), "Give Peace A Chance" (Plastic Ono Band), "Himno a la alegría" (Miguel Ríos), "Help Yourself" (Tom Jones), "Penélope" (Serrat), "Honky Tonk Women" (Rolling Stones), "Ode To John Lee Hooker" (Johnny Rivers), "Je t'aime moi non plus" (Gainsbourg / Birkin)..., todas ellas entre las cinco primeras más vendidas, a lo largo del año, en España.

Y eso fue brevemente el año de la luna. En muchos aspectos -sexo, política, música...- estábamos en ella, pero aun con todo aquel 1969 nos dejó un montón de canciones inolvidables. Ahí pincho una emblemática, "Eloise", que para mi es una de mis canciones "perfectas". Es una grabación demoledora del 71 (atentos al rubito hincado de rodillas al lado de Barry Ryan...).

http://www.youtube.com/watch?v=Cjv9d9fALuc

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