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INSTIGAR, PROPAGAR, MASACRAR

Gervasio Sánchez 12/06/2009 a las 06:04

La Fiscalía para Crímenes de Guerra de Serbia ha tomado una decisión histórica: va a investigar el papel de los medios de comunicación serbios durante la guerra de Croacia y Bosnia. Se va a centrar en las masacres de Vukovar en Croacia y Zvornik en Bosnia y va a crear un precedente: saber si existió una relación entre la instigación y los crímenes de guerra.

"Hemos encontrado ejemplos de propagación de la guerra en los medios de comunicación. Nuestro objetivo es encontrar las pruebas suficientes para las acusaciones", ha señalado un portavoz de la fiscalía a la agencia Reuters. La fiscalía admite que "tendrán dificultades para demostrar que este hecho fue intencional", pero su objetivo principal es evitar que este tipo de actuaciones se vuelvan a repetir en el futuro.
El tribunal serbio de crímenes de guerra condenó en marzo 13 ex paramilitares serbios por la matanza de 200 croatas en una granja para cerdos en Ovcara cerca de la ciudad de Vukovar, en el este de Croacia.

Una muer huye durante un bombardeo Osijek (Croacia), octubre de 1991. GERVASIO SÁNCHEZ


La conocida como Masacre de Vukovar ocurrió entre el 18 y el 21 de noviembre de 1991. Las víctimas fueron mayoritariamente civiles desarmados que se habían refugiado en el hospital de la ciudad, convertido en objetivo militar. En la planificación participaron paramilitares serbios y miembros del antiguo Ejército Popular Yugoslavo. Los principales responsables fueron trasladados a la Haya donde fueron juzgados por el Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia y condenados en 2007.

Unos jovenes defienden una barricada Karlovac (Croacia), octubre de 1991. GERVASIO SÁNCHEZ
Zvornik se convirtió al inicio de la guerra de Bosnia en 1992 en uno de los centros paramilitares serbios más activos en una ciudad habitada mayoritariamente por musulmanes (casi el 60% de sus 80.000 habitantes).
Las aldeas circundantes fueron quemadas y sus habitantes asesinados. Después de la guerra se encontraron en los alrededores de la ciudad fosas comunes de víctimas de la masacre de Srebrenica ocurrida a partir del 11 de julio de 1995.
La Fiscalía serbia sentenció el año pasado a tres ex paramilitares por su participación en los asesinatos de 25 musulmanes en 1992 en Zvornik.

Entierro de un soldado croata  Osijek (Croacia), octubre de 1991. GERVASIO SÁNCHEZ

Hoy la ciudad está habitada por serbios. Muy pocos musulmanes se han atrevido a volver. También se ha convertido en el refugio de ciudadanos serbios que fueron expulsados de sus aldeas por los paramilitares musulmanes.
Recuerdo que era terrible regresar a Belgrado desde Sarajevo y Bosnia en aquellos años. La inmensa mayoría de los medios de comunicación daban una versión sesgada de lo que estaba pasando en Bosnia y ocultaba las responsabilidades de su ejército y los grupos paramilitares.
Los medios de comunicación endulzaban la realidad y presentaban el conflicto como una persecución contra la población serbia. Muy pocos ciudadanos aceptaban las implicaciones de su país en las atrocidades. Consideraban que se trataban de propaganda islámica radical.
A finales de octubre de 1991 pude entrar en Vukovar por una peligrosa carretera que circulaba por un maizal sembrado de minas. La artillería serbia machacaba la ciudad con una intensidad impresionante. Los proyectiles lanzados desde la otra orilla del río Danubio se estrellaban contra todos los edificios oficiales, el hotel Dunav donde tuvimos que pasar las noches refugiados en los baños, y el hospital de la ciudad.

El cadáver de un civil muerto durante un bombardeo, Sarajevo (Bosnia), junio de 1992. GS

Los enfermos y los heridos habían sido trasladados a los subterráneos del centro sanitario. Nunca olvidaré los rostros de aquellos ancianos que lloraban sin parar mientras se reproducían los cortes de luz. Sabían que iban a morir en cuanto se produjera el asalto final. De allí serían sacados tres semanas después para llevarlos al matadero de Ovcara.
A la puerta del depósito de cadáveres se acumulaban cuerpos destrozados por la violencia de impactos directos. Los trabajadores intentaban mantener un orden dentro del caos. Introducían lo que quedaba de los cadáveres en grandes bolsas de plástico transparentes y atendían a los pocos ciudadanos que se atrevían a salir de sus casas para recuperar los restos de sus seres queridos.
Aquellos días en Vukovar forma parte de un rosario de fechas tétricas que se mantienen en mi memoria y que me demuestran que el hombre es incapaz de contenerse a la hora de infringir el dolor a sus vecinos.
Unos meses después, en mayo de 1992, un grupo de periodistas extranjeros intentábamos por todos los medios llegar hasta Sarajevo por las carreteras atestadas de paramilitares serbios que asaltaban y quemaban las aldeas musulmanas. Nos advirtieron que si tomábamos una sola imagen no saldríamos vivos del lugar.
Atravesar Zvornik fue muy doloroso. La ciudad estaba vacía y miles de casas habían sido destruidas. Sólo había algunos perros perdidos en las calles, animales muertos a balazos y grupos de paramilitares borrachos rebuscando en las casas que aún quedaban en pie. Las bacas de sus coches estaban repletas de neveras, lavadoras, equipo de música. En aquellos días algunos grupos llegaban los fines de semana desde Belgrado para prácticar su deporte favorito: matar musulmanes y robar sus pertenencias.




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