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especial día del pilar

El rincón favorito de María López: "Es bonita e iba de tapas con mi marido cuando éramos novios"

La cofundadora de la empresa tecnológica Bitbrain ha elegido la plaza de Santa Marta como lugar preferido en la ciudad.

Plaza de Santa Marta en Zaragoza.
Plaza de Santa Marta en Zaragoza.
Guillermo Mestre

María López, cofundadora de Bitbrain, elige como rincón favorito de Zaragoza en este día del Pilar uno lleno de recuerdos de sus años de estudiante en la capital. De entre todos los sitios que fue descubriendo desde sus años universitarios esta zaragozana de adopción se inclina por la plaza de Santa Marta. Uno de los centros neurálgicos de las quedadas para ir de tapeo por el centro de la capital aragonesa "cuando no existía el tardeo", apunta. El lugar que le gusta recordar como punto de encuentro en los años de noviazgo con el que hoy es su marido, con amigos y luego compañeros de trabajo. Ahora con dos hijos confiesa que es "más complicado" acudir a reuniones así.

"Es bonita y tiene un componente sentimental porque iba de tapas con mi marido cuando éramos novios", evoca. Eran salidas por la tarde, previas a seguir ya de noche por los bares de moda. Mantuvo este rincón como favorito también cuando comenzó a trabajar. Se convirtió en lugar de encuentro para los compañeros. "Hicimos un grupo de gente y podíamos salir 30 personas juntas, que llegábamos a la plaza y la teníamos casi para nosotros", rememora, una escena que le resulta más lejana todavía tras la pandemia de covid-19, con lo constreñida que ha quedado la vida social.

La plaza de Santa Marta, por Antón Castro:

Esta nota podría convertirse en un listado de bares. Zaragoza también destaca por su gastronomía, por la más elaborada y por la de consumo más rápido y gozoso: las tapas. Y la plaza de Santa Marta, con sus mesas en la calle, con sus bares, es uno de los grandes teatros culinarios de la ciudad. Allí florece la imaginación, el buen gusto, la inventiva de alianzas, de sabores y de texturas. Y allí, en las noches de verano, la gente se acomoda y, entre tertulia y tertulia, en esa ida y vuelta de las confidencias, se paladean buenos vinos y mejores manjares, no necesariamente copiosos, pero sí atrevidos, suculentos, tocados con la untuosidad de los buenos alimentos. De entrada, la plaza de Santa Marta es eso: un ocio sosegado, la buena ingeniería de la comida, la fantasía irreductible de la mesa y sus arrebatos.

Si el tapeo alcanza allí una de las cimas de la ciudad, hay otros factores esenciales que enriquecen la atmósfera de la plaza. Encarna el embrujo del Casco Histórico, de la ciudad bimilenaria que se ha ido apuntalando en su arquitectura, estilo a estilo, edificio a edificio. Al lado, en la calle Dormer, también están el palacio de Real Maestranza y el palacio Huarte, ambos del siglo XVI, y bellos ejemplos renacentistas de un movimiento artístico que colaboró en la denominación de la ciudad como ‘Zaragoza, la harta’. Como se ve hay mucho que ver. Y aún falta una de las calles más cautivadoras de Zaragoza: Pabostría. Una vez recorrida, en una u otra dirección, hay que volver a la plaza de Santa Marta. Y quedarse allí. Entre gamba y gamba, el taco de atún, la tostada de queso, ahora la conversación también resulta mucho más sabrosa.

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