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Fiestas del Pilar
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Se llevan los cuernos rojos

Barquitas de latón que se mueven sin gasolina o juegos de metal para estrujarse el cerebro conviven en los mercadillos con los pitones fosforescentes y los globos. El ciclista musical y el perrito marrón han sido los juguetes de las fiestas.

Un vendedor de cuernos diabólicos y espadas láser
Se llevan los cuernos rojos
ESTHER CASAS

Los cuernitos fosforescentes rojos llegan de China, como los pequeños ciclistas musicales de juguete, las gafas persiana estilo_Shutter, los chupetes de colores para adolescentes y los perritos marrones de aire lastimero que asuelan los hogares zaragozanos estos días. El mundo caricaturista es variado: desde los castizos a los subsaharianos y andinos. Los abalorios, plata e imitaciones llegan de México y Argentina. Los sombreros estilo mafia son producto africano, y la marroquinería es principalmente ibérica. Son la parte más común de la oferta de mercadillo callejero que se extiende estos días por el centro de Zaragoza, especialmente en Independencia, calle Alfonso y riberas.

Los hay realmente originales a la hora de vender su mercancía e, incluso, de idearla. Roberto, un artesano argentino que tiene su puesto estos días frente a la Librería Central, celebraba a mediados de semana la clasificación de Argentina para el Mundial de fútbol con un poco de vergüeza. “El Diego se volvió loco”, decía para romper el hielo, antes de desarrollar su técnica de venta más rápido que Messi en trote hacia el área rival. “Estos jueguitos metálicos los hago yo, retan el ingenio, tenés que separarlos sin quitar la anillita del fondo, es cuestión de concentrarse, soplar y ya, el soplido es clave”. Hay de diversos tamaños y precios: entre 3 y 5 euros.

En el espacio contiguo, se multiplicaba el fenómeno de la personalización de objetos: desde un cepillo del pelo a una muñeca o una colorida mariposa de papel. Al lado, el puesto de Sebastián, todo un crack. Obtiene latón de viejas cajas de galletas y fabricar unas barquitas... que se mueven solas gracias al aceite vegetal, unas microantenas y unos canalillos en tobera que crean un fluido constante de agua, y convierten el invento en una embarcación a vapor. Los físicos lo llaman efecto Venturi. Para los legos, es magia.

Boquiabierto se queda el personal al seguir el paseo y descubrir un puesto de tattoo de henna, de esos que lucen bien, huelen bien y se van cuando ya no se quieren seguir viendo ni oliendo._En el mismo espacio se ofrecen rastas y trenzas con bolita de colores en el remate, de las que pueblan las cabelleras de los turistas que van al Caribe. La galería de ofertas continúa con dos puestos de caricaturistas que se pelean por el mismo sitio (uno las ofrece en 5 minutos, el otro en 3: prisa o detalle, he ahí la cuestión) y un puesto de sombreros tipo mafia, que han arrasado entre los peñistas y algún periodista dandy.

Quedan los globos, ese clásico que, en este año, ha supuesto el revival de un personaje que ya tiene diez años de vida: el amarillento Bob_Esponja, el golfo más golfo de las fiestas.

P. F.


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