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Fiestas del Pilar
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Casares, valor y nobleza baturra

Descastada, sosa y sin raza salió la novillada de la 'Casa Lozano'. Solo la buena actitud y la voluntad de los tres novilleros paliaron una tarde en la que hasta la lluvia quiso ser protagonista

Luis Miguel Casares, en un cambio por la espalda al sexto de la tarde.
Casares, valor y nobleza baturra
JUAN CARLOS ARCOS

Tengamos la fiesta en paz. Acabamos de empezar y ya hay ganas de bronca. Que yo sepa, la música es un premio y no debe sonar porque sí. Una vuelta al ruedo vale tanto o más que una oreja dudosa como la que pudo cortar ayer Rey. Bien, el usía porque no se puede bajar el listón de plaza de primera. Y nada menos que en feria. De habérsela otorgado, la mayoría de los que silbaron al presidente hubieran estado conmigo en que era una 'oreja de pueblo' y que mire usted... No perdamos la calma. Como la banda, las partituras. Ayer, como las tardes que han sonado, repitieron los cinco pasodobles que llevan en el repertorio y tampoco es eso. Menos mal que hoy ya viene la de la Diputación Provincial.

 

La novillada de los Lozano no me gustó. Bonita de hechuras, pero nada más. Con sus puntitas por delante, limpia y 'escoscada' pero ayuna de bravura, raza y casta. Engañabobos. Fueron al caballo con la cara arriba queriéndose quitar el palo. Empujaron con más genio que clase. Esperaron a los banderilleros cual indio detrás de un árbol. Reservones. Escarbaron, y cuando embistieron, lo hicieron con desgana y pegando gañafones. Fue más de lidiar que de torear.

 

José Manuel Más no pudo lancear ninguno de sus torillos. A su primero, defendiéndose y echando las manos por delante, le tocó muchas veces la muleta pese a dejársela en el hocico e intentar engancharlo. Fuera de cacho, se perdió entre dudas. Al cuarto le dieron una lidia desastrosa. Infame. A base de sobarlo logró alguna tanda ligada pero sin calar arriba. Parece rico rematado.

 

Juan Carlos Rey lanceó de compromiso. Su primero pareció algo que no fue. Se defendió. El quinto, mansón, sin clase y soso hasta hartar, acabó desarrollando sentido. Los dos primeros muletazos se los tragaba, pero el resto fue un sinfín de tarascadas y miradas aviesas. Faltó unidad y haberle, al menos, intentado bajar la mano. Se llevó una voltereta por perderle la cara. Sufrió un varetazo corrido en el glúteo. Bien con la espada.

 

Casares es un torero de temperamento. Con valor seco y sereno. De raza, como su padre Justo Benítez. Luis Miguel tuvo el mismo lote que sus compañeros: imposible para el lucimiento. Aún así, al crudo tercero, le dio la larga y la corta distancia, le dejó rozar las bandas de la taleguilla, pero el novillo, rajado, se negó. Al sexto, otro de imposible condición, lo recibió con dos cambios por la espalda. Muy firme, cruzado a pitón contrario, aguantó tornillazos sin descomponerse. También besó el suelo. De acertar con la espada, hubiese merecido el premio de la vuelta al ruedo.

Saludó en el cuarto Jarocho tras dos buenos pares de banderillas.

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