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Las muertes causadas por camiones en la N-II se contagian a la AP-2 con 10 víctimas en 15 meses

Desde la liberalización del peaje se han registrado 4 fallecidos en la nacional y 6 en la autopista. La falta de áreas de descanso y enlaces obliga a muchos transportistas a seguir usando la vieja carretera. Los alcaldes exigen una rehabilitación urgente de la N-II y que se vigile más la autopista

El accidente de Pina de Ebro se cobró la vida de tres personas.
El accidente de Pina de Ebro se cobró la vida de tres personas.
DPZ

Los usuarios de la N-II confiaban en que la liberalización de la AP-2, el 1 de septiembre de 2021, sirviera para atajar la sangría de accidentes mortales que venía soportando desde hace años esta carretera. Sin embargo, han pasado ya casi 15 meses y el problema de siniestralidad ni mucho menos ha desaparecido. Es más, se ha trasladado también a la antigua autopista de Barcelona, donde el incremento de la circulación se ha traducido en un notable aumento de los fallecidos. Algo que podía ser en cierta manera previsible, pero no en las cifras que se está produciendo. Porque desde que se levantaron las barreras de la AP-2, en su tramo aragonés se contabilizan ya seis muertes. Y en la vieja nacional, donde se esperaba que disminuyera la mortalidad, se han registrado otros cuatro decesos.

Del análisis de los siete siniestros con fallecidos que se han producido en ambas vías desde la liberalización de la autopista se extrae enseguida un patrón, ya que en todos ellos se ha visto implicado al menos un vehículo de gran tonelaje. Pero es que la mayoría han sido choques en cadena con más de dos camiones involucrados, como los ocurridos el pasado martes en Pina de Ebro (N-II) y La Almolda (AP-2) con el trágico balance de cuatro personas fallecidas en apenas seis horas.

La pregunta es sencilla, ¿por qué siguen circulando los transportistas por la nacional ahora que disponen de una vía de gran capacidad gratuita? El responsable en Aragón de la Asociación Empresarial de Transportes Discrecionales de Mercancías por Carretera (Tradime), José Antonio Moliner, tiene algunas respuestas. "Es muy sencillo –dice–. Faltan áreas de servicio y aparcamientos seguros para los camiones. Si a eso se suma que es una autopista poco permeabilizada, con solo tres salidas en cerca de 100 kilómetros... A muchos compañeros no les queda otra que seguir usando la N-II. Y esta carretera está muy descuidada desde que se descartó el desdoblamiento, con un firme en muy mal estado".

Para Moliner, rostro visible de un colectivo que representa a 700 empresas y moviliza 2.000 camiones, la falta de enlaces entre las dos carreteras es clave. "Los accidentes no dejan de ser más que una concatenación de circunstancias. Y son muchos los compañeros que se están dejando la vida en estos tramos. Pero lo advertimos antes de la liberalización y lo seguimos diciendo ahora, hasta que no se construyan nuevas conexiones, el problema no desaparecerá", señala. Porque si antes eran colisiones frontales, ahora son choques en cadena.

Solo un millón para 2023

Para dar solución a esa escasez de ramales, el Ministerio de Transportes anunció la ejecución de sendos enlaces en Osera y Candasnos, así como la remodelación de la conexión con la autopista autonómica ARA-A1, a la altura de Villafranca de Ebro. Se calcula que estas obras podrían ascender a 20 millones de euros, pero el proyecto de Presupuestos Generales del Estado, que hoy debería aprobarse en el Congreso, solo contempla para 2023 un par de partidas por un importe total de un millón. O lo que es lo mismo, no se atisba una solución a corto plazo.

Los alcaldes de las localidades en las que se han registrado las últimas muertes coinciden con el sector del transporte en el diagnóstico. Aunque quiso dejar claro que el trágico accidente ocurrido el martes no se puede achacar a ello, la alcaldesa de Pina de Ebro, Mercedes Abós, denunció este miércoles el mal estado del firme de la N-II y exigió una rehabilitación urgente de la carretera. "Es una zona de mucho tránsito y están interviniendo, pero tendrían que hacerlo más a menudo, porque está muy mal", indicó. Igualmente, dijo que se debería apostar por dotar de más servicios la AP-2, ya que hay "muy pocas" áreas abiertas.

El regidor de La Almolda, Manuel Lamenca, fue todavía más lejos y aseguró que se está produciendo un grave problema que exige soluciones. "Hemos luchado durante muchos años y lo que está pasando es muy triste. La cantidad de accidentes que se están produciendo no es de recibo. Algo está fallando", dijo el primer edil. Aseguró que prácticamente cada día se registra un choque y que los vecinos de la zona tienen "miedo y preocupación" por circular por ambas vías. Para Lamenca, el incremento del volumen de vehículos en la AP-2 hace "imprescindible" un aumento de la vigilancia, por ejemplo, con más efectivos de la Guardia Civil.

Y para la N-II coincide con la alcaldesa de Pina, y con otros muchos de la zona, en pedir que se desdoble y se convierta en una autovía liberalizada.

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