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Diez años de la Estación Goya: luces y sombras de la parada de Cercanías más céntrica

Los usuarios reconocen la comodidad de bajar en el centro de la ciudad y enlazar con el tranvía, pero se quejan de la falta de servicios como aseos y que no se pueda hacer trasbordos.

La Estación Goya de Zaragoza emerge en la avenida del mismo nombre con su cúpula verde y ondulada que hasta hace diez años no existía. En 2022 celebra su aniversario tras pasar por ella 3,4 millones de viajeros, la segunda con más tráfico de viajeros de la capital aragonesa, después de la intermodal de Delicias, pese a su tamaño mucho menor, según el reciente balance de Renfe.

Unos 560 metros cuadrados de vestíbulo sobre las vías que esconden murales que rinden homenaje al pintor de Fuendetodos que le da nombre. Se trata de la parada más céntrica de la línea 1 de Cercanías, la única que tiene Zaragoza, pero poco concurrida para conectar el extrarradio con la capital. Los usuarios ven luces y sombras en este aniversario. 

"Me bajo en Goya porque me cae muy cerca, es muy céntrica. Luego cojo el tranvía para ir al trabajo en Valdespartera", cuenta Claudia, una joven de 26 años que se sube a la línea de Cercanías en Utebo. Este viernes se sienta frente a Francisca Sánchez, que hace el mismo trayecto. "Desde la pandemia no he cogido ningún autobús", confiesa esta última. El apeadero de Utebo es el más concurrido de la deficitaria línea de Cercanías Casetas-Miraflores. Unas 30 personas se han subido en uno de los viajes con más público de la mañana, el de las 8.05, que llega a la Estación Goya en menos de 20 minutos, a las 8.22.

En el barrio rural de Casetas, el inicio de la línea, el tren ha salido vacío, después de bajar tres pasajeros que venían de Zaragoza, profesores del instituto de secundaria, IES Ángel Sanz Briz, el único edificio próximo a la estación, junto al pabellón de deportes, de festejos y el centro de salud, ya que esta se encuentra muy alejada del núcleo urbano, lo que reduce su uso por los vecinos que optan mayoritariamente el autobús o el coche.

Viajeros de la línea de Cercanías Casetas-Miraflores.
Francisca Sánchez, usuaria de la línea de Cercanías Casetas-Miraflores.
Toni Galán

Sin embargo, en el pueblo vecino, la segunda parada del Cercanías, el ferrocarril atraviesa el municipio por el centro. "Vivimos en el casco viejo de Utebo", explican las dos pasajeras, por lo que están más cerca del tren que del autobús. Ambas destacan la "comodidad" y la "rapidez" del viaje en tren.

"Viene menos gente ahora que en la pandemia"
​"Sigue sin haber baños"

Pese a las ventajas, las cuentas no salen en la única conexión de Cercanías con la capital aragonesa y la línea siempre resulta deficitaria. Los usuarios lo achacan a la necesidad de poner más frecuencias y bajar el precio o permitir trasbordos con el autobús como ocurrió durante la crisis sanitaria por la covid-19. "Viene menos gente ahora que en el pandemia", cree Francisca, que apunta al mayor coste de sacar un billete de tren (2,30 euros) y el del autobús (1,40). Existen también bonos que dejan un precio más económico. Claudia se queja de que pasados estos diez años "sigue sin haber baños en la estación". Desde Renfe vienen manteniendo que los viajeros disponen de aseos en los trenes y que los que se construyeron en su día en la estación no están previstos para uso público, como tampoco los hay en las del metro.

Las frecuencias mejoraron cuando se empezaron a combinar los trenes de cercanías con los regionales que también paran en la línea y permiten que haya más horarios. Con todo, las dos viajeras piden algún tren más allá de las 22.05, que es el último servicio "para que puedas bajar a cenar a Zaragoza y no tengas que coger el coche", pone como ejemplo Claudia.

Viajeros de la línea de Cercanías.
Viajeros de la línea de Cercanías.
Toni Galán

Entre las reclamaciones de los usuarios se encuentran las de quienes viajan con una bicicleta, para moverse luego con ella por el centro de la ciudad. "Solo caben dos", afirma Carlos Crespo, apoyado en la suya, en una mañana en la que hay cuatro repartidas en un pasillo entre vagones y la zona de carros de bebé. En los trenes regionales explica que hay un vagón "solo para bicis y vehículos". En su caso, ni siquiera se sienta porque el trayecto es breve, solo una parada, de Utebo a la Estación Delicias. 

"De mayor quiero ser maquinista"

En uno de los asientos plegables reservados a los carritos viaja Sheila Moreno con sus hijos: "Es más cómodo que el autobús", cuenta. Lo utiliza para llevar a los pequeños al colegio. Está claro que a ambos les gusta. Lluvia, de 4 años, va dormida y Pablo, de 8 años, levanta la vista del móvil para asegurar: "De mayor quiero ser maquinista". Lleva viajando en tren desde bebé, como su hermana. A la vuelta no necesitan el transporte público porque regresan en coche con su marido. "A mí me gustaría volver en el tren", puntualiza Pablo. Ante la falta de viajeros en la línea, Sheila cree que "si hubiera un tren más temprano lo cogería más gente para ir a trabajar". El primer convoy sale a las 7.00. 

Viajeros de la línea de Cercanías Casetas-Miraflores.
Viajeros de la línea de Cercanías Casetas-Miraflores.
Toni Galán

En la Estación Goya se mezclan los viajeros del Cercanías con los que la utilizan para coger trenes regionales. Alba Martínez espera en el andén con su maleta para coger el próximo regional que la deje en la estación Delicias para llegar al AVE. Le resulta más caro que el autobús pero valora que está muy cerca de su casa, la comodidad de la estación, la rapidez del viaje en 5 minutos a Delicias y que "solo lo cojo una vez al mes".

Alejandro Carvajal espera el regional que va a Épila. Estudia en Zaragoza y se marcha a casa de fin de semana. Vive "a 7 minutos" de Goya y el tren va directo a su localidad. Se queja de que alguna vez lo que ha fallado ha sido la puntualidad.

Estación Goya.
Estación Goya.
Toni Galán

La estación se llena de voces infantiles cuando un grupo de 50 niños de 9 y 10 años desembarca en los andenes. Ríen, chillan e incluso aplauden a los trenes que van pasando mientras esperan al suyo, que les lleve a Rueda de Jalón, según cuentan los profesores que les acompañan, Jorge Sánchez y Juan Molinos. La excursión ha comenzado mucho antes de subirse al tren, ya que vienen andando desde su colegio. "Les gusta mucho el tren", afirman. Tienen ahora 40 minutos para disfrutarlo. 

Viajeros de la línea de Cercanías Casetas-Miraflores.
Manolo Angurel, ferroviario jubilado de paso en la Estación Goya en su viaje de Monzón a Madrid.
Toni Galán

Dentro de uno de los regionales con paradas compartidas con la línea de Cercanías viaja Manolo Angurel, ferroviario jubilado de 68 años, que llega desde Monzón en el tren procedente de Lérida. Echa de menos la época dorada del ferrocarril, frente a los recortes actuales como los que han afectado a la línea en la que llega desde la ciudad oscense. "Antes estaban todas las estaciones abiertas", recuerda, frente a algunas 'fantasma' que han quedado en los últimos años. "Desde que montaron el AVE lo han abandonado. Ahora es el AVE  o el regional. Antes había expresos, talgos y todo ha desaparecido", lamenta. Es un defensor del ferrocarril y de viajar "despacito, más tranquilo". Y así hará su viaje. Le va a costar 5 horas llegar a Madrid y de allí otras tres a su destino en Jaén.

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