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Palmira Alonso, la vecina de Zaragoza que recibe 2022 cumpliendo 100 años

Aprendió a pescar con 62 años para no quedarse sola en casa. Pronto superó a su marido. "Seguí con la pesca al quedar viuda. Lo dejé con 85 porque no me seguía el cuerpo", rememora.

Palmira Alonso, centenaria y sin perder la sonrisa
Palmira Alonso, centenaria y sin perder la sonrisa
HERALDO

Para hablar de los 100 años de Palmira Alonso Manzanedo, vecina del Picarral, en Zaragoza; lo haremos a través de algunas cifras clave en su vida: nació el 1 de enero de 1922 en Las Rozas de Valdearroyo, Cantabria. Tuvo dos hijas, Mercedes y Rosario, las cuales le han dado siete nietos -Eva María (51), Jesús (51), Eduardo (46), Alejandro (42), Julio Antonio (47), Marta (46) y Fernando (43), y diez bisnietos -Nuria (23), Lucía (15), Ángel, Samuel y Hugo (14), los mellizos Gonzalo y Cristina (11), Silvia y Paula (10) y Marcos (6)-. "Casi nada, tengo una familia guapa, guapa", asegura, orgullosa.

Aunque cántabra de nacimiento, llegó a Zaragoza hace 70 años por amor, por lo que se siente muy mañica. "Me encanta Zaragoza, he sido y soy muy feliz aquí y toda mi familia es de aquí", destaca. A punto de cumplir 100 años, asegura que la clave para llegar en tan buen estado de salud a esta edad es tener una vida sana y normal.

"No me voy a quejar. Bastante bien estoy para la edad que tengo"
Palmira aprendió a pescar con 62 años
Palmira aprendió a pescar con 62 años
HA

Mientras trabajaba como limpiadora en la clínica Nuestra Señora del Pilar, en Palencia, conoció a un calefactor, el zaragozano Luis Navarro Aranaz -alias ‘El Tanque’ en el club Arenal, donde jugaba "allá por 1938". Tras seis meses de relación a distancia, intercambiando mensajes por carta, el 6 mayo de 1942 se casaron en Cantabria para, después, mudarse a la capital aragonesa, en concreto a la calle del Carmen. Palmira dejó de trabajar para dedicarse en cuerpo y alma a su familia. "El trabajo de mi marido le llevaba largas temporadas fuera y nos íbamos todos juntos", relata. Cuando sus hijas eran muy pequeñas, se mudaron a Andalucía durante más de 3 años. "Dormíamos los cuatro en la misma cama, pero estábamos juntos", asegura.

Siempre ha seguido una dieta muy sana. Adora la caligrafía -pasaba horas y horas copiando libros en su cuaderno, al menos hasta que la visión le dejó de acompañar- y le ha gustado mucho andar. Amante de las plantas, en su terraza atesoraba decenas de macetas con claveles, geranios, rosas y plumas de Santa Teresa.

"Mi vida ha sido bastante buena, no me puedo quejar. He tenido una vida muy sana, he andado mucho, he comido poco, no he tenido vicios, ni me he metido con nadie"
Escribir a mano siempre ha sido una de sus grandes pasiones
Escribir a mano siempre ha sido una de sus grandes pasiones
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Fue hace ocho años, tras romperse la cadera, cuando se mudó a casa de su hija Rosario, con la que vive desde entonces. Desde el inicio de la pandemia no ha pisado la calle. "Ahora tendría que utilizar la silla de ruedas y no quiere que empujen de ella, siempre ha sido muy independiente, un pájaro libre", asegura Charo.

Y es que, si hay algo que tienen claro los suyos, es que la abuela es "una mujer de armas tomar". Aunque a regañadientes, aprendió a pescar con 62 años porque no quería quedarse sola en casa. Pronto superó a su marido. "Me dijo, o te vienes a pescar o te quedas sola en casa. Así que cogí los cachivaches y ya está. Seguí practicando al quedar viuda a los 73, y lo dejé con 85 porque no me seguía el cuerpo", rememora. ¿Sobre qué era lo que más le gustaba pescar?, responde rauda: "Lo que caía".

La grandeza de tener una vida normal

Y es que esta forma de ver la vida la ha convertido en una persona muy feliz y agradecida. "No me voy a quejar. Bastante bien estoy para la edad que tengo", afirma. Sin embargo, asegura que no ha seguido ninguna pauta para llegar a los 100 años con tanta energía y vitalidad: "Las cosas más tontas que hay, tener una vida normal e ir a pescar con mi marido. Nada más".

"Mi vida ha sido bastante buena, no me puedo quejar. He tenido una vida muy sana, he andado mucho, he comido poco, no he tenido vicios, ni me he metido con nadie", resume. Algo en lo que coincide Rosario, con quien vive. "La verdad es que siempre ha sido muy reflexiva y meditativa, y creo que eso ha marcado la diferencia", admite.

Palmira, con su hija Charo
Palmira, con su hija Charo
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Cumplir 100 años, en plena pandemia

En cuanto a qué mensaje mandaría a los jóvenes, tampoco duda un instante: "Que no hagan el tonto, que sean respetuosos y no confundan la libertad con hacer lo que es dé la gana. Simplemente, que tengan una vida normal".

El coronavirus hará que, por segundo año, no puedan reunirse en torno a una mesa para celebrarlo. Por eso, para Año Nuevo y su cumpleaños, Palmira solo tiene un deseo: "Que se acabe la pandemia y que no haya disturbios". Así que se reunirá con una pequeña representación familiar, aunque con mascarilla, y se preparará para atender el teléfono y las videollamadas sin parar. "No me gusta la pandemia, nos ha fastidiado de verdad. Espero que pronto se acabe para volver a la normalidad", concluye.

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