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Pascual Fenolle, 105 años con el corazón dividido entre Ejea de los Caballeros y Argentina

El aragonés falleció el pasado 9 de agosto en Comodoro Rivadavia, Argentina; puerta de entrada a la Patagonia Central conocida casualmente como la ciudad del viento.

Tan solo unos días antes de su fallecimiento, Pascual Fenolle, vecino de Ejea de los Caballeros de 105 años, hacía llegar un mensaje a HERALDO a través de Whatsapp

Tras más de una década sin volver a casa, y tras haber protagonizado numerosas entrevistas el pasado mes de mayo con motivo de su aniversario, quería enviar un saludo a su familia y darles una sorpresa a través del periódico local: "Quiero enviar un saludo a mi familia de Ejea de los Caballeros y de Zaragoza, en especial a mis nietos y bisnietos. Que se cuiden". "Me siento bien, satisfecho, y contento porque no todos llegan a esta edad", admitía.

"Hay que mirar adelante y no olvidar lo que ha pasado atrás", afirmaba en una entrevista concedida al medio local 'ADNSur', de Argentina. Pascual Fenolle Miguel nació en una casa de la calle Corona, en la capital de las Cinco Villas, el 17 de mayo de 1916. Aunque llevaba más de 70 años viviendo en Argentina, sus familiares aragoneses aseguran que jamás olvidó el lugar de donde venía. 

Mi abuelo se sentía super aragonés. Escuchaba jotas, usó boina hasta el último día, cocinaba migas y se sentía maño de corazón. Fue aragonés hasta el final"
Pascual Fenolle celebra su 105 cumpleaños
Pascual Fenolle celebra su 105 cumpleaños
Familia Fenolle-Ollovarren

"En 1950 se vio obligado a saltar el charco y mudarse con su familia a la ciudad de Colón tras la invitación de un tío. Ahí conseguía trabajo, pero no encontraban vivienda, así le llegó la invitación de unos primos de trasladarse a Comodoro Rivadivia e iniciar allí una nueva vida", explica su nieta, Ana Fernández, residente en Zaragoza.  

"Mi abuelo se sentía super aragonés. Escuchaba jotas, usó boina hasta el último día, cocinaba migas y se sentía maño de corazón. Fue aragonés hasta el final", añade, todavía compungida por la noticia.  

De hecho, quienes le conocen aseguran que las migas eran su plato favorito, ideal para cualquier día. "Le encantaban, siempre que venía a Zaragoza un día me las cocinaba y lo seguía haciendo en Argentina", asegura Rosa Fenolle, una de sus hijas que reside en la capital aragonesa. Cuenta su familia que, a pesar de su avanzada edad, Don Pascual, se había convertido en todo un referente en el centro de jubilados del Km 8 del cual era miembro de honor y donde, de vez en cuando, preparaba una paella española. "Venía a España cada dos años y se quedaba durante un par de meses. Se quedaba conmigo y en Ejea, con una de sus hermanas. Nos tenía muy presentes. No nos olvidaba a pesar de la distancia. Juraría que se sentía más aragonés que español", añade su hija.

Pascual Fenolle, navegando por el Ebro
Pascual Fenolle, navegando por el Ebro
Familia Fenolle-Ollovarren

Recordado por todos como un trabajador incansable, llegó a Argentina para trabajar en la industria petrolera. Sin embargo, gracias a su personalidad aragonesa, no le costó mucho meterse al vecindario en el bolsillo. "También le gustaba mucho la pesca, pulpear; salía a caminar varios kilómetros y no quería saber nada de subir a un colectivo -autobús-. Tenía achaques, pero estuvo lúcido hasta el último día. Todo el mundo le quería", reconoce Alberto Fenolle, uno de los hijos con el que residía en Argentina.  

Su familia asegura que, como buen aragonés, Pascual jamás perdonaba un dulce -pues era muy laminero- ni tampoco una siesta. Veía a diario las noticias de Televisión Española porque "se sentía más cerca de casa" y, en ocasiones, revivía el acento de la tierra, que se resistía a abandonarlo a pesar del paso del tiempo.

Hijo de Romualdo y Francisca, era el menor de cuatro hermanos. "Eran Eusebio, Natividad y Francisca, era el más chico de todos. Al colegio fue poco y nada, por eso se dedicó pronto al trabajo en el campo", rememora su hijo. A menudo recordaba su infancia en las Cinco Villas ayudando a su abuelo a criar a las ovejas.

Pascual Fenolle cocinando migas su plato favorito
Pascual Fenolle cocinando migas su plato favorito
Familia Fenolle-Ollovarren

Una gran familia

Sin embargo, la Guerra Civil española cambió por completo su vida. Con 18 años se alistó en las filas republicanas. "Fue prisionero en tres ocasiones hasta que logró huir al sur de Francia, andando, donde trabajó durante tres años como agricultor", añade. De allí se mudó a Marsella donde conoció a Milagros Ollovarren Echarri, con quien se casó y tuvo cuatro hijos, Pilar (73) y Carlos (72), que nacieron en Francia; y Alberto y Rosa (67)-mellizos-, que nacieron en Argentina.

Tras dos meses viviendo en un garaje de kilómetro 8, Pascual logró hacerse con un puesto de trabajo en la Compañía Ferrocarrilera de Petróleo, que luego pasó a ser Petroquímica, empresa en la que se jubiló en 1980. En sus últimos años de vida se dedicó por entero a sus hobbies, su vida y a cuidar de sus seis nietos -Ana (42), Claudia (41), Daiana (25), Jonatan (35), Omar y Eric (41) -también mellizos- y sus dos bisnietos, Álvaro (14) y Mateo (10), por los que se desvivía.

"No nos olvidaba a pesar de la distancia. Juraría que se sentía más aragonés que español"

Solía viajar a España, tanto a Zaragoza como a Ejea de los Caballeros, una vez cada dos años. Al menos así fue hasta que su avanzada edad se convirtió en un impedimento. La última vez que pisó Aragón fue en el año 2008, esta vez junto a una de sus hijas, para asistir a la boda de su nieta Ana, quien nació en Trelew, provincia de Chubut (Argentina) en 1978, pero decidió mudarse a España. Por aquel entonces tenía 92 años. "Se le empezó a hacer muy duro soportar un viaje de tantas horas", rememora Ana, todavía algo tocada por la noticia del fallecimiento de su abuelo.

Sin embargo, no fue la última vez que se pudieron abrazar pues ella viajó a Comodoro Rivadavia en diciembre de 2019. "En esa ocasión viajé junto a mi marido y mis dos hijos a pasar con ellos las navidades. Antes de caer enfermo viajaba cada año a Zaragoza para ver a mi tía, Rosa", rememora su nieta. La de Pascual es la historia de miles de aragoneses que se vieron obligados a abandonar su tierra sin alternativa.

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