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La falta de operarios en el cementerio de La Cartuja convierte un entierro en una odisea

Una familia enterró al fallecido varios días tarde y tuvo que sufragar una cámara frigorífica y una empresa privada que realizara la inhumación.

Acceso al cementerio de La Cartuja, a la salida de la ciudad por la carretera de Castellón.
Acceso al cementerio de La Cartuja, a la salida de la ciudad por la carretera de Castellón.
Guillermo Mestre

La falta de operarios en el cementerio provincial de La Cartuja obligó la semana pasada a retrasar durante dos días el entierro de un zaragozano y motivó que la inhumación se ejecutase a través de una empresa privada. El finado murió el pasado jueves 21 en la capital aragonesa y su funeral se celebró dos días después, el sábado 23, en Torrero. La voluntad del hombre pasaba por ser enterrado en el panteón familiar en la instalación de La Cartuja, propiedad de la Diputación Provincial de Zaragoza (DPZ), pero la reciente conclusión del contrato de relevo de uno de los trabajadores y las bajas médicas de otros dos impidieron que sus seres queridos se pudiesen despedir de él el día previsto.

En su lugar, los hijos y la viuda se vieron obligados a posponer el sepelio, por lo que procedieron a mantener el cadáver en una cámara de conservación de titularidad municipal, con el consecuente coste. El entierro se pudo celebrar finalmente el lunes 25. “Para poder despedir a mi padre hemos tenido que hacer muchas gestiones . Al final, tuvimos que proponer a la DPZ la contratación de una empresa privada de nuestra confianza y que también trabaja habitualmente para la institución. Fue la única manera de que se pudiese colocar el ataúd y tapar el nicho, pero así pusimos fin a esta situación tan triste en un momento tan complicado”, lamenta David Martínez, hijo del fallecido.

Desde el organismo público matizan que el cementerio de La Cartuja “está atendido por cuatro trabajadores de la Diputación de Zaragoza: dos adscritos al propio cementerio y otros dos de refuerzo adscritos al taller de albañilería”. Con esta mano de obra se acometen, de media, “unos veinte enterramientos al año”. “Lo que ha sucedido es que a uno de esos trabajadores se le ha acabado el contrato de relevo que tenía y, al mismo tiempo, otros dos han cogido la baja médica. La normativa de seguridad y salud obliga a que los enterramientos los hagan al menos dos operarios y eso ha impedido realizar con personal propio un entierro solicitado el pasado viernes y ha obligado a contratar de forma excepcional a una empresa externa para poder llevarlo a cabo”, añaden las mismas fuentes.

El retraso en el entierro dejó “desconcertados” a los familiares. Varios de ellos se desplazaron desde Huelva y otras provincias, pero tuvieron que dar media vuelta sin poder dar el último adiós al fallecido. Los afectados estudian la fórmula para reclamar los costes extraordinarios e, incluso, barajan la posibilidad de reclamar por daños y perjuicios. “Aunque en realidad, más que un tema económico, es una cuestión de impotencia por no poder cerrar el proceso dando una despedida como se merece al familiar”, matizan los familiares, quienes no entienden que “un cementerio que está en activo, con nichos nuevos, puede caer en esta dejadez” y piden “que la Diputación lo dote con los mínimos medios necesarios”.

La DPZ, para garantizar la apertura de las instalaciones, ha contratado una empresa de seguridad privada “tanto para el horario habitual del cementerio como para la ampliación por la festividad de Todos los Santos”, tal y como apuntan desde la institución.

Inquietud entre los vecinos

Los vecinos de La Cartuja trasladaron en un pleno su inquietud ante la falta de personal en la instalación provincial. “Venimos detectando esta falta de personal desde hace dos fines de semana, cuando una pareja intentó acceder a las 11.00 y se lo encontró cerrado”, cuenta María José Domínguez, portavoz de la asociación vecinal Alonso de Villalpando. “Es lamentable que porque no haya personal no se pueda enterrar”, valora Domínguez. 

El alcalde rural, José María Lasaosa, recuerda que al conocer la circunstancia se pusieron en contacto con la DPZ, que les comunicó que estaba buscando una solución y que, en cualquier caso, el recinto abrirá hasta el 2 de noviembre en horario de 8.00 a 18.00.

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