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Las Trece Rosas ya recibe presos tras la pandemia

En una semana han entrado 13 internos en el Centro de Inserción Social de Torrero. Desde que cerró en marzo de 2020, se ha controlado a 152 presos telemáticamente.

Un preso de tercer grado, el pasado 17 de septiembre, en el patio de deportes de Las Tres Rosas.
Un preso de tercer grado, el pasado 17 de septiembre, en el patio de deportes de Las Tres Rosas.
Toni Galán

El Centro de Inserción Social (CIS) lleva una semana abierto de nuevo y ya han entrado los primeros 13 presos. Como efecto de la pandemia, en marzo de 2020 se decidió enviar a los internos a sus casas y controlarlos mediante pulseras electrónicas. La medida continúa y ahora hay 133 presos – tanto los de tercer grado como los que están en libertad condicional– que residen en sus viviendas y trabajan en la calle. Estos internos solo vuelven al CIS cada dos semanas para que los examinen el trabajador social y el educador, encargados de controlar su evolución.

Los funcionarios de prisiones, los únicos que han seguido utilizando en el tiempo de la covid las oficinas de Las Trece Rosas, en Torrero, los han vigilado desde sus ordenadores. Las pulseras avisan si han incumplido sus horarios.

«La mayoría cumplen porque están en tercer grado, trabajan o tienen apoyo social y van camino de la libertad, y saben que si no lo hacen bien o se portan mal pueden regresar a la prisión de Zuera», detalla Carmen Gambaro, directora del centro penitenciario de Zaragoza, de quien depende el CIS. El equipo técnico de la prisión analiza las condiciones en las que se ha producido el incumplimiento y también pueden devolverlos a Torrero.

Un funcionario del CIS precisa que el 80% de los internos seguirán en sus casas con las pulseras, porque durante este tiempo se ha demostrado que «han sido un éxito». No obstante, cree que en una semana podrán llegar hasta una veintena de nuevos presos a las celdas de Las Trece Rosas. El centro cuenta con un comedor, patio y sala de estar, que también se utiliza para talleres o conferencias que imparten varias ONG.

Este pasado viernes había cinco presos en el patio a la espera de encontrar un trabajo que les permita salir a la calle. «Mientras, jugamos partidas de ajedrez, damas o fútbol», apunta uno. «Buscamos un empleo», secunda otro.

En el año y medio transcurrido del cambio que provocó la covid en el CIS solo hubo dos presos que decidieron quitarse las pulseras telemáticas y tirarlas al río para que no los controlaran. Pero poco después, la Policía Nacional acabó localizándolos y terminaron en la cárcel de Zuera.

La prisión cuenta con un protocolo para examinar a los internos y que, según sus características, ingresen directamente en centro de Torrero sin necesidad de que pasen antes por la prisión. Así, esperan que «paulatinamente» crezca la ocupación hasta llegar el límite de 150 plazas que tienen las celdas de que dispone.

La evolución del crecimiento de los 147 internos que hay en tercer grado entre los CIS de Torrero (133) y de Huesca (14) coincide con el descenso de los presos de la cárcel de Zuera, que han pasado desde los 1.600 hasta 1.250. Tras asumir el Gobierno vasco la competencia de instituciones penitenciarias, descendió también el número de etarras en Zuera.

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