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La ‘fiesta’ en un tejado de la calle Pignatelli les cuesta 16 años y medio de cárcel a tres okupas

Los condenados lanzaron tejas y otros objetos a los policías, atacando a dos de ellos con un cuchillo y un destornillador.

Dos de los acusados, bailando y haciendo caso omiso a la orden de la Policía para que bajaran del tejado.
Dos de los acusados, bailando y haciendo caso omiso a la orden de la Policía para que bajaran del tejado.
HERALDO

La ‘fiesta’ que montaron tres jóvenes el 29 de noviembre de 2020 en uno de los edificios okupas de la calle Pignatelli duró tres horas y media, pero la resaca se les puede hacer eterna, ya que la Audiencia de Zaragoza acaba de condenarlos a penas que suman 16 años y medio de prisión. El castigo que impone a Mohamed Marrok (seis años de cárcel), Khald Nedjadi (seis años y medio) e Ilyas Maarouf (cuatro años) es importante, pero basta repasar el apartado de hechos probados de la sentencia para comprobar el cúmulo de situaciones de peligro que generaron. Sobre todo, los dos primeros, que empezaron la mañana asaltando a dos vecinos armados con un machete y un cúter y acabaron encaramados al tejado lanzando docenas de tejas y todo tipo de objetos a la Policía. Y no solo eso, antes de ser detenidos, encendieron un horno a toda potencia junto a un botella de butano y atacaron a dos agentes con armas blancas.

El caos provocado por estos jóvenes fue tal que la Jefatura Superior de Aragón se vio obligada a cortar varias calles de esta de por sí conflictiva zona y a movilizar tanto a los antidisturbios (UPR) como a sus especialistas en operaciones de asalto (GOES). Y no era para menos, ya que los okupas no se conformaron con mofarse y provocar a los agentes desde la cubierta del número 67 de Ramón Pignatelli, donde estuvieron bailando e incluso llegaron a desnudarse. La lluvia de tejas, piedras, palos y hasta un gato mecánico atemorizó al resto de residentes, a los que no quedó otro remedio que refugiarse en sus vivienda. Es más, dado el peligro que estaban generando los atrincherados, las Fuerzas de Seguridad tuvieron que perimetrar toda la manzana y restringir tanto el tránsito de personas como el de vehículos.

Durante el juicio, los tres acusados negaron haber escupido y mucho menos atentar contra la integridad de los agentes. Lo máximo que admitieron fue haber lanzado algunas piedras a la vía pública sin intención de lesionar a nadie. Y tratando de justificar lo injustificable, los okupas explicaron al tribunal que actuaron bajo el efecto del alcohol y las drogas. Sin embargo, los magistrados no han encontrado pruebas objetivas que sustenten esta excusa.

La Audiencia atribuye a los encausados delitos de atentado, desórdenes públicos, daños, amenazas y lesiones leves. Sin embargo, paradójicamente, les absuelve del delito de usurpación, ya que tampoco considera demostrado que su estancia en el edificio en una vivienda que no era de su propiedad tuviera carácter permanente. Dos de los condenados podrán sustituir sus penas por la expulsión del país cuando hayan cumplido dos años.

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