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Zaragoza

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Un perro para perder el miedo a vivir tras la violencia de género

La Diputación Provincial de Zaragoza y la asociación Escan inician un proyecto de terapia emocional para mujeres maltratadas pionero en Aragón.

María, junto a uno de los perros del proyecto Escan.
María, junto a uno de los perros del proyecto Escan.
Toni Galán

"La ilusión ha vuelto a mi vida y a la de mis hijos después de muchos años de sufrimiento". A María (nombre ficticio) ya no le tiembla la voz al decir que ha sido víctima de violencia de género. Pese a que lleva apenas dos meses en la familia, su perro les ha devuelto la fuerza que necesitaban después de una experiencia  terriblemente dura. "De no salir, de tener miedo a llevar a los niños al colegio, de estar siempre encerrados", el proyecto de terapia emocional puesto en marcha por la Diputación Provincial de Zaragoza (DPZ) y la asociación Escan ha supuesto "un soplo de aire fresco". Se trata de una iniciativa pionera en Aragón que tiene el objetivo de ayudar a las mujeres que han sufrido maltrato con el apoyo de estos animales, adecuadamente adiestrados, y de los beneficios que producen en los procesos de rehabilitación. Para esta mujer, su perro ha sido una suerte de "superhéroe de cuatro patas" que le ha permitido volver a "sentirse bien". 

El proyecto Escan se basa en el tratamiento psicológico, de modo que el can deja de ser únicamente un propósito terapéutico para convertirse en un apoyo emocional. Para ofrecerlo, la DPZ ha invertido 12.000 euros. No solo beneficia a las usuarias, sino también a los menores que han sufrido los episodios de violencia en su propio hogar. Los lazos afectivos que se establecen y el cuidado diario que necesita el animal, el juego, el cariño, e incluso el simple desplazamiento a los lugares donde se imparten las clases de adiestramiento -que también ofrece la entidad- sirven para mejorar el clima doméstico. Para María, una de las tres mujeres que ya forman parte de la iniciativa en la Comunidad, así ha sido. "Es lo que necesitamos, nos está dando la autoestima que no teníamos porque estábamos machacadas, y creo que debería salir adelante con muchas más personas", resume, junto a otra de las participantes.

Para formar parte del programa, las víctimas necesitan estar en un momento de su recuperación en el que ya se sientan capaces de cuidar de una mascota y tienen que ser compatibles con las implicaciones que supone. Una vez seleccionadas, inician la fase de atención psicológica. Tras las primeras sesiones, comienzan el contacto con los animales y, posteriormente, se inicia el proceso de adiestramiento, que dura unos tres meses. Durante este tiempo, el perro aprende a obedecer órdenes verbales exclusivamente de la mujer. El vínculo que se crea ayuda a la mujer en su rehabilitación y le da las herramientas para afrontar por sí misma su nueva situación vital. En concreto, como ha indicado el coordinador de proyecto, Enrique Cruz, la terapia ayuda a combatir al ansiedad, mejorar la autoestima, gestionar los miedos y hacer frente a la agorafobia, el aislamiento social y la dependencia. 

"Llegas a un momento en el que estás con depresión, tomando medicación, tus hijos lo pasan mal", recuerda María, que asegura que tras este tiempo formando parte del proyecto la situación ha cambiado de forma muy notable para toda la familia. "Antes mi hijo pequeño no hablaba, no quería saber nada de desconocidos ni salir de casa. Ahora me han llamado del colegio diciéndome que ya se ofrece a hablar", cuenta. La situación de su compañera, que como María lleva unos 3 meses junto al perro, un pastor alemán, es muy similar. Ella ha conseguido ganar tranquilidad y seguridad, entre otros muchos beneficios. "Noto que he cambiado bastante, pero mis hijas me lo notan más todavía -resume esta otra usuaria-. Me dicen que me ven feliz". 

Las mujeres que pueden acceder al programa son aquellas que tienen una sentencia condenatoria de violencia de género o el reconocimiento de los servicios sociales, una orden de alejamiento de su agresor en el momento de comenzar la terapia o quienes, tras ser valoradas psicológicamente, lo necesiten por todos los beneficios que les aportaría. La diputada delegada de Igualdad de la DPZ, Pilar Mustieles, explica que este proyecto se ha podido iniciar gracias a la reciente convocatoria de ayudas de la institución provincial, dotadas con un total de 200.000 euros.  

La principal diferencia del programa Escan con otros similares, incide, es "que los animales no se adiestran para atacar y defender, sino para mejorar la situación psicológica" de las mujeres, que conviven con "el miedo a sus agresores, a que salgan de prisión, a que incumplan las órdenes de alejamiento y a las amenazas reiteradas". "Tener a su lado a un perro adiestrado siguiendo patrones como los promovidos por el proyecto les ayuda a empoderarse y a sentirse seguras", sentencia. Además, según ha dicho Cruz, aunque inicialmente se trabaja el aspecto terapéutico, también se pueden implantar actividades de voluntariado, apoyo en la inserción laboral y actuaciones de formación y sensibilización, particularmente en el ámbito educativo. 

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