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Urgencias veterinarias frecuentes: cortes, intoxicaciones y hasta caídas al foso de La Aljafería

En general, las zonas verdes son seguras para los perros, aunque pueden entrañan algunos peligros como la presencia de procesionaria o de cristales rotos.

Berlín, en el parque del Barranco.
Berlín, en el parque del Barranco.
Heraldo

Aunque en la mayoría de las ocasiones los paseos con las mascotas por parques y zonas verdes son de lo más agradables, el entorno no está exento de riesgos para los animales. La principal amenaza durante los próximos meses será la procesionaria, pero los veterinarios atienden habitualmente otras urgencias.

Es frecuente que a las clínicas acudan propietarios cuyas mascotas se han cortado paseando por descampados, jardines o parques con restos de botellas rotas o materiales de obra, por ejemplo. “Las lesiones que se pueden generar van desde laceraciones hasta verdaderas secciones de tejido de espesores variables. Lo bueno es que suelen ser cortes rectos, sin demasiada pérdida de la estructura del tejido, aunque profundos”, explica Isabel Luño, veterinaria de Emvet.

Los veterinarios de esta clínica de urgencias de la capital aragonesa tuvieron que atender hace unos días a Berlín, un border collie de dos años y medio que sufrió un accidente en el lago del parque del Barranco, en Torrero. El animal jugaba en el lago cuando se seccionó varios tendones con un objeto cortante, al parecer, cristales. “Normalmente no dejo que se meta en el agua, pero ese día estuvo jugando allí un rato”, comenta Alberto Ambrós, su propietario. De hecho, la normativa sobre condiciones para la suelta de perros en los parques públicos prohíbe que los animales entren en las fuentes y los estanques, aunque en la práctica es algo que ocurre con frecuencia.

El joven Berlín se recupera de la intervención quirúrgica a la que fue sometido, aunque quedará cojo de por vida. “No sabemos cuánto porque es pronto, aunque en el informe que nos dieron dice que será una cojera de moderada a grave”, explica su dueño, que tampoco sabe si Berlín necesitará más operaciones. Ambrós ha querido hace público lo ocurrido para advertir al resto de dueños sobre el peligro que conlleva que sus mascotas entren en los estanques y para que los ciudadanos vean las consecuencias de dejar residuos donde no se debe.

Berlín se quedará cojo tras el corte sufrido.
Berlín se quedará cojo tras el corte sufrido.
Heraldo

Luño reconoce que Berlín tuvo “muy mala suerte”, porque los daños de cualquier lesión en el agua suelen ser menores, aunque “en biología puede pasar de todo”. Desde el centro de urgencias aseguran que no es habitual que acudan a la clínica perros accidentados en lagos. El mayor riesgo para ellos es beber agua estancada, pues puede provocarles cuadros de vómitos y diarreas y disbiosis intestinal.

"Veo muchas intoxicaciones causadas por personas que ponen venenos"

Mari Carmen Trívez, directora veterinaria de la clínica Zaracán, comenta que ven con frecuencia “muchos cuadros de intoxicaciones causadas por personas a las que no les gustan los animales y ponen venenos, agujas o clavos con comida para que los ingieran”. Algunos canes también sufren gastroenteritis después de haber comido alimentos en mal estado, huesos e incluso piedras o piñas.

De acuerdo con Luño, los perros también pueden sufrir traumatismos jugando con otros perros, peleas entre ellos, reacciones alérgicas o picaduras de insectos. Más llamativas son las caídas en altura desde el foso de la Aljafería. “Lo tenemos al lado, y es una caída típica de perros que visitan por primera vez el parque”, afirma la veterinaria. Los animales, normalmente corriendo o jugando a la pelota, saltan el muro que delimita el foso creyendo que detrás sigue habiendo césped. El daño varía mucho dependiendo de la profundidad de la zona en la que caigan. “Hay desde los que se rompen una uña hasta animales que han fallecido o sufrido daños irreversibles”, añade.

Imagen de los exteriores del palacio, que está siendo escenario de la grabación.
Muchos animales se caen al foso de la Aljafería.
Heraldo.es

Otras consultas estacionales y para tomarse muy en serio son las derivadas de la procesionaria. Estos gusanos pueden provocar desde inflamaciones graves hasta necrosis en la lengua del animal, además de daños renales y hepáticos. Si el perro, además de lamer o acercarse al gusano, lo ingiere, puede sufrir lesiones en el estómago. Por desgracia, tanto Luño como Trívez coinciden en que este año la temporada se ha adelantado. “Ya hemos tenido al menos cinco o seis casos, y normalmente se dan más para abril”, explican desde Zaracán.

El nerviosismo, la hipersalivación y la hinchazón del hocico y la lengua son señales de alerta. En cualquier caso, es necesario acudir a un centro veterinario lo antes posible y, mientras, lavar la lengua del animal sin frotar o aplicar frío local.

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