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La aventura de dos vecinas del centro de Zaragoza por salvar a unos patitos en pleno confinamiento

Una familia de ánades reales quedó atrapada en el patio de un bar cerrado de la plaza de Los Sitios

El ánade real rescatado en la casa de María junto a cuatro patitos, de los que quedan ahora dos.
El ánade real rescatado en la casa de María junto a cuatro patitos, de los que quedan ahora dos.
Heraldo.es

María y Lola han estado estos días más entretenidas de lo que se le supone al confinamiento. El motivo, una pata que anidó en un patio cerrado cercano a sus respectivas viviendas y que mantenía a los pollitos atrapados, sin poder acceder a agua.

En realidad, esta pata es ya una vieja conocida de María y su historia en común se remonta a hace un año. Entonces, esta vecina de la zona de la plaza de los Sitios de Zaragoza vio cómo una hembra de ánade real anidaba sin que ella se diese cuenta entre las plantas de un pequeño patio ajardinado que tiene en la parte trasera de su vivienda. Proviniente, a buen seguro, del cercano río Huerva, María se afanó entonces, en contacto siempre con la Unidad Verde del Ayuntamiento de Zaragoza, en sacar adelante a la pollada, compuesta por nada menos que de 13 ejemplares. "Los expertos me dijeron que si trasladaba los huevos de sitio, la madre los repudiaría", recordó María.

Así, mientras la madre alimentaba  a su pollada por sus propios medios (son animales salvajes protegidos) y les proporcionaba calor, el papel de María fue el de suministrarles agua, lo único que les faltaba en el patio, fuera del entorno natural de cría que hubiera sido el río.

Hace un año, 12 de las 13 crías se salvaron y acabaron volando libres.

Con esta misión cumplida, María decidió este año podar a conciencia sus plantas para evitar el regreso del ánade: "Me dijeron que son muy tercos".

Pero la vida ha vuelto a reunir a María y la pata, con el problema añadido del confinamiento.

Cuál fue la sorpresa de María cuando, a través del cristal que da al patio, vio cómo la pata del año anterior le reclamaba ayuda. "Por cómo se movía, acercándose al lugar donde el año anterior les ponía agua, se notaba que recordaba el lugar", cuenta María. Había anidado en un patio contiguo al de María, perteneciente a un bar cerrado. Lola, una vecina de María que vive en pisos superiores, confirmó la presencia de los polluelos, a los que les faltaba imperiosamente el agua. Sin posibilidad de acceder, María se afanó en echarles agua con una manguera.

Entre ella y su vecina, de nuevo al habla con la Unidad Verde, se pudieron, tras realizar varias gestiones, conseguir las llaves del local vacío.

La Policía Local fue la encargada de rescatar finalmente a los polluelos. Solo cuatro.

Ya en el patio de María, quedaba esperar al regreso de la madre, que salió asustada por la presencia de los agentes y el traslado de sus crías.

A estas horas, la madre ha regresado al patio que tan bien conoce, pero sobreviven solo dos de los patitos. Menos es nada.

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