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Zaragoza

aragón, pueblo a pueblo

Cinco Olivas, feliz y a vueltas con sus meandros

El Ebro atraviesa majestuoso este término municipal que alberga un magnífico embarcadero, molino aceitero restaurado, edificio de exposiciones y la casa familiar de dos grandes chefs.

Cinco Olivas está en un lugar privilegiado de los meandros de la Ribera Baja del Ebro. La localidad está rodeada por canteras de alabastro, una nutrida huerta –las higueras menudean– y al fondo, los Monegros; un paisaje maravilloso y cambiante que atraviesa el gran río, que a finales de junio presenta una tonalidad verde. Felisa Sanjuán, la alcaldesa de CInco Olivas en las últimas tres décadas (llegó al cargo en 1991, y también es presidenta de la comarca) vive de cara al río. Sufre cuando divisa las algas que emergen en el estío, y disfruta con la calidad del agua de boca canalizadas hasta el pueblo desde las cumbres pirenaicas. "Eso sí, aún estamos pagando la obra, que se hizo con fondos europeos a un 85-15, pero valió la pena por el abastecimiento a todos los pueblos de la zona". Felisa nació en Zaragoza, pero el amor le trajo a Cinco Olivas hace 38 años; se ha mimetizado con los meandros y el pueblo que gestiona de tal modo que ahora mismo no quiere saber mucho de la capital de la provincia. "No me gusta estar allá, voy cuando tengo que ir, pero incluso si las reuniones son tarde, vuelvo. Zaragoza es el tragachicos, además, todos los jóvenes acaban yendo allá".

Hay una quietud diferente en este pueblo, que tiene algo de mágica; el sordo trasiego del río es un factor, así como la lejanía de las carreteras populosas; solamente los pájaros rompen de cuando en cuando este silencio, y cada vez hay menos. "En el término no hay industria ni negocios, excepto el bar; el muchacho que lo lleva también lleva las piscinas en verano y se encarga de la potabilizadora. Y si se tercia, entra de cuarto en la partida de guiñote", puntualiza Miguel Ángel García, teniente de alcalde.

El embarcadero fluvial es una joya para el pueblo, y Felisa presume de logro; se inauguró hace 19 años. "Costó mucho, de hecho es el primero completamente legal de Aragón; supuso 7 años de lucha, con el factor en contra de la margaritífera auricularia, el famoso mejillón. No el cebra, ojo, hablo del que se extrae el nácar. Al final, tras muchas charlas con la Confederación, conseguí echar adelante la obra". Felisa es de armas tomar; amagó con el plante en la sede, harta de tantos intentos infructuosos. Por otra parte, el molino de aceite, que pertenecía al Conde de Sástago, lo compró el pueblo con la idea de que se montara allá algún tipo de negocio hostelero; de momento se ha dispuesto allá un espacio lectivo. También se intentó poner en marcha un servicio de piraguas; Ebronautas estuvo un año valorando el proyecto, pero no prosperó; arriba del edificio preparado para las piraguas se hizo una sala de exposiciones. "Nos faltó el punto emprendedor, ningún vecino nos metimos a fondo en esa idea –reconoce la alcaldesa– pero no era tarea fácil; de todos modos, se podía haber combinado con otros atractivos de la zona, como Rueda o Lépida Celsa, pero nos falta restauración y servicios para sostener una oferta turística".

Carmen Simón, nueva concejal, ya había colaborado con el municipio. "Hay bastantes pequeños, no tantos jóvenes, pero sí hay colaboración con las diferentes iniciativas; se cuida tanto la semana cultural, que acaba de celebrarse, como las fiestas de agosto, en honor a San Blas, aunque la fecha del santo sea en febrero y también se celebre en esa época. Por otro lado, en verano se montamos una iniciativa, las ‘divervacaciones’; la maneja Carolina Aparicio, encargada de la ludoteca cada viernes durante todo el año".

Felisa pone el dedo en la llaga de un problema que se extiende a otros pueblos de la zona; los pescadores furtivos en el Ebro. "Estamos intentando hacer un coto, pero aun así no es fácil vigilar cada curva del río; a Escatrón por carretera hay apenas 8 kilómetros, pero en el agua se recorre muchísima más distancia, y no todos los puntos son visibles desde fuera. Hay más unidades de la Guardia Civil, es cierto, pero no basta. Los pescadores acampan, dejan residuos, hacen fuego sin control, ‘cosechan’ de los campos que se encuentran… hace poco hubo un accidente con dos en una barca, fue necesario hacer un rescate complejo, con bomberos involucrados. En este meandro nuestro, además, hay una lámina estanca, y las algas pueden atrapar a cualquiera".

Los gemelos Torres: ases de la cocina, orgullo de Cinco Olivas... y de su señor padre

José Torres es el padre de los famosos chefs gemelos que han protagonizado varios espacios televisivos; vive en el pueblo, junto a la balaustrada del río, y aunque es más mesurado en la expresión y el lenguaje corporal que sus hijos, tiene soterrado el sentido del humor del que hacen gala sus ‘chavales’. El fin de semana pasado, los dueños del restaurante barcelonés Cocina Hermanos Torres estuvieron visitando a su padre a orillas del Ebro: aunque Sergio y Javier nacieron en la Ciudad Condal en 1970, consideran a Cinco Olivas como su pueblo y se encargan de pregonarlo a los cuatro vientos cada vez que tienen ocasión. José tiene en la entrada de su casa un espacio decorado y habilitado como peña, con abundantes referencias visuales y mediáticas de sus hijos. Antes de recibir durante el fin de semana a sus vástagos, José –que también se aventura a menudo en los fogones– andaba afanado pelando almendras, con musicón techno de fondo: un curioso contraste en el que parecía estar la mar de relajado. "Es que prepararemos un buen bizcocho. La verdad es que Sergio y Javier empezaron pronto con la cocina, nada más terminar el colegio, les encantaba y ya ves, esa afición se hizo profesión y les ha llevado por todo el mundo. Yo me centro en mi especialidad, la paella; me sale bien, ya sea de mar o montaña. Eso sí, recomiendo visitar su restaurante en Barcelona, y puedo decirlo con propiedad porque he estado. Tienen una receta con cebolla de Fuentes y salsa de almendras que es una maravilla, y la presentación es además muy bonita; guardo muchas fotos de sus creaciones".

En datos

Comarca: Ribera Baja del Ebro

Población: 112

Distancia a Zaragoza: 64 km

Los imprescindibles

El molino aceitero

Recientemente restaurado, reconstruyó su viga principal y acondicionó su interior. La antigua prensa se aloja en el espacio central. En un extremo se encuentra la piedra con el husillo de madera original cuya rotación hacía palanca.

Sala de exposiciones

Junto al embarcadero, en la parte superior del edificio en el que se albergaron en su día las piraguas destinadas a un negocio de paseos por el Ebro, hay una coqueta sala de exposiciones con fotos añejas de la localidad.

La parroquia de Santiago

Es una iglesia barroca del siglo XVII, de planta de cruz latina, con capillas laterales, torre a los pies en el lado del evangelio y pequeña sacristía adosada a la cabecera. Está levantada en algunas zonas sobre zócalo de piedra.

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