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Zaragoza

patrimonio

La fuente de los Incrédulos, un regalo con sorna

Junto a las esclusas de Casablanca, en Zaragoza, se encuentra este pilón de líneas sobrias y sencillas. Una fuente que une varios estilos artísticos y que fue mandada levantar por Ramón de Pignatelli, tras la construcción del Canal Imperial.

Junto a las esclusas de Casablanca, en Zaragoza, se encuentra este pilón de líneas sobrias y sencillas. Una fuente que une varios estilos artísticos y que fue mandada levantar por Ramón de Pignatelli, tras la construcción del Canal Imperial.

Es un día laborable por la mañana. La lluvia, cuando arrecia, ahuyenta a un par de jubilados que estaban sentados en los bancos de piedra de la Fuente de los Incrédulos. No es un lugar muy concurrido de la capital aragonesa. De hecho, el vandalismo ha campado a sus anchas y ahora impide que el agua mane de sus caños: cuesta creer que la Fuente de los Incrédulos funcione.

También era difícil creer que el Canal Imperial iba a ser una realidad. Los retrasos en su construcción son el origen de la fuente, de ahí su nombre. Duraron dos años más de lo previsto, por lo que en noviembre de 1786 quedó todo inaugurado: tanto las esclusas, como un molino de harina y el puerto de Torrero. Ramón de Pigantelli, impulsor del proyecto, la regaló a la ciudad como “pequeña venganza” a su incredulidad. Por ello, “pocos días después se instalaba la primera fuente mandada montar por Pignatelli como prueba de la llegada de las aguas a Zaragoza”, reza en documentos municipales. En su inscripción se puede leer: "D.O.M. Incredulormn convictione et viatorum commodo anno MDCCLXXXVI”, es decir, “para convencimiento de los incrédulos y descanso de los viajeros. Año 1786”.

Para convencimiento de los incrédulos y descanso de los viajeros

Tras este simbólico significado se esconde la primera fuente pública zaragozana con agua del Canal Imperial de Aragón. Servía de abastecimiento para los viajeros que circulaban por el camino real que se dirigía hacia Valencia y Madrid, según se extrae de documentos del Ayuntamiento de Zaragoza.

El agua discurría desde el par de caños hasta las pozas de piedra caliza de cantería de tonos blancos. En el conjunto destaca el cuerpo principal, macizo. También llaman la atención los esbeltos trofeos que rematan la parte superior, son “jarrones clásicos característicos del gusto de la época ilustrada”, tal y como detalla el Sistema de Patrimonio Cultural de Aragón (SIPCA). Gran parte de la fuente está recubierto con escamas de pez, una textura que desluce con grafittis.

A pesar de todos estos elementos es una fuente sobria y sencilla, que está “a medio camino entre el barroco-clasicista y el neoclasicismo”, como coinciden varias fuentes históricas. Se desconoce el autor del proyecto. En la ficha histórico artística se señala que “probablemente fuera obra de Fernando Martínez Corcín, director facultativo de las obras del Canal Imperial en el momento de la creación de la fuente”.

Este elemento da testimonio del éxito de las obras del canal, como una gran obra de ingeniería hidráulica, tras el escepticismo general que cundió por la capital aragonesa y cuestionó su construcción.

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