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Zaragoza

sucesos

Un testigo protegido dice que le ofrecieron 500 € por arrojar ácido al menor de Caspe

El juez envía a prisión a la cuñada del herido y al tío de esta como inductores del asesinato frustrado

ARAGON DETENIDO CASO ACIDO JUZGADO DE CASPE / 23-05-2019 / FOTO:ARANZAZU NAVARRO [[[FOTOGRAFOS]]]
ARAGON DETENIDO CASO ACIDO JUZGADO DE CASPE / 23-05-2019 / FOTO:ARANZAZU NAVARRO [[[FOTOGRAFOS]]]
M. A. Coloma | Marta Garú | ARANZAZU NAVARRO

Las sospechas y los rumores que circulaban entre los vecinos de Caspe se han cumplido. Desde el pasado 3 de mayo, cuando se enteraron de que un encapuchado había arrojado ácido a la cara de Kamal M., de 17 años, cuando se dirigía a su casa tras salir del instituto, ya empezaron a atar hilos y a relacionar a José G., alias el Recortao, de 41 años y con antecedentes por tráfico de drogas, con la salvaje agresión. Muy pronto descubrieron que el adolescente era el hermano pequeño de Yhaya M., marido de su sobrina Sara G., de 26.

"La ha abandonado, lo andan buscando, no lo han encontrado y ahora se han vengado", era el runrún entre los vecinos. Y realmente había sucedido algo parecido a lo que ha descubierto la Guardia Civil, que ayer dio por resuelta esta cruel tentativa de asesinato.

Yhaya M., de 33 años, se marchó de Caspe el 31 de enero. Su mujer, Sara G., denunció su desaparición en el cuartel y la asociación Sos Desaparecidos publicó su fotografía. Ella transmitió que se trataba de una ausencia involuntaria, pero pronto los agentes averiguaron que no era así: el propio Yahya les llamó para decir que se había ido a Alemania voluntariamente.

Pero eso no hizo desistir a su mujer ni a José G. de su empeño en que regresara a Caspe, supuestamente para que se divorciase de Sara G. Incluso se trasladaron hasta el país germano para localizarlo, pero no lo encontraron. Como recordó ayer la Guardia Civil, al no conseguir su propósito, tío y sobrina dieron un ultimátum a la familia del marido y la amenazaron con hacer daño a alguno de sus integrantes. Además del divorcio, parece que detrás hay una deuda por drogas de Yahya con unos colombianos que habrían amenazado a su mujer y él no habría dado la cara por ella.

Los días fueron pasando, Yahya no volvió y comenzaron a tramar su venganza. Esta iba a consistir en un ataque con ácido al pequeño de la familia, Kamal, un estudiante con buenas notas, perfectamente integrado en la sociedad caspolina y que este año pensaba ir a la Universidad.

Según las investigaciones, durante un tiempo estuvieron buscando al sicario que ejecutara su plan. Ellos se encargarían de comprar el ácido y de señalar a la víctima. Tal y como han puesto de relieve dos testigos protegidos de la causa, que instruye el juzgado de Caspe, el Recortao y Sara G. contactaron con ellos para que fueran su brazo ejecutor a cambio de 500 euros y un poco de cocaína, pero lo rechazaron. También se lo propusieron a una mujer de 47 años que trabaja en la casa de José G. cuidando a uno de sus familiares. Esta mujer rehusó, pero no dijo nada del terrible plan, lo que ha llevado a los investigadores a detenerla por encubridora. Creen, además, que se encargó de asegurarse de que el joven fuera a clase el día que se cometió la agresión y que lo hizo y no contó nada porque había sido amenazada con sufrir daños personales.

Un conocido de prisión

Al final, el Recortao dio con el candidato: Aitor G. G., de 37 años, un expresidiario con antecedentes al que había conocido en la cárcel. En esos días estaba viviendo en Zaragoza, comiendo de caridad y durmiendo donde podía. José G. negó ayer ante el juez cualquier relación con la agresión, pero admitió que contactó con Aitor G. G. porque sabía que era albañil y necesitaba que le hiciera una reforma en Caspe. Pero según ha concluido la Guardia Civil, este hombre no tuvo ningún escrúpulo en esperar al chaval, tirarle el ácido a la cara y arruinarle la vida para siempre.

Con lo que no contó el presunto autor material de la agresión fue con que el líquido corrosivo le salpicase a él a la cara y las manos. Unos días después, José G. y Sara G. lo acompañaron a curarse a un hospital de Huesca en un coche probablemente conducido por otro de los investigados en la causa y que normalmente hacía de chófer del Recortao.

Su sobrina también rechazó ante el juez la acusación de tentativa de asesinato y dijo que el día de la agresión ella estaba en un bar con más gente que lo puede atestiguar. A pesar de las declaraciones de tío y sobrina, que hicieron asistidos por el letrado Juan Carlos Macarrón, el juez los envió a prisión investigados por asesinato en grado de tentativa, amenazas de muerte, coacciones y pertenencia a grupo criminal. La encubridora quedó en libertad, igual que otro investigado. 

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