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Val de San Martín, pueblo rico en seres humanos

Un grupo de vecinos mayores, que cuenta con el amparo de Amparo Sebastián para las pequeñas cosas del día a día, hace de esta localidad darocense un agradable remanso de paz.

Por el coqueto bar de Val de San Martín, que se llena en los fines de semana, pasan a diario cuando el tiempo lo permite un grupo de vecinos que aprovecha para charlar un rato al abrigo de un espacio del que están orgullosos. Petra Santos, Amparo Sebastián, Vicenta Sánchez, Isabel Bello, Hilario Sebastián, Felicidad Blasco, César Santos; hoy son los siete magníficos, aunque el número es variable, igual que sus edades y circunstancias. Amparo, alguacil del pueblo, echa un ojo por todos. Y todos le reconocen el esfuerzo y el cariño, que ella acepta con modestia.

Petra se casó en Val de San Martín, y aquí vive con uno de sus dos hijos, ocupado en el trabajo del campo. "Soy viuda, mi hijo está aquí conmigo y mi hija cerca, trabaja en Daroca. Me gusta el pueblo y, al mismo tiempo, también disfruto viajando lo que puedo. El último viaje que hice fue a Roma, a ver al Papa, una experiencia maravillosa; hace dos años estuve en Tierra Santa. De vez en cuando me apunto a las salidas con la Asociación de La Carra, de Daroca. Y aquí no fallo a la partida de rabino por las tardes cuando vienen las amigas de Zaragoza".

En el pueblo hay una asociación cultural, Amigos de Val de San Martín Peñas Altas, que nació en noviembre de 2007. El bar se renovó hace cuatro años y funciona de maravilla. "Cada año lo lleva la comisión de fiestas; los fines de semana y los festivos se encarga uno de la comisión, y cuando no hay ninguno, el primero que llega se encarga –explica Amparo– y yo me encargo de limpiarlo". El pueblo tiene una media de edad alta, pero han llegado nuevos vecinos que la bajan un poco, como una chica tarraconense y un zamorano que viven en las antiguas casas de los maestros, y trabajan en Daroca y Calamocha. Amparo está para hacer de todo un poco. "Llevo 40 años en Val de San Martín, y mis hijos ya no fueron aquí a la escuela. Soy de Balconchán, aquí cerca, pero llevo más tiempo aquí que en mi pueblo. Estuve cinco años en Daroca, trabajando en ‘los Romeros’, antes de casarme; luego tuve a mis hijos y desde hace 12 años hago de alguacil. Quería un trabajo que me permitiera quedarme en Val de San Martín, y muy a gusto".

En invierno, los vecinos suelen juntarse para una andada hacia las cuatro de la tarde, que con el buen tiempo y el alargamiento del día se retrasa a las cinco y media, siempre por donde no pega el aire. A veces se llegan hasta el pantano, al pie de las Peñas Altas. "Es más bien una balsa, pero majo –dice Petra– y está ahí para coger agua si hay incendios". "Antes se bañaban y algo se pescaba –apunta Isabel– pero ahora ya no tanto".

Vicenta es turolense, de Torrelacárcel. "Me casé hace 19 años, llevo 25 en el pueblo y bien a gusto. Cuidé a mis suegros, que ya fallecieron, y aquí estamos mi marido y yo. Con todos me llevo bien. Trabajé en Teruel, Valencia y Zaragoza antes de casarme; me encanta leer, pintar y coser".

Isabel es la madre de José Luis Sebastián, el actual alcalde. "Cuidé a mis hermanicas de 10 años y unos meses cuando murió mi madre, yo tenía 14 y fue muy duro, pero luego la vida me regaló una familia maja, a mi marido Hilario y cinco hijos preciosos que están en Zaragoza, Romanos y Daroca, vienen mucho a vernos; cuando marchan se queda la casa muy vacía, pero en los fines de semana siempre hay alguno o más de uno con nosotros, el viernes siempre hay alguno a cenar ya. El invierno es muy crudo y cuesta más salir de casa; en casa no se pasa frío y estamos bien a gusto".

Aunque Daroca está muy cerca, a dos pasos, Feli recuerda que en el pueblo hay tienda. "Se abre en invierno y verano, Amparo la lleva". La aludida aclara que está abierta un par de días a la semana en invierno y tres en verano, con cosas básicas, pero bien surtida. Todos presumen de lo cuidadas que están la mayoría de las casas, y los mayores piropos se los lleva la fachada de Jesús, "un mozo más joven que nosotros que es muy hábil con los adornos, acaba de poner una Virgen del Pilar en el frente de su casa que es una maravilla".

Las conversaciones entre el septeto se reparten entre los planes de la semana, el tiempo, los recuerdos y algunas bromas. Val de San Martín tiene un tesoro en todos ellos.

Casi siete décadas juntos: Feli y César, Isabel e Hilario, con las ganas intactas de quererse

A Feli Blasco y su prima hermana Isabel Bello no se les apea la sonrisa de la cara. Sentadas en el bar, escuchan la conversación de sus vecinos y meten baza cuando se tercia, siempre con respeto a las voces de los demás. Feli lleva 68 años con César, al que mira con devoción. Para Isabel son 64 las vueltas al sol junto a Hilario, que anda en Daroca de recados y se une a la tertulia algo más tarde. Ambas se proclaman las mujeres más felices del mundo: Feli, además, lo repite varias veces. "Mi marido es el mayor de aquí", dice Isabel. César, de 88 años, recuerda que le saca un añico a Feli. La interpelada no se cansa de piropear a su César. "Me cuida como si fuera una niña pequeña, hemos ido a muchos sitios bonicos; mis hijas son preciosas y muy listas, están bien colocadas en Zaragoza, como sus maridos", asegura Feli. César ofrece detalles. "Hemos estado hasta en México, también en Francia, en Italia todo el día con los fideos –bromea– pero aunque está muy bien, como en casa, nada; mucho comistrajo por ahí", bromea. A César le brillan los ojos. "¿Sabes que tenemos aquí el misterio de la chaparra al sol? Es fácil de entender; cuando éramos críos no llevábamos reloj, pero cuando el sol pegaba al frente a la chaparra, era justo mediodía. Son cosas útiles para uno que trabajó en el campo desde los 14 años, 21 con las caballerías, 50 con el tractor; ahora llevo 3 que nada de nada, ya no trabajo más. Aparte de mi mujer, lo que más me gusta del pueblo es lo bien que me siento en él". Hilario asiente y sonríe. Luego posa ufano junto al campo de fútbol sala, sentado sobre una piedra.

En datos

Comarca: Campo de Daroca.

Población: 64.

Distancia a Zaragoza, su capital de provincia: 97 km.

Los imprescindibles

El pantano

No tiene nombre concreto, aunque está bajo las llamadas peñas altas, en un paseo de algo más de un kilómetro desde el pueblo. Tiene una larga pasarela y escalones de madera desde el camino para poder acceder a ella.

Nacho Sebastián

Isabel Bello habla orgullosa de su nieto Nacho, que ha sido remero del equipo español de edades durante los últimos años, sin dejar los estudios. Recuerda que fue campeón de España; el palmarés incluye medallas de plata europeas.

Patrimonio religioso

La iglesia parroquia está consagrada a Santa María la Mayor. Hay varios peirones: San Antón, San Blas, San Roque y San Quílez, en el cerro de San Quirico (1.300 metros), donde se llega en romería una vez al año.

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