Zaragoza

Opinión

Anchoas y chuletón

cubero
El concejal de ZEC Alberto Cubero.
José Miguel Marco

Uno ha visto tantas cosas en esta sociedad actual, particularmente en estos últimos años convulsos y de baja política -ni vieja ni nueva-, que sabe a ciencia cierta que hasta ser pobre tiene como mínimo el precio de la dignidad. O que presumir de científico te obliga a no fallar jamás dos de las tres preguntas del test que te pones a ti mismo para demostrar que eres guay del Paraguay. O de por allí. Pues nada, hay quien sigue erre que erre.

Cuando no es Echenique el que suspende en geografía y demuestra que sigue conociendo muy poco la tierra que dice representar, es su primo Cubero -el del Ayuntamiento de Zaragoza, rival del alcalde Santisteve cuya poltrona ansía- quien la lía con una factura de 87 euros por anchoas de Santoña y chuletón para tres personas, que nunca se ha pagado con dinero público. Todo para denunciar, sin más pruebas ni argumentos, supuestos sobrecostes de 300.000 euros en las cuentas de una contrata municipal con la que, de una vez por todas, debería explicar su obsesiva relación. Ni Revilla manipula tanto con las anchoas.

La consecuencia es que Zaragoza, quinta capital de España, va camino de ser una ciudad de pandereta. Un destino artificial y tristemente empequeñecido por quienes vociferan mucho y no hacen nada. No es que hayamos perdido cuatro años, es que hemos retrocedido bastantes más. En este aspecto, hasta aquellos noventa en los que intentamos sacar los colores a la bandera de Japón cuando unos empresarios nipones vinieron a sondear inversiones millonarias y, como presente institucional, se llevaron una botella de Vega Sicilia. Fue tal la que se montó, que acabaron devolviéndola por dignidad y por vergüenza ajena.

Nunca más se supo de ellos.

Etiquetas