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El puente de Santiago, escenario de fotos y atascos

En los años cuarenta se ideó por primera vez para favorecer la comunicación entre las dos márgenes. Se hizo realidad dos décadas después, ante el estado de los históricos puentes y el progresivo crecimiento de la ciudad

El puente de Santiago, escenario de fotos y atascos
El puente de Santiago, escenario de fotos y atascos

El puente de Santiago es considerado uno de los iconos de la capital aragonesa. Pocos de los turistas que visitan la ciudad se resisten a fotografiarse desde allí con la basílica de fondo. Algunos menos son los vándalos enamorados que cierran el amor en su barandilla con un candado y tiran la llave al Ebro. Pocos vecinos de Zaragoza se han librado de un eterno atasco en este paso que, precisamente, se concibió para descongestionar el tráfico de otros puentes. Más de medio siglo después de su multitudinaria apertura, el 13 de marzo de 1967, y tras las últimas remodelaciones se puede cruzar también en tranvía, por carril bici, circulando por la calzada o a pie.

A pesar de que se inauguró en la década de los 60, la primera vez que se planteó la construcción de este puente fue en 1943. “Es en el Plan General de Ordenación Urbana que redacta Regino Borobio Ojeda, José Beltrán Navarro y José de Yarza García”, apunta Jesús Martínez Verón en su obra ‘Zaragoza. Arquitectura. Siglo XX’. En este documento, como también referencia Martínez Verón, se ideó una arteria que partiera de la Puerta del Carmen, atravesara el casco histórico y cruzara el río. A partir de ese punto continuaría por la avenida de los Héroes y se prolongaría hasta la Academia General Militar.

Aquel proyecto dio lugar a un par de arterias clave para la comunicación de Zaragoza. Según las actas del XIII coloquio de arte aragonés, “este puente tendría su continuidad en ambas márgenes, ya que en la derecha se constituía como prolongación de la avenida de César Augusto y por la izquierda como arranque de la avenida de los Héroes –de los Pirineos–”.

Durante la primera mitad del siglo XX el número de vecinos de la ciudad creció y los barrios estaban en expansión. Un desarrollo que también era industrial, como se reflejó en los polígonos de la margen izquierda. El estado de conservación del puente de Piedra y de hierro no permitía una comunicación fluida entre ambos lados del Ebro.

Este contexto favoreció a que en marzo de 1957 el alcalde Luis Gómez Laguna propusiera la construcción de un nuevo puente, en sustitución de la pasarela metálica que se ubicaba en las inmediaciones. Ese era el puente de Santiago, tal y como señala Martínez Verón, una “infraestructura necesaria”. “Servía para desahogar parte del tráfico pesado de Madrid-Barcelona próximo al polígono industrial de Cogullada”, se indica en ‘Zaragoza. Arquitectura. Siglo XX’.

Fue proyectado por el ingeniero de Caminos Tomás Mur Vilaseca. En ‘La ciudad de Zaragoza de 1908 a 2008’ se menciona que “se barajaron distintas soluciones, sopesando para ello condicionantes presupuestarios y técnicos”. Al final, se optó por la construcción de un paso sobre dos arcos de más de 60 metros de luz y casi 9 de flecha cada uno. En las mencionadas actas se confiesa que esas características causaron “extrañeza y en principio un cierto rechazo, ya que, tradicionalmente, los puentes se construían sobre un número impar de arcos –con el central más ancho que los laterales–, ya que estéticamente resultaba más adecuado”.

Esa concepción también era diferente a la estructura peatonal que se ubicaba en el mismo lugar hasta la construcción del nuevo nexo. El de Santiago es un puente que ha sido adaptado a las distintas necesidades que han surgido en Zaragoza. Una personalidad que se forjó desde que se levantó, hace más de cincuenta años.

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