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Zaragoza

Tres mujeres aragonesas, contra el efecto Matilda

Alicia Asín (Libelium), María López (Bitbrain) y Rosa Monge (BEOnChip) cuentan en el ciclo #Cámara-WTech su experiencia como pioneras en convertir la tecnología en el eje de la actual revolución de la innovación.

Arriba, a la izquierda, Alicia Asín, y a la derecha, Rosa Monge. Abajo, María López
Arriba, a la izquierda, Alicia Asín, y a la derecha, Rosa Monge. Abajo, María López
O. Duch/R. Labodía/G. Mestre

Pocos saben que el primer programador de la historia fue una mujer, Ada Lovelace, y que las féminas ocuparon lugares preeminentes en los primeros pasos de la informática; o que en 1962 les dieron el Nobel de Medicina a James Watson, Maurice Wilkins y Francis Crick por el descubrimiento nueve años antes del ADN gracias en gran medida a los trabajos de una mujer, Rosalind Franklin, pero a ella no se lo dieron. Tampoco es conocido que los equivalentes a los Nobel en el campo de la tecnología, los Turing Awards, se conceden desde 1966 y solo los han ganado dos mujeres en solitario (Frances Elizabeth Allen, en 2006, y Barbara Liskov, en 2008), y una tercera 'exaequo' con un hombre (Shafrira Goldwasser, en 2012). Y solo hay una ganadora de la Medalla Fields en Matemáticas, que se otorga desde 1936: Maryam Mirzakhani, en 2014. El prejuicio tiene un nombre, efecto Matilda, y se trata de la tendencia a menospreciar los logros científicos si han sido llevados a cabo por mujeres.

Con el reto de atraer a más féminas a la tecnología, mujeres aragonesas con destacados logros en el ámbito de la innovación, la digitalización y el emprendimiento protagonizan el Ciclo #Cámara-WTech, una iniciativa que apuesta por una sociedad más inclusiva, por incrementar la presencia de mujeres en el sector digital y por aumentar la competitividad empresarial y la colaboración entre todos los talentos. En el segundo de los tres encuentros previstos, tres mujeres destacadas en este campo se reúnen el día 21 en la sede de la Cámara de Comercio de Zaragoza para debatir sobre 'La revolución de la innovación, confluencia mujer y tecnología', y cada una de ellas lanzará al aire su visión sobre lo que la presencia femenina en este sector puede hacer de bueno por la sociedad. Son Alicia Asín, ingeniera informática, cofundadora y consejera delegada de Libelium; María López, doctora y socia fundadora y CEO de Bitbrain, y Rosa Monge, ingeniera industrial y cofundadora de BeOnChip.

Según la octava encuesta de percepción social de la ciencia, que realiza la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología, el interés de las mujeres por el mundo científico aumentó del 9,9% en 2014 al 13,7% en 2016. Sin embargo, la presencia femenina en el sector de las Tecnologías de la Información, por ejemplo, apenas ha aumentado un 4% en 20 años (del 33% en 1999 al 37,4% en 2017), conforme a datos de la Asociación Multisectorial de Empresas de Tecnologías de la Información, Comunicaciones y Electrónica, Ametic. “Falta impulsar las vocaciones hacia carreras técnicas porque las chicas de hoy carecen de espejos en los que mirarse que les sirvan de ejemplo. Todo el mundo sabe en qué consiste el trabajo de un médico, de un abogado o de un profesor, pero difícilmente imaginan cuál es el día a día de un ingeniero”, asegura Alicia Asín.

Combatir estereotipos

Porque, ¿cómo hacer que las jóvenes se interesen por la tecnología? A juicio de María López, la empresa es complicada porque se trata de un problema “de estereotipos, difíciles de combatir y cambiar en el corto plazo”. “Si pedimos a cualquiera que piense en una persona que desarrolle software, la mayoría va a pensar en un hombre, y mientras eso no cambie será muy difícil que nuestras jóvenes se interesen en ser desarrolladoras de software”, explica la CEO de Bitbrain. Asín añade que en el entorno educativo faltan profesores que contagien entusiasmo por asignaturas técnico-científicas, como matemáticas, física o química, que son las que luego derivan hacia carreras técnicas. Rosa Monge pone el ejemplo de su propia empresa, de la que son tres los promotores: un físico, un biólogo y ella misma, única mujer e ingeniera industrial de profesión. “Si no lo especificábamos claramente, todo el mundo asumía que yo era la bióloga, no la ingeniera y además la líder del proyecto”, asegura. Y todo porque, a juicio de estas tres mujeres, falta una educación en igualdad que debe empezar desde edades tempranas.

¿Acaso se educa distinto a un niño que a una niña? “Dudo mucho de que los padres eduquemos de forma consciente en la desigualdad, pero estoy convencida de que inconscientemente les cortamos las alas a nuestras hijas”, asegura López, madre de una niña de 6 años y de un niño de 8 a quienes intenta educar de manera similar e incluso les ha transmitido su interés por la informática. “Pero darle ese tipo de educación a Adrián nos sale de forma natural, ya que asumimos que son cosas que le interesarán y se le darán bien. Sin embargo, tenemos que recordarnos que Paula también es capaz y puede tener interés en ellas. Y efectivamente, tiene interés y se le dan bien. Y si esos sesgos no conscientes me ocurren a mí, que estoy súper acostumbrada a la tecnología y concienciada con la igualdad, ¿qué no ocurrirá con otros padres?”, razona.

Según las cifras de Eurostat, el porcentaje de mujeres matriculadas en estudios STEM (Ciencias, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas, en sus siglas en inglés) es solo del 7,8%, tres veces menos que en el caso de los hombres. Por ejemplo, la presencia de las mujeres es casi testimonial en titulaciones como ingeniería de computadores (10,3% del total de alumnos matriculados), desarrollo de software y aplicaciones (11,1%), desarrollo de videojuegos (11,9%) o informática (11,9%), según datos del Ministerio de Educación del curso 2016/2017. “Es fundamental en el desarrollo igualitario el acercamiento a las carreras STEM”, afirma Monge, pues las empresas tecnológicas advierten desde hace tiempo de la necesidad de que se creen más perfiles en este sentido, “ya que hay un déficit importante y van a ser imprescindibles para avanzar en la revolución tecnológica”, añade López. “Y si rompemos los tabúes y las mujeres se incorporan en estos perfiles, estaríamos aumentando la fuerza de trabajo en esta dirección, lo que sin duda repercutiría en la economía del país”.

Pobre representación femenina

Pese a todo, el informe 'Mujer & Tecnología 2018' presentado por UGT el pasado mayo revela que, según datos de Eurostat, la mitad de las empresas españolas que cuentan con profesionales TIC no tiene a ninguna mujer entre estos especialistas. Además, apenas el 17,4% de los trabajadores del sector tecnológico son mujeres, según las estadísticas del INE. Las cifras son todavía más desalentadoras si hablamos de programadoras (13%), puestos relacionados con la ciberseguridad (7%) o profesionales de la industria del videojuego (17%). Y la brecha salarial entre hombres y mujeres se sitúa en el 22,4% a favor de los primeros. “La conciliación familiar y el fin del techo de cristal empiezan por compartir responsabilidades y cargas domésticas al 50%. No siempre tiene que ser ella la que renuncie a su carrera por los hijos”, apunta Asín. “La visibilidad de mujeres en puestos directivos ayudaría a ir debilitando el famoso techo de cristal y que más mujeres dejen de tener miedo a mostrar su liderazgo”, considera por su parte Monge. Y es que las mujeres ocupan menos del 30% de los puestos tecnológicos a nivel global, y esta cifra cae si nos fijamos en quién manda en las 'startups' tecnológicas. “En España, por ejemplo, se estima que solo el 15% de estas empresas están lideradas por mujeres”, asevera López, para quien lograr la igualdad en el contexto tecnológico mejoraría económicamente el país.

Y si hay que poner una cifra, concluye, simplemente compartir la estimación que la Comisión Europea hace del coste para la economía de la pobre representación de las mujeres en el ámbito de la tecnología: 16.100 millones de euros anuales en términos de pérdida de productividad de toda la Unión Europea.

Según UGT, es preciso que patronales y sindicatos establezcan convenios que incluyan planes de igualdad y medidas de acción positiva para mejorar la empleabilidad y competencias digitales de las mujeres y para acabar con los sesgos de género vinculados a las nuevas tecnologías. Y entre todos, y todas, poco a poco acabar con el efecto Matilda.

Sobre las tres ponentes

Alicia Asín es cofundadora y Consejera Delegada de Libelium, empresa que diseña y fabrica sensores inalámbricos para el denominado Internet de las Cosas (IoT, por su siglas en inglés), tecnología que permite mejorar la calidad de vida de los ciudadanos, incrementar la competitividad de las empresas y hacer la sociedad más transparente y democrática. Es ingeniera informática, tiene un máster en Ingeniería de Sistemas e Informática del Centro Politécnico de la Universidad de Zaragoza y es graduada por Cambridge Judge Business School y ESADE.

Para Asín, el IoT puede promover la transparencia y mejorar la democracia en el sentido de que la tecnología de sensores puede ofrecer datos objetivos para que los ciudadanos puedan comprender mejor por qué los alcaldes tienen que tomar decisiones como, por ejemplo, restringir el tráfico en el centro de las ciudades cuando la contaminación supera los niveles máximos. De esta forma, los datos necesitan ser puestos en contexto para que se conviertan en información útil porque la masificación de los datos también puede ser una nueva forma de ocultar información. En conclusión, en la medida en que los ciudadanos tengan herramientas para valorar la gestión de sus gobernantes, estaremos promoviendo una democracia más inteligente, en la que el ciudadano elegirá a sus representantes en base a hechos objetivos y no a promesas de futuro.

Rosa Monge es ingeniera industrial por la Universidad de Zaragoza. Durante el desarrollo de su tesis doctoral, focalizó su investigación en el desarrollo de microtecnologías para aplicaciones en cultivo celular que permitan tener un ambiente más realista, pudiendo de esta manera reducir la experimentación animal y desarrollar nuevos fármacos en menor tiempo a un coste más reducido. En 2017 fue elegida como una de las 10 Top Talents españolas menores de 35 años por la 'MIT Technology Review'. Está al frente de BeOnChip, creada en febrero de 2016 con el espíritu de acercar al mercado la investigación realizada en la universidad, y es la primera empresa en España de una tecnología poco conocida en el país, pero ampliamente utilizada en otos países.

De hecho, cuenta Monge que siguen siendo la única empresa en el país en este sector. Lo que sucede es que en la mayoría de los casos deben realizar una labor evangelizadora, y eso les hace tener una percepción equivocada de lo que es el mercado global. Al final deben llevar más de lo mano de lo que pensaban a los clientes, e involucrarse en sus investigaciones dando soporte técnico más allá de lo que es su producto en sí mismo.

María López es socia fundadora y CEO de Bitbrain, empresa especializada en neurotecnología de última generación basada en avanzados equipos de monitorización cerebral e interfaces cerebro-computador para investigación científica, salud y neuromarketing. Es ponente habitual en foros relacionados con la innovación, el emprendimiento o el comportamiento del consumidor, y colabora como investigadora y docente en universidades, escuelas de negocio y aceleradoras de toda Europa.

Explica que la innovación tecnológica, que ya estamos viviendo, supondrá un cambio sin precedentes en nuestra forma de actuar y de relacionarnos. Pero para que esta innovación suponga una verdadera revolución debe hacerse pensando en las personas que la protagonizaremos. La tecnología debería ayudar a la sociedad a ser mejor, tener más oportunidades y reducir desigualdades. En esta línea, la neurotecnología nos abre un abanico de posibilidades hasta ahora inimaginables relacionadas con el conocimiento del cerebro y aplicables a cualquier sector. Por ejemplo, en el sector salud ya estamos trabajando en la relación hombre-máquina que permitirá que personas con lesión medular puedan plantearse ser mas autónomas. Pero existen otros muchos campos en los que se están haciendo innovaciones pensando en sus protagonistas, las personas, y es aquí donde la innovación si supone una auténtica revolución.

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