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Patrimonio descarta declarar Bien de Interés Cultural Torre Ramona

El Gobierno aragonés considera que el edificio está en estado ruinoso y sugiere al Ayuntamiento que proteja la capilla, el único elemento con algún valor.

La parte de la capilla es la que mayor valor patrimonial tiene.
La parte de la capilla es la que mayor valor patrimonial tiene.
Aránzazu Navarro

La Dirección General de Cultura y Patrimonio rechaza proteger con la declaración de Bien de Interés Cultural (BIC) el inmueble conocido como Torre Ramona, en Las Fuentes, porque, tras analizar los valores del edificio, su estado de conservación y sus características no reúnen los requisitos para recibirla. También descarta su inclusión como Bien Catalogado, Inventariado o Censado del Patrimonio Cultural Aragonés y desestima la solicitud de la Asociación de Acción Pública en Defensa del Patrimonio Aragonés (Apudepa) de paralizar cualquier intervención en el inmueble, en el que la DGA tiene derecho a construir 240 viviendas.

Patrimonio sugiere, por ello, al Ayuntamiento de Zaragoza que, en el uso de sus competencias municipales en materia de patrimonio cultural, y si lo estima oportuno, proceda a la protección del edificio de la capilla de Torre Ramona, el único elemento de interés según el informe, en atención a sus valores locales dentro del ámbito del catálogo municipal.

La historia de Torre Ramona

El informe detalla la historia de la Torre Ramona, situada en la calle Castillo de Javier 7 de Zaragoza, desde su construcción en la primera década del siglo XX. En 1901, un indiano zaragozano cedió 13 hectáreas de terreno a la Diputación provincial para sus obras de caridad. La zona, que se conocía como Torre Guallart, pasó a denominarse Torre Ramona, en recuerdo de su madre.

En 1905, abría allí sus puertas la Escuela de Agricultura Práctica regional para niños del hospicio y labradores pobres. En 1912, se instaló en el edificio principal el 'Manicomio para los alienados distingos de Nuestra Señora del Pilar' y, en 1914, la Diputación cedió al Estado la finca, que más tarde albergaría un reformatorio (El Buen Pastor). El edificio se acondicionó en los años 20, con un proyecto de Regino Borobio, como "granja de reeducación para 70 muchachos abandonados o delincuentes", según relata el informe de Patrimonio.

Medio siglo después, en 1960, el Estado cedió la finca en usufructo a la congregación religiosa misioneras de la Pía Unión de Nuestra Señora del Pilar para Hispanoamérica y FIlipinas, que regentaba una escuela. Este acuerdo fue revocado por Hacienda en 1990, en una decisión que recurrieron las monjas y que el Supremo ratificó en 2003.

Una parte de la finca fue cedida en 1980 al Ayuntamiento, que habilitó lo que hoy es el parque de Torre Ramona (inaugurado en 1983), de casi 48.000 metros cuadrados, mientras que el resto quedó reservada para uso educativo. En 2010, el Ejecutivo central cedió a la DGA el edificio y la finca como compensación por los ingresos pendientes tributarios. En ella, el Gobierno aragonés construirá 244 pisos en la parte del edificio que está en estado ruinoso y que no está previsto conservar. El Ayuntamiento se quedará con la capilla y con el jardín, donde construirá un equipamiento público.

La capilla es la única zona de la antigua Torre Ramona que tiene valor. El informe de la DGA destaca sus valores estético-artísticos de la fachada adyacente al jardín interior, destacando elementos constructivos como una galería acristalada y la morfología del torreón rematado en su cúspide por una veleta de forja. En resto del edificio se encuentra en estado de abandono y muy deteriorado, con evidencia de la existencia de termitas y con goteras.

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