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Zaragoza

El camarín de la Virgen del Pilar: espacio sagrado por excelencia

El camarín de la Virgen del Pilar es el sancta sanctorum, el espacio sagrado por excelencia del templo.

Camarín de la Virgen del Pilar
Camarín de la Virgen del Pilar
Archivo Heraldo

El camarín es el sancta sanctorum, el espacio sagrado por excelencia del templo. Como tal, y formando parte del muro de altares de la Santa Capilla, se constituye como un extraordinario escenario, una pura escenografía visual acorde con las ideas de teatralidad barroca propias del momento.

El arquitecto del rey, Ventura Rodríguez, llegó a Zaragoza el 10 de octubre de 1754 para hacerse cargo del proyecto, en cuyas obras también participaron Julián de Yarza y Ramírez de Arellano.  

Desde el mismo momento en el que Ventura Rodríguez terminó la construcción de la Santa Capilla, el camarín tuvo la disposición que se ha conocido casi hasta la actualidad. Un singular mármol, algo tosco, constituía el fondo del nicho sobre el que se colocó, como explica Teodoro Ríos Sola, «una curiosa imitación de mármol verde, consistente en un cristal adaptado a la forma de la hornacina, al que se había pegado por detrás un fino papel de color verde, previamente arrugado». 

El cristal quedaba sujeto a la hornacina mediante las estrellas, creando, según Gerardo Mullé de la Cerda, un «excelente efecto como fondo, a la vez que indica que la aparición de la Virgen fue de noche».

Aramburu de la Cruz, en 1766, dice que "el nicho de Nuestra Imagen Soberana está todo cubierto de cristales y tachonado de brillantes y refulgentes estrellas, y como el fondo imita al más hermoso lapislázuli, parece un pedazo de cielo, y así digno trono de un simulacro, que fue traído por sagradas Inteligencias".

Este ingenioso e inusual revestimiento aparece en la documentación recogida en el archivo del Pilar y en la maqueta realizada por el propio Ventura Rodríguez, y no pretendía sino destacar la pequeña imagen de la Virgen, con un claro sentido escenográfico y teatral. Muro de mármol perteneciente a la obra de Ventura Rodríguez. Se cubría con papel y cristal.

Encierra en su interior fragmentos del muro de la Santa Capilla anterior, como atestiguó Aramburu en el siglo XVIII y comprobó Teodoro Ríos Sola en las obras de los años ochenta del siglo XX. Los dos ángeles de planta, obra de Diego Arnal, que custodian la Santa Columna y la imagen de la Virgen, fueron ofrenda del rey Felipe II en 1596.

Este monarca, como todos los soberanos de la casa de Austria, mostró su piedad y devoción a la Virgen y favoreció la mejora de su templo y la promoción de su culto. Son los dos únicos elementos decorativos de la anterior Santa Capilla que Ventura Rodríguez reaprovechó en su proyecto. Díez días después de recibirlos, el Cabildo decidió que siempre portarían velas blancas, tradición respetada hoy. 

El camarín hoy

Aunque la Santa Capilla y camarín actuales corresponden al proyecto barroco de Ventura Rodríguez, a lo largo del tiempo se han ido haciendo pequeñas modificaciones tanto por cuestiones estéticas como prácticas.

En 1980 comenzaron las obras para remozar el camarín, si bien ya desde 1954 se habían ido sustituyendo las estrellas y se había mejorado su iluminación.

Una de las acciones necesarias para afrontar la remodelación era eliminar el cristal decorado con papel colocado tras la Santa Columna y la imagen de la Virgen.

La solución adoptada consistió en sustituirlo con unas piezas de mármol verde, procedente de la isla griega de Tynos, talladas en curvo por la cara vista, que son las que se pueden contemplar hoy día.

El camarín de la Virgen del Pilar cerrado
El camarín de la Virgen del Pilar cerrado

Todos los trabajos de remodelación se llevaron a cabo sin mover la imagen de la Virgen, como era preceptivo. Algunos particulares conservan aún hoy, como veneradas reliquias, las antiguas estrellas del camarín barroco, trabajadas en plomo y cristal. En noviembre de 1960 una comisión del Cabildo zaragozano hizo entrega de una de ellas a la futura reina Fabiola de Bélgica.

Para conseguir que el mármol se adaptara a la forma de la hornacina y pudiera ser emplazado sin mover la Santa Columna, tuvo que ser cortado en piezas muy finas, que se reforzaron con fibra de vidrio y poliéster.

De esta manera las finísimas láminas pudieron adoptar la curvatura necesaria sin desplazar el Pilar. A diferencia de las anteriores, las nuevas estrellas colocadas son auténticas joyas cuajadas de piedras preciosas, todo donado por los fieles a la Virgen.

Tachonan el camarín un total de setenta y dos estrellas, siete de ellas sin pedrería y situadas sobre el dosel labrado en plata y con aplicaciones de marfil.

Estrella del camarín de la Virgen del Pilar
Estrella del camarín de la Virgen del Pilar
Archivo Heraldo

En 1940 se añadieron al camarín unas puertas correderas blindadas para proteger la Santa Columna y la imagen de la Virgen al cerrar el templo.

Cuarenta años después se cambiaron por las actuales, de las que tan sólo hay dos llaves que los capellanes guardan cuidadosamente en lugares distintos del templo cada noche.

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