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Multa de 1.440 euros y 4 meses de cárcel por atacar el Quiosco de la Música

Los tres jóvenes que destrozaron el templete tendran que pagar 27.000 euros y cumplir 32 días de trabajos comunitarios

Imagen de archivo del Quiosco de la Música del Parque Grande.
Imagen de archivo del Quiosco de la Música del Parque Grande.
Asier Alcorta

Dañar con una retroexcavadora varios tramos de la barandilla de la forja original y de las escaleras del Quiosco de la Música, un monumento modernista de 1908 declarado Bien de Interés Cultural y Arquitectónico en 2008, le ha costado a los jóvenes Alberto Molestina, Randy Alexander Salazar y José Alejandro Guaman una condena para cada uno de ellos de cuatro meses de cárcel y una multa de 1.440 euros.

Además, de forma solidaria los tres veinteañeros deberán abonar al Ayuntamiento de Zaragoza algo más de 27.000 euros por los daños causados y tendrán que realizar trabajos en beneficio de la comunidad durante 32 días por la utilización ilegítima de un vehículo a motor.

La titular del Juzgado de lo Penal número 6 de Zaragoza, Natividad Rapún, impuso esta condena a los tres jóvenes tras el acuerdo al que llegaron las defensas, ejercidas por las letradas Sonia Lobera y María José Berdún, y el representante del Ministerio Fiscal en un juicio rápido celebrado hace unas semanas en la capital aragonesa.

Los acusados, que fueron detenidos pocas horas después de cometer los daños en el Quiosco de la Música, asumieron desde el primer momento su autoría, aunque la respuesta judicial ha tardado en llegar porque la valoración pericial de los daños ha sido compleja dadas las características de la construcción.

Los hechos por los que Alberto Molestina, Randy Alexander Salazar y José Alejandro Guaman han sido condenados se remontan al 16 de febrero de 2017. Al filo de la medianoche, los tres se encontraban en el Parque Grande José Antonio Labordeta y, según reconocieron, se pusieron de acuerdo para subirse a una retroexcavadora que estaba en el parque con motivo de unas obras de reparación del sistema de riego. Los jóvenes sortearon la valla que rodeaba el vehículo y pudieron arrancarlo porque las llaves estaban puestas. Una vez en marcha, se dirigieron hacia el quiosco y «con el brazo de la máquina levantando» comenzaron a golpear «con gran fuerza» la forja original.

Desperfectos en seis tramos

Los peritos del Ayuntamiento constataron que se habían producido daños en seis tramos de la barandilla perimetral y en la totalidad de la que flanquea las escaleras. Igualmente resultaron dañadas seis piezas de tres peldaños, una entrada a la celosía perimetral exterior y parte de un banco que rodea el monumento.

De momento, el templete sigue en el estado en el que los ahora condenados lo dejaron. Fuentes municipales explicaron que la valoración de los daños ha sido lenta por la protección del bien y mostraron su confianza en que los zaragozanos puedan volver a disfrutar del quiosco en verano.

Durante el proceso judicial no solo estuvo presente el Ayuntamiento sino también el Gobierno de Aragón, al tratarse de un Bien de Interés Cultural. De hecho, se llegaron a presentar dos peritajes sobre los daños, uno por cada administración. Al final, la representación de la Comunidad Autónoma decayó al decidirse que solo la municipal debía estar en la causa.

Una joya de la Exposición de 1908

El Quiosco de la Música de Zaragoza, ejemplo del modernismo zaragozano, fue diseñado por los hermanos José y Manuel Martínez Ubago como parte de las edificaciones de la Exposición Hispano-Francesa de 1908. Desde el podio octogonal, cerrado por una barandilla de hierro forjado con motivos vegetales y varillas curvadas, parten ocho esbeltas columnas de fundición. De ellas nacen sinuosos vástagos que sustentan la cubierta.

Fue edificado en los terrenos de la antigua Huerta de Santa Engracia (actual plaza de los Sitios) y en 1912 se optó por llevarlo hasta el paseo de la Independencia, concretamente a la altura de la calle de Sanclemente. En ese punto estuvo hasta 1927, cuando de nuevo retornó a su emplazamiento inicial, en la entonces llamada plaza de Castelar.

El templete vivió un nuevo traslado hace ahora medio siglo, cuando en 1968 se colocó en el Parque Grande, donde hoy se encuentra. Todas esas idas y venidas, unidas a las inclemencias meteorológicas, supusieron graves deterioros. En 1992, el Ayuntamiento de Zaragoza promovió su necesaria restauración, con la que se le devolvió gran parte de su esplendor original.

Al igual que varios de los monumentos de la ciudad reubicados en este espacio verde, el quiosco de los hermanos Martínez Ubago ha sufrido un vandalismo continuado durante años, aunque sin duda el episodio más grave fue el acaecido en febrero de 2017. M. T. F./P. Z.

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