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Zaragoza

“Soy madre, tengo menos de 30 años y me quiero divertir”

La casa de juventud de San Pablo ha recuperado la iniciativa ‘Tarde de madres’, para que mujeres jóvenes con hijos realicen actividades y disfruten del ocio.

El grupo de madres, realizando un taller de henna en la Casa de la Juventud de San Pablo
El grupo de madres, realizando un taller de henna en la Casa de la Juventud de San Pablo
CJ San Pablo

Tienen menos de 30 años y quedan los jueves por la tarde, de 18.00 a 19.30, para salir de casa, conversar, tomar algo y divertirse mientras aprenden. Son cinco madres dedicadas a sus hogares y a sus familias que han encontrado en la casa de juventud del zaragozano barrio de San Pablo un lugar en el que, durante unas horas, poder prestarse atención a ellas mismas.

El grupo forma parte de la iniciativa ‘Tarde de madres’, promovida por los educadores de la casa de juventud y la Fundación Ozanam. La idea nació dentro de unas fiestas del Gancho, en las que se percataron de que había madres que entraban en la edad de participar de las actividades de la casa de juventud, ya que abarca desde los 12 y hasta los 30 años. El proyecto fue presentado al Servicio de Juventud del Ayuntamiento de Zaragoza y entre todos los colectivos lo sacaron adelante por primera vez el año pasado.

“La iniciativa ha ido evolucionando”, apunta Miguel Ángel Frías, uno de los educadores del centro juvenil de San Pablo. Su conexión con la educación de calle, en la que participan niños más pequeños, le dio a conocer a madres jóvenes que “solo se  centraban en el cuidado de la familia, eran chicas de 20 años que no tenían minutos del día para dedicárselos a ellas en exclusiva”, dice Frías. El año pasado el proyecto no terminó de cuajar porque las madres que acudieron eran de procedencias distintas, llevaban poco tiempo en España y ninguna hablaba castellano, por lo que la dificultad a la hora de expresarse terminó por disolver el grupo.

A petición de algunas vecinas de San Pablo la ‘Tarde de madres’ se ha vuelto a poner en marcha desde mediados de enero. Las integrantes del grupo actual se comunican con facilidad en castellano, pero el grupo sigue siendo multicultural. “Es estupendo, cada una tiene unos orígenes diferentes, sus propias raíces, pero entre todas se animan y aprenden unas de otras”, cuenta orgulloso el educador, quien defiende que el programa pretende ser “un servicio a la comunidad, por eso intentamos cubrir sus necesidades”.

El 18 de enero tuvo lugar la reunión inicial del grupo, en la que se definieron un conjunto de actividades gratuitas a realizar. Todas las propuestas nacen de las mujeres en función de sus inquietudes, y entre ellas destacan talleres de henna, como el que desarrollaron el pasado jueves 25; maquillaje, algo de baile o un curso de sexualidad. Además, de cara a las fiestas del Gancho han propuesto participar realizando decoraciones para el barrio. Frías destaca que mientras se realizan las actividades las madres “socializan, conversan, meriendan… Es un momento que tienen de distensión, de conectarse con otras mujeres y de descansar”.

Al tratarse de una casa de juventud, los promotores se encontraron con el dilema de qué hacer con los niños de las madres, porque “ellas no tienen recursos suficientes como para poder dejar a sus hijos en otro lugar mientras disfrutan de su ocio”, señala el educador. De este modo, cuando presentaron el proyecto plantearon que los menores pudieran acompañar a sus madres al centro y desarrollar actividades lúdicas en otra sala del edificio. Son atendidos por dos voluntarios y así el servicio queda reforzado.

El espacio de la casa de juventud es reducido, pero aunque actualmente el grupo funciona bien con las cinco mujeres que lo integran está abierto hasta una capacidad de 8 o 9 madres del barrio. Las inscripciones se pueden realizar de manera presencial en el edificio, ubicado en la calle de los Predicadores nº 54, o llamando al número de teléfono 976 44 48 34.

Las sesiones no tienen una fecha de finalización establecida y son flexibles en función de la demanda de las asistentes. “Nosotros empezamos la actividad, pero la realizaremos solo hasta que ellas quieran, sin obligaciones”, explica Frías. El objetivo es que la iniciativa siga su propio ritmo y se adapte a las circunstancias, ya que puede ocurrir que algunas integrantes se tengan que descolgar con el paso de los meses por motivos laborales o familiares o que lleguen nuevas participantes.

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