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Un especialista en 'simpas' esquiva la cárcel gracias a una sentencia del Supremo

El acusado es aficionado a comer y beber en restaurantes e irse sin pagar. Solo pagará dos multas: la doctrina del Alto Tribunal impide aplicar la agravante de reincidencia en delitos leves.

Antonio Miguel Grimal Marco en el banquillo de los acusados de la Audiencia de Zaragoza.
Antonio Miguel Grimal Marco en el banquillo de los acusados de la Audiencia de Zaragoza.
Guillermo Mestre

Antonio Miguel Grimal Marco tiene por costumbre, como muchos otros ciudadanos, salir a comer y cenar a restaurantes y, de vez en cuando, tomar alguna copa en alguna terraza emblemática de la capital aragonesa. Pero este zaragozano no es como los demás: él nunca paga sus consumiciones. Esta conducta le llevó este martes hasta el banquillo de los acusados por dos presuntos delitos de estafa. En el último año ha estado en esta situación hasta en cinco ocasiones.

Este martes, los encargados de juzgarle eran los magistrados de las secciones Primera y Sexta de la Audiencia Provincial de Zaragoza. Anteriormente se había enfrentado a tres causas por otros tantos ‘simpas’ en los Juzgados de Instrucción 3 y 5 de Zaragoza. Precisamente fue la reincidencia la que le llevó este martes hasta la sede judicial de la calle de Galo Ponte, un extremo excepcional, ya que en la Audiencia no se suelen juzgar delitos leves de estafa (aquellos cuya cuantía no supera los 400 euros).

El primer juicio a Antonio Miguel empezó a las 10.30 en la Sección Primera. El ministerio público pedía para el acusado tres años de prisión y una multa de 2.160 euros por un delito agravado de estafa porque había quedado probado que la noche del 16 de marzo de 2017 acudió a un céntrico hotel de Zaragoza junto a otras dos personas y, "mostrando apariencia de solvencia" según precisa el escrito del fiscal, pidieron tres cenas completas. Después de darse el festín culinario, se marcharon del establecimiento sin abonar la cuenta, que ascendía a 143,30 euros.

A las 11.00, tan solo media hora después de la primera cita, el experto en ‘simpas’ se puso frente a la Sección Sexta por un hecho similar al primero: el 27 de febrero de 2017 pidió en una terraza cercana a la plaza del Pilar 52,60 euros en consumiciones. Tampoco pagó. La Fiscalía solicitaba para él en este caso un año de prisión y una multa de 1.440 euros.

La doctrina del Supremo

Ni el tribunal de la Sección Primera ni el de la Sexta llegaron a celebrar el juicio como tal contra Grimal Marco. En la primera vista, la fiscal Ana Josefa López Gastón informó a la Sala de la existencia de un reciente fallo del Alto Tribunal (data del pasado 22 de junio) que establece que cuando se trata de delitos leves no se puede aplicar la agravante de reincidencia porque se impondrían a los encausados "penas desproporcionadas". En virtud de esta sentencia, no cabe que las causas pasen de los juzgados de lo Penal (que conocen de los delitos leves) a las audiencias provinciales.

El ministerio público y la defensa, ejercida por la abogada María Ángeles Pozo, que también planteó la doctrina del Supremo, llegaron a un acuerdo y Antonio Miguel salió de esta sala con una multa de 270 euros y con la obligación de abonar al hotel en el que cenó con dos amigos los 143,30 euros en concepto de responsabilidad civil. El juicio al que tuvo que enfrentarse tan solo media hora después del primero tuvo idéntico final: hubo un acuerdo entre las partes y el acusado aceptó una multa de 270 euros y el abono de los 52,60 euros que dejó sin pagar en concepto de responsabilidad civil.

Antonio Miguel Grimal llegó a la Audiencia de Zaragoza desde la cárcel de Zuera. Cumplía prisión preventiva por mandato del presidente de la Sección Sexta, que tomó la decisión de encarcelarle por no responder a sus citaciones y por temor a que siguiera cometiendo ilícitos, dado que hace tiempo que había quedado demostrada su afición a consumir comida y bebida en diferentes establecimientos de la ciudad y marcharse después sin abonar la cuenta. Después de lo acontecido este martes, el zaragozano quedará en libertad. En su mano (y por supuesto en su bolsillo) está no volver a sentarse en el banquillo de los acusados por sexta vez.

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