Zaragoza

Una imputación por homicidio acaba en una multa de 180 euros

La Fiscalía acepta que lo único que hizo el hombre fue dar "dos manotazos" a la víctima, que murió por un fallo cardíaco

Jesús López Mendoza junto a su abogado.
Jesús López Mendoza junto a su abogado.
Macipe

No enviar a analizar el corazón de un bilbilitano que falleció en plena calle minutos después de mantener una acalorada discusión con Jesús López Mendoza le podría haber costado a este último una condena por homicidio y unos cuantos años en prisión. La razón es que la forense que practicó la primera autopsia a Juan Antonio Aranda, de 52 años, concluyó que había sufrido un "traumatismo craneal" y que se trataba de un fallecimiento "en el límite entre la muerte natural y la muerte violenta". Y si la juez instructora no hubiera descubierto que la forense le había ocultado que guardaba el corazón del finado en un armario del Instituto de Medicina Legal de Aragón (IMLA), nunca habría salido a la luz la verdadera causa del deceso: un shock cardiogénico consecuencia de los graves problemas coronarios de la víctima.

La segunda necropsia encargada por la juez tras apartar de la investigación a la forense Teresa R.V. resultó determinante. Hasta el punto de que al conocerse las conclusiones del informe elaborado por otros dos forenses, el Juzgado de Instrucción número 2 de Calatayud archivó la causa por homicidio contra Jesús López Mendoza. De hecho, de lo único que pudo acusar la Fiscalía al bilbilitano fue de un delito leve análogo a la antigua falta de vejaciones, por la que ahora será condenado al pago de una simple multa de 180 euros.

El juicio se celebró el martes

El encausado, al que representa el letrado José Cabrejas, estaba citado ayer para juicio. Pero la vista apenas duró unos minutos, ya que la Fiscalía admitió que lo único que hizo Jesús López fue dar "un par de manotazos" a la víctima. Golpes incapaces de provocarle la muerte. Aún así, a la salida del juzgado, el responsable de esos "manotazos" dijo lamentar "muchísimo" la muerte de Juan Antonio Aranda. "Pero es muy duro también ver cómo te culpan injustamente de la muerte de una persona", añadió.

Los hechos que dieron lugar a esta investigación se remontan al 1 de mayo de 2016, fecha en la que ambos hombres mantuvieron una disputa por un incidente previo entre sus hijos. Poco después, cuando se dirigía hacia su casa acompañado de su esposa e hijo, Juan Antonio Aranda cayó desplomado sobre la acera y ya nunca volvió a levantarse. La Policía Nacional procedió a la inmediata detención de Jesús López como presunto responsable de esta muerte, pero las muchas dudas que planeaban sobre el caso hicieron que la titular del Juzgado de Instrucción número 2 optase por dejar en libertad provisional al sospechoso.

Lejos de contribuir a aclarar lo sucedido, el primer avance de la autopsia solo sembró más incógnitas. Entre otros motivos, porque la forense Teresa R.V. extrajo el corazón del fallecido pero no lo envió a analizar para ver si sufría alguna patología cardíaca. Pero la juez no supo de esta circunstancia hasta que se lo contó un policía que había estado presente en la autopsia.

La noticia causó una enorme sorpresa a la instructora, puesto que tras recibir el primer informe de la necropsia y dadas las dudas que se le planteaban, esta había preguntado expresamente a la forense si había recogido alguna muestra para analizar. Y esta le contestó que no, porque no lo consideraba necesario. La respuesta se hizo por escrito y por el cauce oficial, por lo que la juez decidió informar después de lo ocurrido a la Fiscalía Provincial por si de la actuación de esta profesional del IMLA se desprendía un posible delito de falsedad documental.

El ministerio público apreció indicios de delito, por lo que denunció lo sucedido ante el Juzgado de Instrucción número 1 de Calatayud, que ya ha tomado declaración a la forense en calidad de investigada.

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