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Zaragoza

Leonard Cohen y unos patines

La política de "las cosas sencillas" supo a poco en una sesión en la que el alcalde quiso mostrarse afable pero le salió regular.

El alcalde Pedro Santisteve en el debate sobre el estado de la ciudad.
Leonard Cohen y unos patines
José Miguel Marco

Si a Humphrey Bogart e Ingrid Bergman siempre les quedará París, a Pedro Santisteve siempre le quedará el ‘skate park’ de Vía Hispanidad. Ojalá el alcalde sea habilidoso haciendo piruetas con el monopatín porque, en su afán por ocuparse "de las pequeñas cosas", la reforma de la pista de patinaje fue la única medida que no se topó con la furibunda réplica de la oposición.

Aunque ayer el alcalde trató de dulcificar su imagen y echó al tendido un par de miradas que ni el gatito de ‘Shrek’, lo cierto es que su empatía es escasa y los 17 meses de gobierno en minoría y en solitario no le han ayudado a hacer amigos. Tuvo el cierre de su discurso una parte que pretendía ser emotiva y que, sin embargo, evocó a la niña de Rajoy pero en versión de ZEC. Habló de "la mirada de unos padres que se preocupan de sus hijos mientras los llevan a la escuela" o "la del niño para el que la calle es un lugar de ilusión y juegos", pero que se ve cercado por las grúas, el asfalto y el tráfico. Porque también se presentó Santisteve como adalid de quienes luchan contra los proyectos que implican "toneladas de hormigón" y reiteró su rechazo a cualquier oligarquía, si bien ayer su fijación fueron los "oligopolios eléctricos", que mencionó (y demonizó) hasta en cuatro ocasiones.

El primer edil, dado que las imágenes bucólicas y los epítetos no son su fuerte, lo intentó también cogiendo prestadas algunas citas y, aunque estas sí fueron más acertadas, –ay– se olvidó de mencionar al autor. "Hay una grieta en todo, así es como entra la luz". Con esta frase cerró su intervención y hubiera estado bonito que se la atribuyera a Leonard Cohen. Pero no, la dejó en el aire, como tantas otras cosas en este gobierno municipal. La oposición, además, no estaba para proverbios, metáforas ni sinestesias. Desde el minuto uno recibieron al alcalde con galletas –y aunque era la hora del desayuno no nos referimos a las de Chiquilín– y le acusaron de sectario, incapaz y ‘amateur’. Eso, claro, quienes permanecieron despiertos durante la maratoniana sesión porque, la verdad, el sopor fue abundante y... eso de echar una cabezadita sucede en las mejores familias.

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