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La juerga acabó en violación y con una condena de seis años

El acusado se coló de día en un burdel de El Burgo y forzó a una chica que descansaba en su habitación.

El acusado, Javier Cano, durante el juicio celebrado el 11 de mayo.
El acusado, Javier Cano, durante el juicio celebrado el 11 de mayo.
Oliver Duch

La juerga que se corrieron un grupo de amigos de Monzalbarba la madrugada del 31 de enero de 2015 no ha podido tener peor resaca. Porque a los jóvenes, de entre 19 y 21 años, no se les ocurrió mejor forma de terminar la fiesta que colarse por la puerta de servicio del Euro, el popular burdel de El Burgo de Ebro. Y la Audiencia Provincial acaba de condenar a uno de ellos, Javier Cano Hinojosa, como autor de la violación de una de las chicas del establecimiento.

Durante el juicio, el acusado declaró ante el tribunal que no recordaba "casi nada" de lo ocurrido, puesto que iba bebido y drogado y tenía muchas "lagunas". En cualquier caso, el joven insistió en que él no violó a nadie, afirmación que no convenció ni a la Fiscalía ni a la acusación particular, que mantuvieron la petición de 9 años de cárcel. Al final, los magistrados de la Sección Tercera tampoco se han creído su versión y apoyándose en el testimonio de la víctima –que consideran mucho más verosímil– han condenado al zaragozano a seis años de cárcel. Le obligan también a indemnizar a la chica con 5.000 euros.

Fueron cinco los amigos que, sobre las 11.30 de aquel domingo, se colaron en el popular prostíbulo de la N-232. Entre risas y voces, subieron a la primera planta, donde se encuentran las habitaciones de las chicas, que a esa hora descansaban. "Estuvimos por el pasillo hasta que salieron algunas mozas de las habitaciones y nos dijeron que no podíamos estar allí, que estaba cerrado y nos marchamos", declaró uno de los jóvenes. "Hablamos con una mujer y luego salieron otras más bordes y nos fuimos", dijo otro.

Sus amigos se fueron del local

Lo cierto es que tan solo Javier Cano decidió permanecer en el establecimiento, introduciéndose por su cuenta y riesgo en la habitación 109, en la que dormía una de las chicas. "Estaba en mi cama y me desperté al notar que me tocaban. Le pregunté (al acusado) qué estaba haciendo y me dijo que mi jefe le había mandado. Intenté levantarme, pero me agarró del pelo con fuerza, me mordió los labios y me quitó la ropa. Empezó a meterme los dedos en los genitales y a hacerme daño. Intentó hacerme sexo anal, me penetró vaginalmente y me obligó a hacerle una felación", manifestó en el juicio la víctima.

Mientras se consumaba la agresión y "al ver que no podía hacer nada para evitarla", la joven logró ponerle un preservativo y él se colocó un segundo en otro momento. Ambos profilácticos fueron recogidos después por la Guardia Civil y el análisis reveló que había semen del acusado y ADN de la víctima.

Las pruebas biológicas, la declaración de la chica y el informe de los forenses, que confirmaron que las lesiones eran compatibles con su relato, han servido al tribunal para dictar la sentencia condenatoria, contra la que todavía cabe recurso.

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