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El valor de Jiménez Fortes sobresale en una aburrida tarde

El malagueño fue el único capaz de emocionar a los tendidos. Adame y Del Álamo pasaron sin pena ni gloria.

Jiménez Fortes, en la Misericordia
El valor de Jiménez Fortes sobresale en una aburrida tarde
Aranzazu Navarro

La Misericordia alumbró ayer una nueva temporada con una tarde lenta y sosa, en la que el valor de Jiménez Fortes se impuso a la incapacidad de quienes le acompañaron en el cartel. Entre bostezo y bostezo, el malagueño topó con Mimoso, lo más enclasado del encierro de López Gibaja.

Libro y clavel en mano, brindó a los tendidos una montaña rusa de emociones. Cautivó con derechazos suaves y templados de inicio; se perdió entre tirones y enganchones por el izquierdo después; y, cuando la labor pareció tocar fondo, llegó un arrimón final que penetró en los tendidos.

Fortes se echó la muleta a la espalda para citar de frente con bernardinas y exponer -física y emocionalmente- los dos atributos que esconde tras la taleguilla. Llevó a su enemigo por derecha e izquierda, a favor y contraquerencia. Alarde al alcance de muy pocos. De casi ninguno. Se tiró de verdad con la espada, que entró a la primera, pero punto trasera, lo que hizo que el astado tardara en doblar y sonase un aviso. Dio una vuelta al ruedo.

Con el de la jota no tuvo opción. Fue un toro bronco con el que no quiso ni ponerse. Acabó enfadando al respetable por su mal uso de la espada. Juan del Álamo -sustituto de última hora de David Mora- anduvo tan desorientado como desconcertantes fueron los toros que le tocaron en suerte.

Hortelano, primero de su lote, manseó en el capote y sorpendió posteriormente con un soberbio arreón hacia el caballo de Paco de María. Repitió con un segundo, y un tercero en el que no cobró. Ya en la muleta del salmantino, que probó sin éxito -a excepción de dos bellas tandas con la izquierda rematadas por alto- todos los terrenos, se aburrió y se rajó. También Rábano, negro listón que cobró de lo lindo en varas y soportó un pésimo tercio de banderillas. Con él, a Del Alamo no le bastó siquiera el arrimón final para maquillar una tarde en la que en ningún momento se le vio cómodo.

Tampoco a Joselito Adame, quien desde bien pronto destacó por el manejo del capote. Saludó a su primero con bellas tandas a la verónica que Del Álamo correspondió con susto incluído. Con la muleta, perdió el paso y no encontró forma de bajar la mano. El toro funcionaba por los dos pitones, si bien el izquierdo quedó inédito por la incomprensión del mexicano.

No acompañó las embestidas y lo más refinado se vio con una tanda de ayudados por bajo rematados con trincherazo. Un mejor planteamiento bien podría haber derivado en trofeo a las primeras de cambio. Mató a la segunda (la primera hizo guardia) y escuchó las palmas. También Infante.

Negrero dio menos opción. Prometió de salida, arráncandose de lejos y encelándose en el caballo de Óscar Bernal. Un espejismo. En la muleta, se tragó los ayudados por alto que abrieron faena y resultó complicado por manso y descastado después. Adame lo pasaportó de estocada completa tras pinchazo hondo y marchó antes de tiempo -previo permiso- por tener firmado un contrato este domingo en su país. Donde es máxima figura. En España, todavía le queda un largo camino por recorrer.

López Gibaja debutó en la Misericordia con una corrida completa -había presentado un toro en la concurso de 2013- que no pasará a la historia. Sus ejemplares destacaron por su empleo en el caballo, pero adolecieron de casta, por lo general, mansearon en los tercios posteriores.

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