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"El éxito de la mendicidad está en conseguir sitio fijo"

Los mendigos intentan defender su ubicación para diferenciarse y fidelizar a su 'clientela'.

Conchi y Wenceslao en el paseo de la Independencia
Cómo afrontar la vida cuando se ha perdido todo

"El éxito de la mendicidad está en que la gente te conozca. Conseguir un sitio fijo y defenderlo como sea", así explica Goyo García-Carpintero, responsable del proyecto de Cáritas de Acompañamiento a Personas sin Hogar, la competitividad que demuestran algunos mendigos a la hora de hacerse con el mejor sitio.

Narciso, un treintañero español que pide apoyado en la pared de Frutos Secos El Rincón de Independencia, es la prueba de ello. Según cuenta, se presenta en su puesto todos los días a las ocho menos veinte de la mañana y, si hace falta, se pelea por conservarlo. Además, guarda cierto resquemor hacia una pareja de 'sin techo' que pide limosna en la puerta de El Corte Inglés, un poco más arriba en la misma vía. "Como ellos son dos, respeto su sitio, pero si no están, intento ponerme yo porque ahí se gana más", explica tapado bajo una manta.

Cuando esto ocurre, Rafael le disputa ese 'derecho' porque, según expone, él también aprovecha cuando no están Conchi y Wenceslao para colocarse en la puerta de estas galerías comerciales. De todas formas, Rafael considera que entre los españoles se respetan: "Las discusiones aparecen cuando nos enfrentamos por un lugar a una persona de otro país".

Recurrir a la nacionalidad para diferenciarse

El propio Narciso cuenta que esta semana "casi" se pega con un gitano que se aventuró a sentarse en 'su' puerta de Frutos Secos dispuesto a pedir limosna. Rafael expone, por su parte, que los mayores problemas los ha tenido con rumanos de etnia gitana: "Llegan y te echan de las puertas de las iglesias y de cualquier esquina diciendo que es suya", asegura junto a un cartel en el que se lee 'Soy español'.

Goyo García-Carpintero no se sorprende ante estas declaraciones, ya que expone que para vivir de la mendicidad, hace falta "diferenciarse" de los demás y "fidelizar" a una clientela, igual que las grandes marcas posicionan sus productos en el mercado. "Consideran a los extranjeros como su competencia", explica.

Las dependientas de una tienda de alimentación en el paseo de María Agustín relatan la última pelea que presenciaron entre dos jóvenes rumanas por sentarse a mendigar en su puerta. "Al final una de ellas vino acompañada de un hombre que medió entre las dos y zanjó la discusión", explica una de las encargadas. La mujer (o chica) que 'salió ganando' se pasa los días sentada en su trozo de acera enseñando las fotos de sus dos hijos. Al preguntarle si tiene problemas para conservar su sitio, asiente impertérrita: "Pero yo aquí", repita una y otra vez con una sonrisa.

En la plaza de España un temporero rumano explica con claridad lo que todos piensan: "Hay una ley no escrita por la que se intenta no usurpar los sitios de los demás. Pero si lo ves libre, lo coges".

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