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Objetivo, bodas de plata

En la avenida de Pablo Gargallo llevan más de veinte años contando con un visitante muy especial. Este peculiar Papá Noel se ha convertido en en una tradición para todo el vecindario

Un viejecito barrigudo, de tez rosada, vestido con traje rojo, larga barba blanca y 1.80 metros de altura. Esta es la descripción del Papá Noel que puede ver todo el que se acerque al número 111 de la avenida Pablo Gargallo de Zaragoza.

Fue en un viaje a Francia cuando el zaragozano Jesús Pascual, los vio por primera vez, cuando adornaban las fachadas de los centros comerciales del país. Maravillado, compró un traje idéntico y volvió a España decidido a crear su propio muñeco, a base de trapos y un mono de trabajo. De esto hace más de 20 años.

"Las primeras Navidades toda la gente se paraba a mirarlo y nos preguntaba por qué lo habíamos colgado allí. Hasta a mí me daba un poco de vergüenza la situación", ha explicado divertido Pascual. Pero pronto pasó a ser uno más de la 'familia'. "Desde el primer momento las mujeres empezaron a traer a sus hijos a ver al Papá Noel, y ahora lo siguen haciendo con sus nietos", ha asegurado.

El muñeco, que permanece colocado desde el puente de la Constitución (6 de diciembre) hasta el día de Reyes (6 de enero), se ha convertido en una tradición para el barrio, que con el paso del tiempo aumenta sus anécdotas y recuerdos. "Nunca olvidaré el día que paró un coche de policía porque pensó que se trataba de un hombre de verdad", ha explicado uno de los vecinos.

Aunque esta costumbre se ha extendido y son bastantes los Papá Noeles que pueden encontrarse en la ciudad, este sigue siendo uno de los más grandes. Según quienes lo conocen, su tamaño e historia es lo que le hacen ser "único y especial".

"Para mi y para mis vecinos este muñeco simboliza el inicio de la Navidad", ha concluido Pascual, mientras aseguraba que seguirá colgándolo muchos años más. 

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