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Vandalismo y olvido en el programa municipal 'Esto no es un solar'

Varios espacios recuperados muestran de nuevo un aspecto degradado. Este año no se ha invertido en ellos, a pesar de haber una partida presupuestaria.

Uno de los solares de la calle San Blas.
Uno de los solares de la calle San Blas.
A. M. B.

Las buenas ideas de poco sirven si no gozan de continuidad. Esta máxima se podría aplicar al programa 'Esto no es un solar', puesto en marcha en 2008 con el objetivo de recuperar -a bajo coste- espacios degradados de la ciudad, especialmente en algunos puntos del casco histórico de la capital aragonesa.

Cinco años después, más de la mitad de estos rincones muestra un aspecto deteriorado tras haber sufrido actos vandálicos y estar en el punto de mira de algunos vecinos con conductas incívicas. De este modo, hay plazas que se han convertido en un improvisado basurero, en el que se puede encontrar desde cascos de botellas hasta pañales –como ocurre en el rincón ubicado en el número 182 del Coso bajo-. En este mismo espacio hay que andarse con cuidado, ya que algunos dueños de perros del barrio dejan que sus mascotas hagan sus necesidades en la arena del suelo. Además, el fuerte olor a micción no invita precisamente a sentarse en los bancos rotos de este terreno intervenido en el año de la Expo.

En la calle Arcadas, en la Magdalena, se ubica otro de los primeros proyectos del equipo de trabajo de la arquitecto Patrizia Di Monte. Desafortunadamente, como explican Fabián y Carlos, dos vecinos uruguayos del casco histórico zaragozano, "lleva cerrado al menos dos años, desde que comenzaron las obras en el edificio de al lado". Obras a medio hacer que han inutilizado un espacio clausurado con una mesa de ‘ping-pong’, material de obra, y numerosas pintadas adornando las paredes.

También cerrada, aunque mostrando un mejor estado de salud, está la cancha de baloncesto de la calle Palafox. Peor cara tienen algunas esquinas de la plazoleta de la calle San Agustín, llenas de basura, colillas y vómito. Este espacio, en el que según explica Dolores, vecina de la zona, "siempre está lleno de críos", guarda asimismo restos de viejas bicicletas.

En la zona de San Pablo, otra de las que goza de mayor número de intervenciones, es común ver las pistas de Casta Álvarez llenas de niños y jóvenes jugando un interminable partido de fútbol o de baloncesto. Sin embargo, deben tener cuidado, especialmente los más pequeños, con las vallas que los rodean, resquebrajadas a lo largo de todo el perímetro.

Las calles de las Armas y de San Blas suman dos solares recuperados cada una. En los números 91 y 92 de la primera se ubican una plaza relativamente descuidada, con el forro de poliespan de algunos bancos arrancado, y un huerto urbano. Este último, gestionado por entidades del barrio, goza en estos momentos de un buen estado de salud.

San Blas muestra la cara y la cruz del programa. Mientras la pista de petanca del número 94 está en buenas condiciones –apenas hay algo de suciedad en una de las esquinas y un pequeño agujero en el suelo de otra-, el conjunto ajardinado del número 53 está completamente olvidado, con la vegetación muerta, las maderas del espacio central destrozadas y el suelo lleno de restos de botellón. El sistema de riego por goteo, además, ha sido totalmente reventado por los vándalos. Igual que ocurre en el Coso, el suelo está minado de desechos de perro y de micciones.

El de San Blas es, sin duda, uno de los terrenos peor cuidados de toda la ciudad, si bien comparte ese dudoso honor con el de la calle Mayoral. Ha desaparecido la red que servía de protección por la noche, quedando las dos mesas de ‘ping-pong’ al alcance de cualquier paseante con malas intenciones, y las paredes están repletas de ‘graffiti’. El suelo, igual que ocurre en otros puntos de la ciudad, está repleto de todo tipo de basuras y es complicado ver a ningún niño o mayor disfrutar de este rincón.

La margen izquierda aprueba con nota

Mejor cuidados, aunque con matices, están los solares del Actur, Vadorrey y el Arrabal. Junto al edificio de la CREA, se dispone un amplio parque que, aunque no muestra grandes deficiencias, ha sido ‘adornado’ por varios sprays. Además, también sirve de pipican para algunos canes de la zona y le faltan varios tablones de madera que hacían las veces de delimitador, por lo que se puede acceder al solar anexo, que está en muy malas condiciones. Esto supone un peligro para los niños. El otro espacio recuperado, en Gómez de Avellaneda, se encuentra en buenas condiciones.

También conserva un buen aspecto la intervención que se realizó junto al embarcadero de Vadorrey. A pesar de no estar vallada no ha sufrido actos incívicos, y solo se puede reprochar que algunos maderos del suelo del solárium estén sueltos y crezca vegetación entre ellos. Es, sin duda, uno de los puntos que mejor se ha integrado en la ciudad.

En la confluencia de la plaza del Rosario con la calle Jorge Ibort, se alza el único ‘Esto no es un solar’ del Arrabal. Siempre llenos de niños, los columpios de la zona no han sufrido el ataque de los gamberros y su estado de conservación es  óptimo.

Partida de 400.000 euros

En los últimos presupuestos aprobados por el Consistorio zaragozano consta una partida de 400.000 euros reservados para el programa. Hasta el momento no se ha movido un solo céntimo y el Ayuntamiento no confirma si se llevarán próximamente a cabo obras de adecuación, realmente necesarias en algunos puntos.

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