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Panteones en Torrero, refugio para indigentes

Al ser propiedad privada, la Policía no puede desalojarlos sin denuncia de las familias, algunas de las cuales no han tenido descendencia. Colchones, ropa y utensilios de aseo se acumulan junto a varias sepulturas.

Mausoleos abiertos para evitar las humedades.
Mausoleos abiertos para evitar las humedades.
M. S.

Colchones, bolsas con ropa vieja, cuchillas de afeitar y un viejo transistor se acumulan junto a las sepulturas. En la parte vieja del cementerio de Torrero hay unos 300 panteones, muchos de los cuales se encuentran abandonados y se han convertido en algo así como un refugio para los indigentes. Ante la falta de recursos, hay -incluso- algunos sintecho que no dudan en pasar la noche dentro de los vetustos panteones, cuyas lápidas protegen con plásticos y mantas.

Estos mausoleos, además, son propiedad privada por lo que las autoridades no pueden desalojarlos sin la pertinente denuncia de la familia que, en algunos casos, ya no cuenta con descendencia. Así, el Ayuntamiento es consciente del problema, pero reconoce tener las manos atadas ante posibles actuaciones.

No es un fenómeno nuevo. Los trabajadores del cementerio indican que hace tres años llegaron a ser cuatro sintecho los que malvivían simultáneamente entre las tumbas de Torrero, por lo que desvinculan la actual presencia de 'moradores' de las nefastas consecuencias de la crisis económica. Actualmente apenas dos hombres pasan la noche en el cementerio -uno en un panteón; otro, durmiendo al raso-, pero son muchos más los que durante el día merodean entre las tumbas limpiando algunas capillas y dando de comer a los gatos.

Con sus propios candados

Estos indigentes son, además, viejos conocidos de los porteros y el personal de las funerarias, con quienes conversan a diario y que los controlan a distancia, «para que la cosa no se desmadre». Conocen las rutinas de los sintecho, cuentan que incluso limpian algunas capillas y creen que malviven en el cementerio porque «son pobres gentes que no tienen un sitio adónde ir». Apenas se da un puñado de casos, aunque los moradores del cementerio son persistentes porque, incluso, los que han sido 'invitados' a marcharse han regresado meses después.

«Algunos se quedan a dormir y otros, simplemente, pasan aquí todo el día, salvo la hora de la comida, cuando acuden a comedores sociales, y las noches, que las pasan bajo algunos puentes, en el albergue o en la Casa de Amparo», comenta uno de los enterradores. Dicen, también, que son muy celosos de sus pertenencias, y en algunos de los panteones ocupados hay medicamentos, gafas, paquetes de tabaco, botes de gel y candados relucientes recién comprados.

«Se meten en los que no hay cerradura alguna y saben que están abandonados», remarcan trabajadores del cementerio. «Entonces, se hacen con una cadena y un candado y se los apropian». La gran mayoría de los panteones son accesibles: basta con levantar la puerta de chapa y descender las tétricas escaleras. Algunas familias, incluso, los dejan abiertos para evitar que la continua humedad se agarre a las paredes y provoque que aparezca moho. La mayor parte de los de Torrero son de una bella arquitectura historicista de comienzos del siglo XX y su interior, de escasos cuatro metros cuadrados, está perfectamente protegido contra las inclemencias del tiempo, aunque no contra las tupidas telas de araña.

Las rendijas de algunas criptas abandonadas han sido tapiadas por las brigadas con una retahíla de ladrillos y, en algunos casos, soldadas y clausuradas. «Anda que no nos hemos llevado sustos cuando, al acceder a algún panteón, nos ha saltado un gato a la cara», bromean los enterradores, para quienes, si se supera el reparo de estar rodeado de cruces de hierro y mármol, el camposanto es «como un parque más». Igual opinan los sintecho, que beben de las fuentes del cementerio, se asean -incluso- al punto de la mañana, guardan el tabaco entre las ramas de los cipreses y matan el tiempo paseando.

Esta misma semana se está instalando junto a la portería de la parte vieja del cementerio -como en el resto del complejo- un sistema de cierre automático de puertas. El recinto, hasta ahora, se cerraba manualmente, aunque en muchas de las verjas ni siquiera se echaba la llave.

Esta medida, así como la instalación de cámaras de seguridad, servirá para evitar casos de vandalismo en algunos mausoleos familiares -muchos, auténticas joyas arquitectónicas de gran valor patrimonial- que presentan un pobre estado de conservación. El Ayuntamiento también estudia medidas para intentar que los panteones que evidencian desatención puedan revertir al Consistorio o sean donados por sus legítimos propietarios, si es que alguno de sus descendientes aún permaneciera con vida.

(Más información en la edición impresa de HERALDO)

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