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Zaragoza
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INMIGRACIÓN

Las Delicias pide un plan de integración al multiplicar por 18 su población extranjera

En el distrito, el más poblado de la ciudad, hay casi 26.000 inmigrantes, cuando hace once años no llegaban a 1.500. Los vecinos dicen estar «preocupados» por los posibles conflictos.

Las Delicias pide un plan de integración al multiplicar por 18 su población extranjera
Las Delicias pide un plan de integración al multiplicar por 18 su población extranjera
ARáNZAZU NAVARRO

En plena calle de Delicias, la plaza del jardín vertical, aún sin bautizar oficialmente, se convierte al caer la tarde en una mezcolanza de razas plena de actividad. Se trata de uno de los pocos espacios abiertos de la zona, y la cotización de los bancos y de los espacios para jugar está por las nubes. La variedad de culturas presentes es fiel reflejo de la realidad del barrio.

Las Delicias es, con diferencia, la zona de Zaragoza con mayor número de inmigrantes, cuya presencia se ha disparado en los últimos años. Su irrupción en la vida del distrito ha supuesto, como en otros puntos de la ciudad, un cambio importante, enriquecedor en algunos casos y foco de conflictos si la convivencia no es la deseada en otros. En la citada plaza sin nombre, por ejemplo, el ruido que generan en verano por las noches algunos grupos de extranjeros provoca más de una queja.

Hace once años, en 2000, en Las Delicias había 1.427 inmigrantes, según datos del padrón municipal. Este mismo registro cerró el año pasado con un censo de 25.891 vecinos nacidos en el extranjero. En poco más de una década, por lo tanto, la presencia de inmigrantes se ha multiplicado por 18. Sin embargo, el crecimiento de los servicios sociales, lamentablemente, no ha ido en paralelo.

Las carencias del barrio son las mismas que en muchas otras zonas de la ciudad, pero como señala Isabel Antón, de la asociación de vecinos Manuel Viola, «aquí todos los problemas se disparan», como consecuencia de la convivencia de más de 115.000 personas (inmigrantes o no) en menos de tres kilómetros cuadrados. Por ello, los vecinos reclaman un plan especial para el barrio. «En el Casco tienen el PICH, en el Oliver el PIBO... Nosotros necesitamos un plan global 'modelo Delicias', específico para el barrio, porque tenemos situaciones distintas a las de otras zonas de la ciudad», apunta Antón.

Uno de los ámbitos que tendría que reforzar el plan es el trabajo de integración de inmigrantes, pero no exclusivamente: «Las características demográficas y culturales exigen una actuación, pero también el número de niños y de personas de la tercera edad que tenemos», comenta Antón. En un distrito tan poblado, casi todos los servicios se quedan cortos. Por ejemplo, los dos centros de tiempo libre solo pueden acoger a 100 de los 12.000 niños de 0 a 14 años que viven en Las Delicias, los mismos que tienen que atender los dos únicos educadores sociales que trabajan en el barrio.

Desde la asociación de vecinos, acostumbrados a trabajar con el tejido social de Delicias, tienen clara la 'hoja de ruta' que habría que establecer. Primero, señala Antón, habría que «rentabilizar» y «coordinar mejor» los servicios sociales existentes. Y luego, «ampliar y adaptar las políticas sociales a la realidad de Delicias, a su diversidad y a su número de habitantes», añade.

Mientras tanto, la asociación de vecinos 'Manuel Viola' trabaja con muchos de los inmigrantes que acuden a su sede, bajo el jardín vertical. Así, gracias a las subvenciones de la DGA desarrollan el programa 'la asociación, un espacio para la integración', para tratar de prevenir situaciones conflictivas y mejorar la convivencia en el barrio.

Además, dan cursos de español para extranjeros, en las que además del idioma les transmiten la cultura e instituciones españolas. Ahora, con la llegada del verano, también programan actividades para niños inmigrantes que no pueden acudir a otro tipo de colonias urbanas o irse fuera de vacaciones.

Isabel Antón reconoce que en el barrio hay «preocupación» por la masiva llegada de foráneos en los últimos años, pero avisa: «La integración debe ser de doble vía, tiene que ser mutua». «Muchas veces tenemos que trabajar más con las personas autóctonas que con los inmigrantes», concluye.

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