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Varias familias zaragozanas en el albergue municipal

El 21,3% de los usuarios españoles también están empadronados en la capital aragonesa.

Antonio Campos y su madre, María Sanjusto, en el comedor de la vivienda donde residen.
Varias familias zaragozanas en el albergue municipal
OLIVER DUCH

La crisis ha cambiado el perfil del usuario del albergue en los últimos tiempos. El trotamundos que va de un lado a otro, movido por sus circunstancias económicas y sociales, ha dado paso a vecinos de la propia capital aragonesa, 289 el año pasado, que se han visto en la necesidad de acudir a estas instalaciones. También se han incrementado los usuarios crónicos (132 personas, el 4% del total), a los que la debacle económica pilló ya en la calle y han visto como su situación se mantiene irremediablemente porque no encuentran ninguna salida laboral.

Según los datos de 2010 facilitados por los responsables del albergue, el 82% de las familias que viven en sus apartamentos, destinados a gente sin recursos, eran de Zaragoza ( 37 de las 45 familias alojadas). Permanecieron allí una media de 71 días, aunque muchas han estado un año. Luego, cuando ya cuentan con algún recurso económico se derivan a las viviendas que posee el albergue (3 propias y 7 en convenio con otras entidades). Además, el 21,3% de los usuarios españoles tenían fijado su lugar de residencia en Zaragoza (289 personas), lo que supone un 10,8% del total.

«En 2010 tuvimos una ocupación media del 90% y el número de personas que usaron el albergue fue ligeramente inferior a 2009. Esto se debe en parte a que la crisis no echa a la gente inmediatamente a la calle, porque los familiares siguen soportando las cargas. El problema llegará cuando las familias ya no puedan más», apunta Gustavo García, director del albergue municipal.

En total, el año pasado se atendieron a 3.155 personas, de las que el 53% se situó en una franja de edad comprendida entre los 26 y los 45 años. El porcentaje de mujeres fue del 10% y los extranjeros rondaron el 56,7%, cifras que se mantienen desde hace un tiempo.

La tendencia más preocupante hace relación a un incremento en los usuarios crónicos del albergue. El año pasado más de 400 personas repitieron su estancia y de ellas, 132 llevan utilizando los servicios de esta institución desde hace más de 5 años. «Antes la gente pernoctaba un par de días esperando un trabajo en la fruta o cualquier otra cosa . Cuando lo conseguían se iban o prolongábamos un poco su estancia mientras trabajaban y encontraban algo mejor. Ahora no ocurre esto», concluye García.

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