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EN PRIMERA PERSONA

«Ofrecemos técnicas orientales y de aquí»

Violeta tiene tanto clientes españoles como chinos. Su secreto: calidad a precios ajustados.

Violeta tiene a su derecha el rizador permanente que ha traído de China.
Las peluquerías chinas captan hasta un 30% de clientela de las tradicionales
ESTHER CASAS

Violeta tiene solo 25 años, pero desde hace 3 meses es empresaria. Abrió su peluquería en la calle de Unceta con el propósito de ofrecer los tratamientos de belleza de su país de origen y todos los que aprendió cuando se formó en Zaragoza. De momento, no le va nada mal y ha fidelizado a un nutrido grupo de clientas españolas, africanas y chinas.

«Con la crisis, sabía que la clave era ofrecer descuentos y precios especiales. Y de momento, voy tirando», cuenta la peluquera. Por ejemplo, durante enero ha lanzado un 'pack' que incluye lavado, corte, masaje capilar, peinado y acondicionado a partir de 17,95 euros. Además, a las clientas especiales les ha hecho una tarjeta con la que disfrutan de un 30% de rebaja.

«Lo que no me gusta es que algunas personas piensan que lo hacemos más barato porque utilizamos productos de mala calidad, y no es así. Nosotros trabajamos con una empresa especializada alemana y con otras muy usadas por centros de belleza de aquí», explica Violeta.

Asegura que estos salones orientales son expertos en alisado y ofrecen técnicas que a la gente les resultan exóticas. Por ejemplo, el lavado se hace en seco, en el tocador. «En China se hace siempre así para evitar el apoyacabezas, tan incómodo. Después se da un masaje capilar que es muy agradable», añade. Además, ha traído de China un rizador permanente específico, que asegura que es muy duradero.

Al principio le costó convencer a sus padres de su vocación. «Hay muchos bazares y bares chinos, pero yo quería dedicarme a esto. Mis padres al principio recelaban, porque en mi país en algunos salones de belleza se venden, entre bambalinas, servicios sexuales. Pero yo me matriculé y se lo dije después. ¡Ya no iba a perder el dinero!», recuerda.

A sus órdenes trabajan dos chicos chinos y una española, que se encarga de toda la línea de masajes y estética.

Chus, clienta habitual, hasta se va a animar a ponerse uñas de porcelana. «Al principio te da cosa, pero cuando ves que te tratan igual de bien que en otras peluquerías, vuelves», dice. Y se despide hasta la semana que viene.

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