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testimonio

"Te pasa la vida por delante y piensas que vas a morir"

Veintitrés de los 38 ocupantes del autobús accidentado continúan ingresados en hospitales de Zaragoza. La evolución de todos ellos es buena .

José Manuel Viñuales, con su hija Bea, sale del hospital.
"Te pasa la vida por delante y piensas que vas a morir"
ARáNZAZU NAVARRO

José Manuel Viñuales, de 48 años, abandonaba ayer el Hospital Royo Villanova magullado pero contento. Rodeado de su familia y deseando llegar cuanto antes a su casa, este operario de la General Motors era uno de los quince trabajadores que ya han recibido el alta médica de las lesiones sufridas en el accidente de tráfico, en el que otros 36 compañeros y el conductor del autobús resultaron heridos. Sobre las 13.30, salía del centro sanitario con varios puntos de sutura en la barbilla, una costilla rota, cojeando de una pierna por los fuertes golpes recibidos y con todo el cuerpo dolorido. "Estoy contento porque sé que, a pesar de todo, hemos tenido muchísima suerte", decía en el pasillo del hospital. Su hija Bea, de 17 años, lo abrazó en cuanto lo vio y ya no lo soltó.

Minutos antes se había despedido de sus compañeros de trabajo Luis Hernando y José Miguel Bachiller. El primero, de 51 años, aguarda paciente la decisión de los médicos para ver qué tratamiento deciden para él. Tiene unas vértebras fastidiadas y, de momento, permanece en posición completamente horizontal en su cama del hospital. Luis Hernando fue una de las cinco personas que salió despedida del autobús cuando "aterrizó" en la zona ajardinada de la dársena de la estación de autobuses. Iba en el tercer asiento del vehículo y pasó de pronto de "esperar el golpe" a estar "fuera del cristal". Enseguida fue consciente de que se había lesionado en la espalda. "Me dolía mucho y no me podía mover. Pero cuando vi que las piernas me respondían, me quedé más tranquilo", recordaba ayer en el centro sanitario. Rodeado de su familia, contaba que la sensación que tuvo en el momento del accidente: "Lo que pensé es que me iba a morir".

Idéntico relato hizo su compañero de habitación, José Miguel Bachiller, de 54 años, 28 de ellos en Opel y usando siempre la misma línea de autobús. "Me desperté con el primer volantazo y de pronto vi que el autocar se llevaba todo por delante y que volábamos por el aire. Me agarré todo lo fuerte que pude al asiento, me agache y esperé el golpe. Te pasa toda la vida por delante y piensas que vas a morir", contó. Tiene roto un tobillo y un esguince en el otro pie y está pendiente de ser operado.

"Me han dicho que la fractura es fea porque los huesos están astillados, pero bueno..., estoy bien", contaba. "De cualquier forma, no quería hacer el camino de Santiago", bromeaba delante de su mujer, Mercedes, que ayer, por fin, pudo estar todo el día con él. "El viernes no me dejaron casi verlo y los médicos aún no me han dicho nada", protestaba.

José Miguel Bachiller reconocía que ayer estaba mucho más animado que el día anterior. "Lo pasé muy mal y la noche tampoco ha sido buena. La escena del accidente se repetía en mi cabeza una y otra vez", manifestó. Tanto él "como muchos compañeros" no vieron el coche con el que se dieron y Bachiller reconoció que el autobús que les llevaba "despacio, no iba".

Además de estos dos trabajadores, otros 21 siguen ingresados en distintos hospitales, seis en ucis.

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