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Tercer Milenio

JUICIO POR EL CRIMEN DEL CAMIONERO

Un policía presente en el interrogatorio de Larriba dice que no fue presionado

El inspector asegura que el acusado reconoció los hechos ante la Guardia Civil voluntariamente.

Pese al malestar generado entre el Cuerpo Nacional de Policía (CNP) y la Guardia Civil por la investigación del asesinato de José María Justicia, que dio lugar a la detención de dos sospechosos diferentes, los agentes del Grupo de Homicidios asumieron ayer el resultado de las pesquisas que hizo la Benemérita. De la docena de testigos que declararon ayer en el juicio que se sigue contra Juan Carlos Larriba Marco por el crimen del camionero, cuatro de ellos tuvieron especial relevancia: un inspector y el jefe del Grupo de Homicidios de la Policía Nacional, el actual teniente y entonces alférez de la Guardia Civil que detuvo al actual procesado y el abogado del anterior imputado.

Los dos primeros explicaron al jurado por qué decidieron detener a Rubén C. A. como presunto autor del crimen y que luego estuvo once meses en prisión. Para ellos, el punto de arranque fue la identificación que la testigo S. R. hizo de Rubén C. en las fotos que le enseñaron en Jefatura. A partir de ahí averiguaron que tenía un antecedente por agresión e identificaciones por altercados en la vía pública; que trabajaba en un bar a 50 metros del lugar del crimen y este coincidía con su horario de salida; que hubo llamadas con sus amigos preparando las declaraciones que debían hacer ante la Policía y buscando una coartada; que un amigo fue a Jefatura para decir que en su testimonio anterior había mentido y que el portero del bar Happy le tenía vetada la entrada.

Con estas mimbres acordaron su arresto. Sin embargo, como reconoció el jefe de Homicidios, el hecho de no hallar al segundo participante en la agresión (Manuel S. B., que pegó al paisano de la víctima Juan Quesada), era un déficit fundamental en la investigación. "Nos quedó la duda y el mal sabor de no saber quién era esa segunda persona", dijo. El jefe del Grupo aseguró que se enteró "mal y tarde" de la investigación de la Guardia Civil. Aún así, cuando sus superiores le ordenaron que enviara a alguien para que colaborara, mandó a un inspector que conocía el asunto desde el principio.

"Mi impresión es que (el inspector) se quedó satisfecho con el resultado porque se había dado con el segundo implicado, había reconocido los hechos y coincidía con las características que dieron los testigos", dijo. Por eso, a preguntas del letrado Enrique Trebolle, dijo que "desde el punto de vista policial" asumía "totalmente" el resultado de las averiguaciones.

La colaboración del inspector de Policía se limitó a estar presente en el interrogatorio de Juan Carlos Larriba y en la reconstrucción de hechos. Ayer declaró que ni en una ni en otra se sugirió al detenido lo que tenía que responder y que lo hizo libremente y en presencia de un letrado de oficio.

45 minutos de respuesta

Quién dio una profusa explicación de sus investigaciones fue el teniente de la Guardia Civil. Su primera respuesta duró 45 minutos. En ella relató pormenorizadamene que fue el abogado de Rubén C., Pedro Carranza, quien fue a la Comandancia para contarle que había un inocente en la cárcel (su cliente), y que una llamada anónima (hecha por el primo de Rubén C.) le había puesto en la pista de un chico de Torrero que se jactaba de haber cometido el crimen.

"Un testigo había declarado que los que huyeron del lugar del crimen dijeron 'cuidado, que somos de Torrero' y eso no había salido en la prensa", explicó el funcionario. A partir de ahí, siguió y grabó a Larriba y Manuel S.; cogió una colilla que este último tiró en una estación de autobuses; la llevó él mismo a analizar al laboratorio científico de Madrid; intervino los teléfonos y les enseñó el vídeo de los sospechosos a los testigos. "Quesada se echó las manos a la cabeza al verlo y lloró al darse cuenta de que se había equivocado al identificar al primer detenido", dijo el guardia civil.

El funcionario también investigó las llamadas que Rubén C. hizo la noche del crimen con su móvil y descubrió que había tenido solo 4 minutos -entre las 5.04 o 5.09- para salir de trabajar, cambiarse de ropa, hablar con un amigo, cometer el crimen y marcharse. "Esta comprobación no la hizo la Policía", reprochó. También cuestionó que el Grupo de Homicidios no pidiera las imágenes del bar Happy, donde se ve a Larriba correr hacia el lugar donde está el joven que murió en otro homicidio en María Lostal y hacer algo "que no se ve". "No se si le da una patada o le toma el pulso, pero las imágenes están ahí".

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