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JUICIO

Una testigo identifica a Larriba como la persona que pateó a José María Justicia

La joven, tras muchas dudas y vacilaciones, aseguró que el acusado es el chico que vio atacar al camionero fallecido en San Vicente Mártir. Otros testigos no lo reconocen.

Juan Carlos Larriba observa a Juan Quesada, paisano de la víctima, durante su declaración.
Una testigo identifica a Larriba como la persona que pateó a José María Justicia
TONI GALáN/APG

Tras muchas dudas, nervios y vacilaciones, una testigo identificó ayer a Juan Carlos Larriba Marco como el autor de las patadas que acabaron con la vida de José María Justicia Expósito, de 39 años, en la madrugada del 21 de mayo de 2006 en la calle de San Vicente Mártir. La joven comenzó su declaración temblando, hasta tal punto que el magistrado presidente del tribunal del jurado, Mauricio Murillo, le dijo que se sentara y se tranquilizara. Cuando presenció el crimen tenía 19 años y no lo ha olvidado.

La chica contó al jurado que lo primero que vio fue a un chico que se estaba peleando con Juan Quesada, el camionero paisano de la víctima, en la calle de María Lostal. "Era moreno, no muy alto y llevaba una cazadora tipo bomber. Escuché que el hombre le decía 'mira lo que le están haciendo a mi amigo, que lo van a matar', pero el otro chico lo retenía y no le dejaba ir a ayudarle", declaró.

Al volver la esquina de San Vicente Mártir, vio a otro chico con una camiseta "azul y con números y rayas blancas, como de rugby" que "daba patadas en las piernas y luego en la cabeza" a José María Justicia. "Hizo un intento de cubrirse, pero perdió el equilibrio y cayó al suelo. Allí le siguió dando con gran brutalidad y sin posibilidad de defensa", contó.

Este chico, según describió, era "alto, delgado y con el pelo castaño claro". Días después, agentes del Grupo de Homicidios de la Policía Nacional le enseñaron un montón de fotografías y entre ellas identificó a Rubén C. A. "sin dudas" como presunto autor del crimen. Posteriormente, en la rueda de reconocimiento también lo señaló, aunque precisó que "lo recordaba más alto". Rubén C. A. ingresó en prisión como sospechoso del asesinato.

Vídeo no aportado

Al cabo de un año, la Guardia Civil la llamó y le enseñó un vídeo (que no está aportado a la causa) que dos agentes hicieron a Juan Carlos Larriba y a sus amigos en un parque de Zaragoza. Esas imágenes fueron mostradas a esta testigo y a otros para que los reconociera como implicados en el crimen. "La Guardia Civil me dijo que el que estaba en la cárcel no era y me enseñó la fotografía del DNI de Juan Carlos Larriba", dijo al tribunal.

Ayer, al preguntarle por el acusado, dijo: "A este chico de mi izquierda no me lo han enseñado nunca". "¿Está segura?", le interrogaron. "Después de lo que pasó la primera vez no me atrevo... Te surgen muchas dudas", expresó. El juez hizo levantarse al acusado para ver su altura (Rubén mide 1,80 y Juan Carlos casi 1,95). "Podría ser", dijo.

El interrogatorio se prolongó durante diez minutos más y, al final, cuando ya había terminado de declarar, la defensa hizo la última pregunta: "¿Es este el chico al que vio pegar?". "Sí", respondió la joven.

Otro de los testimonios más esperados era el de Juan Quesada, compañero de profesión de José María Justicia, con quien iba la noche en que lo mataron. Su declaración no hizo más que confirmar que la agresión fue completamente gratuita, producto de la violencia más absurda.

Relató que sobre las 5.00 caminaba por la calle con Justicia cuando se cruzaron con un grupo de jóvenes que iban dando voces. "Mi compañero les llamó la atención y dijo algo así como 'dónde vais con esas voces'. Dos se volvieron y nos dijeron ¿qué pasa, nos estáis vacilando?", relató. A partir de ahí empezó todo.

Durante la investigación, Quesada identificó a Rubén C. A. como autor del crimen y recordó que al verlo en la rueda de reconocimiento "el estómago le dio un vuelco". Pero cuando un año después la Guardia Civil le dijo que se había equivocado "el mundo se le cayó encima". "Me llamaron para enseñarme una fotografía (de Larriba) y un vídeo. Yo les dije que me parecía más gordo y más moreno. Pero me dijeron que podía haber perdido peso y teñirse el pelo". "¿Le dio la impresión de que le coaccionaban para que dijese que era él?", preguntó la defensa, Carmen Sánchez. "Sí", respondió. A estas alturas, lo único que tiene claro Quesada es que el criminal tiene las piernas arqueadas.

Ayer declaró también Héctor A., primo de Rubén C. y conocido del colegio del acusado, a quien este señala como la persona que le convenció para que se autoinculpara del crimen y sacar a su primo de la cárcel. Héctor A. negó todas estas acusaciones, aunque reconoció haber sido él quien, tras escuchar decir a amigos de Larriba "todos los tontos tienen suerte", en referencia al crimen del camionero y a que el culpable estaba en la calle, decidió informar al abogado de Rubén C., Pedro Carranza. Este lo comunicó a la Guardia Civil, quien abrió su investigación.

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