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TOROS

Hemos tocado fondo

Un sucedáneo de Valdefresno, que solo tuvo fachada y cara, echó un borrón.

Matías Tejela contempla cómo el quinto de la tarde huye de la pelea
Hemos tocado fondo
CARLOS MONCíN

Pues sí. Ya se ha tocado fondo. Y antes de lo previsto. La paciencia de los cuatro mil y pico aficionados se ha hecho añicos. Desgastada y silenciosa, ayer bajó el pulgar y sentenció la feria y a la empresa. Con razón. No hacen falta manifestantes de fuera. Si esto, tan real como vulnerable, sigue así se va directamente al cubo de la basura. Y sin remedio aparente, que es peor. Y ahora en Cultura. ¡Ja!

La corrida de Valdefresno fue un manual de mansedumbre recubierto de unas tapas voluminosas. Bastas. Badanudas y con unos pitones escondidos en gruesas mazorcas. Corrida dispar de hechuras y blanda de manos. Y de riñones. Rajada, y hasta el punto exasperante de dejar plantado al torero y huir. Buscar refugio en terreno de nadie. Sosos, desrazados y con el peligro sordo de echarle mano a uno en cualquier momento. Lamentable espectáculo que nos pone contra las cuerdas. El sexto, que hizo sobrero de Los Bayones, fue un zapatito con dos perchas afiladas que embistió a oleadas y se paró cuando se sintió perdido. Afligido. Otro manso más.

Serranito, sustituto del lesionado Uceda Leal -que envió parte facultativo a primera hora de la mañana-, se hizo cargo de su cuadrilla. Y de la pesada tarde. Inédito con el capote de no ser por una larga cambiada y un improvisado quite por chicuelinas al segundo. Con el tercero recorrió todos los tendidos del coso intentando buscarle los frentes. Imposible. Al sexto bis le robó algunos naturales muy sueltos a base de firmeza y dejarle la muleta siempre puesta en la cara para que no viera espacio por donde huir. El fallo a espadas le costó dos recados presidenciales.

Matías Tejela sumó una más. Muy amontonado y espeso de ideas, no se sintió a gusto en toda la tarde. Arrancó un par de series aisladas y algún natural suelto de poco relieve. Con el montadito y rebrincado quinto, manso, mansísimo, se fue a las tablas para acabar de un bajonazo.

César Jiménez, al menos, puso la voluntad que les faltó a sus descastados enemigos. Les dio sitio, los dejó respirar y, sin poderles bajar la mano, sacó derechazos estimables y algún natural tan suelto, que casi ni se notó. Para no ser menos que sus compañeros pegó un sainete con la espada.

Bregaron perfectamente Roberto Bermejo, Carlos Casanova y Pablo Saugar 'Pirri'. Buen par de Arruga al primero y Pablo Ciprés, al tercero. Menos mal que aún hay profesionales. Y de Aragón.

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