Despliega el menú
Zaragoza
Suscríbete

PILAR 2010

Sale lo mejor

Los gigantes y cabezudos llenan de emoción las calles de la ciudad. Son fundamentales en la programación infantil pilarista, uno de los puntales de las fiestas de Zaragoza.

Los cabezudos, en acción, en el paseo de la Independencia
El morico vuelve a la carga
TONI GALÁN/A PHOTO AGENCY

Con la resaca del pregón todavía presente y algún charco que recordaba el chaparrón del sábado, el centro de Zaragoza se convirtió ayer por la mañana en una inmensa guardería. Miles de niños -de la mano de sus ojerosos padres o acompañados por sus abuelos- acudieron a la plaza del Pilar para disfrutar del primer ‘paseíllo’ de la tradicional comparsa de Gigantes y Cabezudos. A las 11.00 comenzaron las primeras carreras, y la calle de Don Jaime I pronto se convirtió en la Estafeta pamplonica. En lugar de toros corrían cabezudos, pero los jóvenes escapaban de ellos como si tuviesen astas. Más de un paseante despistado tuvo que refugiarse en algún portal para esquivar la estampida de niños, padres y hasta carritos de bebé que ocupaban la calzada y las aceras.

Los que se vieron obligados a correr junto a sus hijos pronto se arrepintieron de no haber hecho pretemporada. A la altura del Coso, eran muchos los adultos que, con la lengua fuera, tuvieron que pedir un respiro a sus pequeños. “El año que viene los mando con mi mujer, que ya no estoy para estos trotes”, bromeaba uno de estos padres, Joaquín Zamora. Y es que el susodicho, además de escapar de la Forana, el Boticario y compañía, tuvo que cargar con su hija de dos años, que ayer debutaba en la comparsa. La pequeña, que no comprendía la naturaleza de aquellas desproporcionadas cabezas, vivió su primer desfile con más miedo que alegría. A su lado, un niño un poco más mayor la miraba, asombrado por la potencia de sus lloros.

Mientras tanto, a otros no les salían las cuentas. “Yo creo que el año pasado había menos cabezudos”, comentaba una pequeña que, sobre los hombros de su padre, se sentía casi tan alta como unos gigantes que avanzaban por la plaza de España al ritmo de la música. Sin embargo, el Rey, la Reina, Don Quijote y Dulcinea despertaron más interés entre los adultos que en los corrillos de jóvenes, demasiado ocupados en atraer la atención de los cabezudos.

Aunque tardaron en perder el pánico inicial, en la calle de César Augusto incluso se atrevían a entonar aquello de “El Torero como es tan chulo, salta la tapia y se rompe el culo”, una provocación que en el peor de los casos se saldó con un par de buenos latigazos. Sin embargo, el que más pasiones levantó fue el exótico Morico, al que le faltaban manos para saludar a sus pequeños seguidores y castigar a los jóvenes más traviesos. Tras el paseo, todavía pulularon un rato más por la plaza del Pilar, aunque no tardaron en regresar al Ayuntamiento. Eso sí, hoy les tocará volver a correr detrás de la muchachada, porque los cabezudos son un fijo en estas fiestas y salen por la mañana, a partir de las 11.00, excepto el jueves y el viernes, que saldrán a las 18.00. El martes no hay.

 

Las marionetas de Pelegrín

Mientras los niños escapaban de los implacables látigos por la plaza del Pilar y alrededores, en otra plaza, la de los Sitios, Erika Salvador esperaba impaciente a que se abriera la verja para poder ver las aventuras de Pelegrín, la estrella de Teatro Arbolé.

La pequeña, de cuatro años, llegó puntual a la cita. Lo hizo acompañada de su abuelo, Santiago Salvador, con quien comparte pasión por este personaje de animación, que ayer volvió a meterse al público en el bolsillo con sus aventuras y, sobre todo, sus desventuras, que siempre terminan bien.

A la primera de las sesiones, la de las 12.00, acudieron más de un centenar de personas, y otras tantas tuvieron que esperar al siguiente pase, porque estaba todo completo. “Para los niños, esta es una de las actividades más divertidas del Pilar. Además, lo bueno de estas funciones es que son muy variadas y puedes venir un par de veces sin tener que repetir espectáculo”, señaló Cristina Sendina, que acompañaba a su hija Lara, de cuatro años.

Durante media hora, que es el tiempo que dura la sesión, los títeres se encargaron de mantener en vilo a los espectadores, no solo a los niños, sino también a los más adultos, porque el espectáculo está dirigido a todos los públicos.

Al acabar la sesión, tocaba la hora del vermut y la plaza de los Sitios se convirtió en un ir y venir de cochecitos y carros de bebés, con los padres convertidos en auténticos pilotos capaces de competir el año que viene en el circuito de Motorland.

Hoy, los que no tengan tanta prisa, pueden pasarse por la Carpa del Ternasco, también en la plaza de los Sitios, para presenciar las historias de Ternaskiko (a las 11.00), o andar un poco más y dirigirse hasta el Parque Grande José Antonio Labordeta, donde, a partir de las 17.00, las marionetas se adueñan del escenario del I Festival Internacional de Teatro de Feria.

Etiquetas