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Zaragoza

JUICIO

El hombre que mató a otro y vivió 9 días con su cadáver dice que sintió alivio al ver a la Policía

José Manuel Montero, ayer, en la sala de la Audiencia.
El hombre que mató a otro y vivió 9 días con su cadáver dice que sintió alivio al ver a la Policía
APA/TONI GALáN

José Manuel Montero Outeiral, de 36 años, dijo ayer sentirse arrepentido de haber acabado con la vida de Cándido Sánchez López, de 49, a quien estranguló con sus propias manos. "Desde entonces tengo que tomar pastillas. Cierro los ojos y veo la escena", manifestó al jurado. Sin embargo, cuando le dijo a la Policía lo que había hecho se mostró "impasible, tranquilo", como describió un agente. Psicológicamente, Montero tiene una personalidad antisocial, con rasgos narcisistas y psicopáticos y es muy frío emocionalmente. "Nosotras no apreciamos que sintiera remordimientos. Es una persona que no asume responsabilidades, no le importan las normas y tiene tendencia a utilizar la violencia con fines instrumentales", dijeron, entre otras cosas, las psicólogas que lo entrevistaron.

José Manuel Montero fue juzgado ayer por un tribunal popular como autor del homicidio de Cándido Sánchez, cometido el 12 de mayo de 2009. Ambos, entonces indigentes, vivían en una casa en ruinas de la calle de Enrique Val, en el barrio de Miralbueno.

Esa noche, según declaró el acusado, estaba durmiendo cuando Cándido Sánchez llegó borracho y gritando que iba a matarle y a echarle de la vivienda como había hecho antes con otro transeúnte. "Oí que rompía los cristales de la puerta de entrada. Abrí la de mi habitación y me golpeó con una barra de hierro en un costado. Intentó darme otra vez y paré el golpe con la mano. Cuando quiso pegarme de nuevo, lo cogí del cuello", explicó ayer. Durante un par de minutos, según los forenses, estuvo apretando con tal fuerza que le rompió el hueso hioides y le luxó varias vértebras. La víctima murió por asfixia mecánica.

"Yo temía por mi vida", justificó el acusado. Tras estrangularlo en la cama, lo dejó allí y se fue otra habitación. "Se me cayó el mundo encima", manifestó. Al día siguiente, Montero se fue a Galicia porque tenía que ser juzgado por resistencia a la autoridad. Cuando volvió dos días después, trasladó el cadáver a otro cuarto y lo dejó en el suelo envuelto en una lona y bolsas de plástico. De vez en cuando, lo rociaba con lejía para evitar el mal olor. Así estuvo hasta el 21 de mayo, cuando una patrulla de la Policía Nacional sospechó de Montero al verle meterse en la casa abandonada.

Los agentes, que estaban alertas porque en esa zona hay obras y suele robarse cobre, lo siguieron para identificarle. "Las puertas estaban cerradas con candados y tuvimos que insistirle para que las abriera. Lo hizo, se echó hacia atrás y se quedó en silencio. Entramos al cuarto y aunque estaba oscuro vimos un bulto en el suelo, como una alfombra enrollada. Lo movimos con el pie y le preguntamos qué había pasado. Dijo que lo había matado porque llegó borracho y le había atacado con una barra de hierro", relataron.

La fiscal, que pide 12 años de prisión con la atenuante de confesión, solicitó al jurado que lo condene por homicidio. A su juicio, lo que hubo entre la víctima y Montero fue una pelea en la que él usó unos medios desproporcionados.

Sin embargo, su abogado de oficio, Leandro Ubieto, mantiene que deben apreciarle la eximente de legítima defensa porque lo único que su cliente hizo fue defenderse de una persona que lo quería matar y que le atacó con una barra de hierro. De hecho, los forenses apreciaron, once días después de la agresión, que el acusado tenía en un costado un hematoma alargado, compatible con golpe con una barra de hierro.

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