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Zaragoza

REACCIONES

Los veteranos del Tubo ven excesivo que pidan cárcel para la cigarrera

La Guardia Civil detuvo a un familiar con 252 cartones de tabaco para ella y la fiscalía les solicita dos años de prisión.

Los veteranos del Tubo ven excesivo que pidan cárcel para la cigarrera
Los veteranos del Tubo ven excesivo que pidan cárcel para la cigarrera

Una mezcla de asombro e incredulidad se palpaba en las conversaciones de los zaragozanos que ayer tomaban vermú en los bares del Tubo mientras comentaban la noticia de que a Serafina, la cigarrera que lleva 56 de sus 82 años vendiendo cigarrillos en la vía pública, le piden dos años de cárcel por contrabando de tabaco.

"¿Es una broma, no?", "¡pero a quién se le ocurre!" o "hay tantas cosas ilegales en el mundo y tienen que venir a meterle mano a Serafina", eran las expresiones espontáneas de todos a los que se les preguntaba su opinión sobre la decisión de la fiscalía de acusar a la vendedora.

Como ayer publicó HERALDO, el ministerio público y la abogacía del Estado, en nombre de la Agencia Estatal Tributaria, solicitan dos años de cárcel y 16.000 euros de multa para Herminia Martínez Lines, conocida como Serafina, por un delito de contrabando. La misma pena piden para el marido de su nieta y para un vecino de la Seo de Urgel (Lérida).

La acusación es producto de la detención en septiembre de 2009 del familiar de la cigarrera cuando regresaba de la localidad leridana con 252 cartones de tabaco rubio en su turismo particular. Una patrulla fiscal del Núcleo de Reserva de la Guardia Civil lo paró en un control que había instalado en la autopista AP-2 y, al registrar el vehículo, encontró la mercancía. Los agentes comprobaron que las cajetillas de tabaco, que valoraron en 8.000 euros no tenían los precintos que acreditan que se han satisfecho los requisitos que la ley exige para el comercio o importación y lo arrestaron por contrabando.

Libertad sin fianza

Ante el juez, declaró que los cigarrillos eran para la abuela de su mujer, que se dedica a vender tabaco en el Tubo. El magistrado lo puso en libertad provisional sin fianza.

Días después, Serafina compareció ante la Guardia Civil y confirmó que el tabaco era suyo y que había encargado al marido de su nieta que fuera a recogerlo a Lérida para venderlo en la calle, como había hecho siempre. Las fechas coincidían con las fiestas del Pilar y por eso había pedido más cantidad de cartones.

"Todo el que es de Zaragoza sabe que Serafina vende cigarrillos en la calle desde hace casi 60 años. Es una institución en la capital aragonesa. Tiene clientes fijos y vienen de los barrios de propio a comprarle e incluso gente de fuera", recordaban ayer las camareras de Casa Lac, el histórico local de la calle de los Mártires.

Ellas lo saben bien ya que muchos domingos entra gente al bar para preguntarles por ella y les tienen que decir que es el único día que guarda fiesta y que no monta el quiosco. "Antes aún se ponía por las mañanas, pero ahora ya no", explican.

Emilio Gareta, detrás de la barra del bar Limpia, en la calle de Cuatro de Agosto, suelta cuatro tacos al conocer la noticia. Lo más suave que dice es que es "una vergüenza" y que cuando se enteren la familia de los "limpias" (limpiabotas) que tienen allí su lugar de reunión y de trabajo, se van a indignar. "Anda que no hay chorizos por ahí para que les metan mano y tienen que venir a por Serafina, que es una institución y nunca se ha metido con nadie", masculla Emilio enfadado.

"No es una red organizada"

Antonio Castillo, el dueño del sex shop, también un establecimiento de los de toda la vida de la calle de Cuatro de Agosto, tampoco da crédito. "No se trata de que la conozcas o no personalmente, la cuestión es que no se le puede tratar como si fuera una red organizada. Me parece que es excesivo", manifiesta.

"Toda la vida ha vendido tabaco aquí y no solo ella. Antes había más cigarreras. Serafina tiene clientela fija, como el limpia. El tabaco será ilegal, pero ella siempre lo ha vendido sin esconderse. Dos años de prisión para ella y para el resto es una barbaridad. Si comparas con los que están en los Ayuntamientos y se las llevan a manos llenas y no les pasa nada, es un absurdo", interviene un cliente de la tienda.

Juan Lería, del bar Texas, en la esquina de Cuatro de Agosto con Libertad, no lo duda: "¡Que la dejen terminar en paz!". Juan lleva 58 años en el negocio de la hostelería y todos esos años ha visto a Serafina vender tabaco. "Sé que alguna vez, a lo largo de este tiempo, se lo han quitado, pero la cárcel es un exceso", señala.

"Todos decimos lo mismo, que lleva toda la vida y que la dejen tranquila. Es una mujer que no ha hecho daño a nadie, al revés. Ha criado a sus hijos y a otros que no eran suyos", tercia su mujer.

Y así es. Como recordaba Alfredo Sanz, su madre ha sido la que durante toda la vida les ha mantenido a él, a sus tres hermanos de sangre y a los que Serafina consideraba desvalidos y se los llevaba a su casa. "A tres los tuvo desde los 10 años hasta los 18 y a otros cuatro menos tiempo, pero los crió como tales", contaba.

La admiración y cariño que tiene la gente por Herminia Martínez quedó ayer patente tanto en los comentarios de la calle como en la página web de este periódico. Tratada de "icono" de la ciudad e "institución", los lectores solicitaron que, si es condenada cuando sea juzgada, se proponga su indulto.

"Es una mujer que ha visto crecer a unas cuantas generaciones de nuestra ciudad y seguramente ninguna de ellas dirá una palabra mala sobre Serafina", apuntaba uno de ellos.

Ayer, cumpliendo con su costumbre , la cigarrera del Tubo no montó el quiosco. Hoy, si no ocurre nada, volverá a la calle y se sentará con su cigarro en la boca a vender sus cajetillas. Como ha hecho siempre.

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